
Sóc espanyol. Soy catalán. Cumpliendo con lo que ha ordenado el líder de la oposición cavernaria en nuestro país, unas palabras de mis sentimientos como patriota, no sé si bueno o malo, cada uno es libre de jugzar como quiera.
Nací en un país llamado España y por tanto soy español. Como tuve la suerte de nacer en un estado de las autonomías plural y diverso, vine al mundo en las tierras de Cataluña, y he vivido toda la vida en su capital, esa Barcelona que bien podría ser la capital de cualquier estado del mundo, una ciudad cosmopolita como hay pocas en la Tierra. Crecí durante algunos años más que otros, y al mirarme al espejo veo que sigo madurando y modelándome; no he podido ver República en mi país sino Monarquía, pero el mayor logro de todos es el de disfrutar de una Constitución y de una santa Democracia. Tiene sus defectos como toda organización, marco y estructura jurídico-política existente, pero es la base fundamental para el progreso y la convivencia.
Me crié entre riquezas humanas, morales y afectivas, nada materiales, y siempre he querido sentirme orgulloso de pertenecer a la tierra en la que pude ver la luz. Si hubiera nacido en el Congo o en Nueva Zelanda, lo mismo.
No soy el español que se siente orgulloso de tener una oposición beligerante y poco demócrata ni soy aquél que ve en el electoralismo del gobierno de Zapatero el arma para convencer. No me gusta que la política española sea de una bajez inusual y tremenda, que caiga en la demagogia y en la falta de respeto continua por las instituciones y la Ley. No me gusta la carrera viciada por el poder. No soy aquél español nacido en Cataluña que se enorgullece de lo bien que va RENFE, de lo marginadas que están algunas de las líneas de metro y de lo sucias que están las calles, que en el barrio donde uno vive parecen estercoleros de perros muchas zonas. También podrían poner alumbramiento público en alguna que otra calle.
No disfruto sintiéndome español cuando veo unos medios de información que manipulan, tergiversan la historia y el camino ético, y son propaganda de unos fines bien concretos dirigidos desde altas instituciones políticas, económicas y sociales. Quiero seguir viviendo en un estado laico, donde el laicismo no se convierta en una especie de religión más pero donde tampoco se de preferencia a ninguna religión como la católica, o la que sea. No me parece bien el papel que quiere seguir teniendo la Iglesia en nuestro país. La fe es una manifestación privada que bien se puede cohesionar socialmente a través de asociaciones y grupos de acción, pero jamás debería institucionalizarse.
No me siento orgulloso de ser español porque no somos capaces de reconocer nuestro pasado. No somos capaces de condenar definitivamente el Franquismo, de superar una etapa agria de nuestra historia, de afirmar rotundamente que fue una Dictadura personal de tintes fascistas y totalitarios, xenófoba y racista, y de carácter divino, en la que la Iglesia tuvo gran protagonismo. No somos capaces de reconocer que la II República, más allá de sus errores y también atrocidades, supuso el primer gran intento de democratizar progresivamente a España. Y contando que solo ha habido dos ocasiones en la que esto se ha producido, era un logro avanzado a su tiempo (el otro momento es la llamada Transición).
No me siento orgulloso de ser catalán cuando veo el rastrerismo de algunos nacionalistas que en su día se aliaron con el Caudillo, esa burguesía pudiente que siente complejo de lo que es cuando ya apenas existe como tal, que permanece anclada en la fiebre por el dinero y con la boca llena de catalanismo, cuando si bien le interesa pacta con unos y con otros. No comparto el fervor nacionalista ni de mis compatriotas catalanes ni de mis compatriotas españoles.
Cataluña debe de seguir adelante y no caer en los oasis que siempre ha propuesto Convergència ni en el victimismo intrínseco del que unos cuantos se quieren apoderar. Me agrada esa Cataluña abierta a todas las fronteras ideológicas, ese espacio multicultural y plural de ideas, de partidos de todas las raíces, de gente de todos los lugares de España y de fuera de nuestras fronteras. Ese espacio abierto al progreso, a la cultura, a la fascinación y al aprendizaje continuo.
España, España de mis amores, si algún dia crecieras nadie te pararía; pero en la caverna muchos te quieren; otros desearían quemarte y dejarte caer. Hay quien te odia también. Todo respira en la viña del Señor.
Existe gente como un servidor que quiere sentirse orgullosa de ser español. Pero no hay motivos para ser muy optimistas. Más de lo mismo para Cataluña, pero aquí existe un fet diferencial que solo pueden comprender los que catalanes fuimos, somos y seremos siempre. Español y catalán, catalán y español, tanto monta, monta tanto. Llegará un día que saque ambas banderas al balcón y pronuncie algunos vivas en voz alta. Mientrastanto, seguiré día tras días izando esas preciosas banderas de las ideas, del progreso, de la democracia, de la paz, de la amistad y del amor. Porque aún no estoy preparado para dejar mi vida por la Patria o las Patrias.
Pero siempre estaré dispuesto a morir, a sacrificarme por amor.
Viva España y Visca Catalunya,
un español català.
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