Suelo comentar que escribir es una necesidad. Algo que fluye desde el interior y quiere salir a la luz. Una idea, vagos pensamientos...y el resto es creación. Dejarse llevar. Un acto puramente reflejo, casi inconsciente. Valiente, atrevido. Que pretende alejarse de toda previsión o planificación. Asociación de conceptos. Relacionar hechos de tu vida con lo que vas observando día a día. Todo aquello que vas grabando en tu memoria casi sin darte de cuenta. Como intentando retener lo que tus ojos ven a cada latido que marca el corazón. Vivir al fin y al cabo.
Eso es lo que he intentado hacer este mes de octubre. Y, paradójicamente, es cuando he escrito menos. Ahí viene Mourinho: ¿por qué?
No lo sé, camaradas.
Pero uno llega a casa después de varias horas en la oficina y no tiene ganas sino de una buena ducha con el chorro bien caliente, cenar y echarse a dormir en el sofá. Se está tan a gusto... Dejas de lado el hábito de encender el portátil, consultar los mails, mirar ofertas de trabajo (porque tarde o temprano, el sueño de Pepsico se terminará) y meterme en el chat del Facebook, entre otras cosas. Alex siempre me recuerda que nunca me conecto. Cuando él tenga whats, será distinto.
Y, a colación de lo precedente, qué tiempos aquellos del Messenger. Una herramienta de socialización brutal en los albores del siglo XXI. No fueron pocas las veces que intentamos ligar a través de la ventanita, con nuestra foto en el costado izquierdo. Una imagen que estaba buscada a conciencia para causar el mayor impacto posible y despertar el interés de la otra persona. Así como los nicks. Los estados del face de hoy en día. Algunos buscaban canciones; otros plasmaban sus nombres o motes decorados bien rococó bien góticos, con un dominio absoluto del arte en sus diferentes interpretaciones; otros, en cambio, mostraban cuán enamorados estaban y lo mucho que querían a sus novias, amigas o hermanas aún no compartir la misma sangre. Imagino que en algunas facultades deben estar analizando en profundidad a modo de tesis los comportamientos y actitudes que se daban a través del messenger. Lo dicho: qué tiempos aquellos...
Fotolog también falleció. Muerte lenta, vaticinada. Sigue perdurando de forma muy reducida como esas comunidades naturalistas que viven en plena armonía con el medio ambiente. Como dios nos trajo al mundo. Literal. Porque el flog, en esencia, era una excusa para subir fotos con cierto estilo macarra, choni y de aroma garrulo. Para escribir con k, empleando la economía lingüística y buscar los 20 comentarios para justificar una nueva actualización. Porque sí, era un motivo apetecible para desafíar a los administradores a que te cerraran tu cuenta colgando contenido sugerente y pseudo-erótico. Puramente hormonal. Material exclusivamente masturbador. Como esa fotos horrorosas realizadas con prematuras y precoces cámaras de móvil delante del espejo del lavabo. Con ese flash emulando la luz del Barroco más tardío. Leibovitz se frotaría las manos, creánme.
A Tuenti no sucumbí. Aunque parece ser que es muy efectivo para tener citas rápidas y sexo seguro. Eso cuentan. Ojo. No debe ser tan malo entonces.
Volviendo a Facebook, sigue reinventándose. Pero yo ya me he perdido un poco con las últimas modificaciones. Cuando era medio NI-NI (es un decir), dedicaba más tiempo a los entresijos de la red social más famosa del mundo pero ahora apenas puedo cotillear. Porque la obra maestra de Zuckerberg es un medio para el chafardeo gratuito y el qué hacen terceras personas con sus vidas. Yo mismo, como soy hijo único y tengo complejo de llamar la atención necesito ser esuchado, leído (que no comprendido) así que me encanta ir poniendo según qué estados de vez en cuando, seleccionar muy bien el contenido visual que merece ser mostrado a mis contactos, etc. Casi todo ello lo realizo con el móvil. La tecnología avanza imparable. Una auténtica Stampida made in Port Aventura.
Y si donde paso más tiempo realmente a lo largo de la semana es en las oficina de la planta 8 de Pepsico Iberia en Barcelona, de forma virtual lo hago en Twitter. Es otro universo. Una realidad paralela que se ha inventado para todo tipo de gentes con el fin de acabar encontrándote con un TL que satisface tus gustos, aficiones e intereses. Es como una novia que siempre te va a ser fiel por mucho que se empecinen en eso de 'nunca digas nunca'. Twitter es poder. Información al segundo. Vivir, literalmente, conectado al mundo. Todo ocurre y se desarrolla a partir de secuencias de 140 caracteres. El río que fluye sin oposición, montaña abajo.
Pero... No solo de las redes sociales vive el hombre. Este mes he intentado vivir. Y todo ha sido gracias a alguien que ha cambiado mis pasos estas últimas semanas. Y ya van unas cuantas, afortunadamente. Nunca es como hubieras imaginado y siempre tienes hambre de más, pero la felicidad está ahí. En esos pequeños detalles. En los paseos eternos que se hacen tan cortos como el verano, en la sonrisa al verse, en una mirada descarada de seducción incontestable, en los momentos de intimidad bajo un firmamento estrellado, en el oleaje marino y el graznido de la gaviotas, en esas nubes que dibujan historias que combinan la realidad y la ficción. En la soledad y oscuridad de un parque cuyos árboles parecen cobrar vida y hablar. Ocultando en todos sus rincones los secretos de centenares de amantes y de individuos que allí acuden a lo largo del día. En las escenas de despedidas, que igual que sucede en las películas, terminan con un happy ending. Imaginando que es un otoño en Nueva York.
Intentaré seguir alimentando al blog más a menudo para que no se ponga demasiado celoso. Un puntito, el justo, no es malo tampoco. También tengo pendiente una novela que dejé a medias antes de terminar Cuando la vida se viste de rojo. En cualquier caso, volveré. Y no sé de qué escribiré la próxima vez ni si ya estará Rajoy de presidente. Ni si aún habrá gente que siga pensando que el anuncio de ETA acerca del fin de su actividad armada es una mala noticia. O si ya habremos superado los 5 millones de desempleados. Esto es un país que se llama España y todo es posible.
He renovado 6 meses más en Pepsico. Estoy contento. Quiero seguir adquiriendo experiencia, disfrutarla, aprender de los errores y tener esta oportunidad es muy gratificante. Es más que improbable que cuando crezca el mes de mayo pueda continuar allí así que por entonces habrá llegado el momento de seguir labrándose un destino. Antes, de hecho. Es la vida que fluye. Que viene y va. Que en ocasiones te quita y en otras tantas te da. Y a mí, ahora mismo, me está dando mucho.
Como tras un paseo junto a ti, vuelvo a escribir.

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