
Cuentan hoy por los rincones mediáticos que el limbo es una hipótesis. Eso es lo que al menos han decidido en el Vaticano. Me parece muy curioso y criticable el hecho de que se reúna la Iglesia para tratar ciertos temas de una gran ambiguidad o abstracción como el limbo: lugar donde iban los niños fallecidos sin bautizar. En mi país hace relativamente no muchos amaneceres los representantes de la Iglesia se congregaron para tratar la unidad de España. Y yo atónito, porque si ya es tarea ardua y absurda la de tratar ese tema en sí, enfocar la cuestión desde un punto de vista religioso o teológico es más irracional si se me permite.
La noche de ayer va a suponer un punto de inflexión en mi ser porque así lo percibo, así lo manifiesto. Medianoche, justo. Alguna cenicienta asoma una cálida mirada en el horizonte; yo persigo vestirla desnudándola. Y ella sonríe pero me cita para un próximo reto. Había quizás actuado de manera temeraria, pienso. Ni arcos ni flechas ni Cupido, solo su embrujo y mi locura, que cada día que se marchita supera a mi razón. Antes de despedirme con una coincidencia de sus cristales esmeralda y mis oscuros, le confieso que se ha apoderado de mi, me ha desarmado el alma.
El arbusto sigue dando de que hablar. O de él, o de su administración, que es a lo que me enfrento. En su llamada lista del Mal o Terrorista aparece gente de lo más dispar y que tienen en común el hecho de pertenecer al Mal, según el arbusto, claro. Evo Morales, por ejemplo, o Fidel Castro y su amigo Chaves tienen puestos de honor. Qué manía los norteamericanos, que desde el reaganismo sobre todo llevan con una concepción maniquea donde ellos son los buenos y los que no están con ellos, los malos. Pues yo estaría a la orilla contraria al arbusto, y si me quieren vender como parte del Mal bienvenido sea, porque ni sus concepciones políticas ni mucho menos las morales son ejes de humanismo y progresismo del siglo XXI. Si estar en contra de su oficialidad y de lo que la globalización, la mass-media nos quiere ofrecer como la doctrina de la salvación, yo opto por otra vía, sin duda. Y no es que renuncie a sobrevivir sino a vivir con más intensidad si cabe.

Por suerte, las palabras nunca caerán en el olvido. Si llega un día en que lo innombrable sucede, sería el triundo de la ideología e idiosincracia del arbusto (o ausencia de ideología). Es lo que les interesa a los grandes magnates del poder, que hubiera analfabetismo e incultura por doquier y que ellos manejasen a su antojo, como de hecho ciertos indicios pueden indicar que así es. Yo me niego a ser una marioneta en tanto que ser humano no soy esclavo de nadie ni de nada porque lo que nos guía o debería guiar es la libertad del alma y la razón. La guerra por la libertad todavía no ha terminado, esa es la única guerra justificable y que no se gana con las armas sino con el intelecto y el corazón, con plena dualidad armoniosa. Cuando todo llevaría a indicar que habitamos en un iniciado milenio con más libertades que nunca y menos dependencia, todo lo contrario. Lo peor es que no nos damos ni cuenta, ya que la evolución ha sido tal que el nihilismo se ha acomodado como un huésped de honor en nuestros hogares, y detrás de ello, una mano invisible, que nos empuja hacia el estrés y a denegar cualquier reflexión por falta de tiempo. Menos mal que existen rincones y momentos como este en que uno advierte que el día que ya no se sepa escribir ni leer, ni saber escuchar, todo habrá terminado.
No os dejéis engañar. Es cierto que no soy profeta de la verdad pero trato de usar el sentido común y mis capacidades (limitadas) analíticas y por descubrir. Yo tan solo vivo en una República utópica llamada Chopista, esa es la tierra que como la de ciertos lugares emana vida y amor por ella y por los seres humanos, los hombres y mujeres que son artífices de ella. Y es que donde ella está, donde hay vida, hay esperanza.
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