
No tenía previsto coger la pluma hoy y disparar. Cambio de planes. Un viernes en la soledad del barrio, agudizando algo el bochorno, sin tanta presencia de mosquitos como en verano. ¡Menudos los tigres esos! Observando el panorama habría mucho de que hablar, y cuando así uno lo pretende, acaba sin decir realmente nada. Estas últimas semanas han ardido algunas cosas...
Empezando por Birmania, que está sumida en un régimen militar que no se debe tolerar puesto que se opone a los derechos y libertades fundamentales de los ciudadanos, y está acabando sistemáticamente con la vida de inocentes que simplemente reclaman democracia. Las imágenes de los monjes budistas manifestándose pacíficamente han calado hondo en nuestras perfumadas televisiones de Occidente. Habría que preguntar en los colegios si saben situar Birmania y cuál es su capital. Como haya demasiados intereses, no importará que un país de estos tan pobre esté en algo similar a una dictadura o en una de hecho. Solo hay una palabra para todos los pueblos y estados que viven desgraciadamente situaciones análogas: Democracia.
En nuestro país lo que es una moda últimamente, sobretodo en Cataluña, es la quema de fotos de nuestra Monarquía o atributos de ella. Lo que empezó como una reivindicación ha seguido de forma más o menos regular por la sobredimensión que tomó en los medios, y por las posibles penas impuestas a los infractores. Recordemos que la Constitución, pese a que dice que somos todos iguales, en realidad el Rey está por encima de ella, y goza de un carácter excepcional, digno de ser protegido y respetado más que nada. Creo que se ha de respetar siempre la libertad de expresión a no ser que a través de ella se promueva la intolerancia y en definitiva, la absencia de libertad en sí; pero no comparto las acciones que puedan representar o llevar a alguna manifestación de violencia o similar. Sé que quemar unas fotos parece algo inofensivo, pero no tanto. Son símbolos sí, de oposición, pero actitudes así no hacen sino retroalimentar unos extremos a otros. Existen formas más pacíficas de reclamar lo que uno desea, de forma democrática. Pero de eso a ir a la cárcel por quemarlas, me parece excesivo. Y más cuando en este país existen diariamente delitos más graves, desde corrupción a asesinatos, y muchos están libres y bien vivos y coleando.
Soy de los que reclamarían pacífica y democráticamente un cambio de régimen, una transición hacia una III República, pero siempre con el Estado de Derecho como arma fundamental. El problema es que en este país hay algunos temas que parecen intocables, y cuando uno o unos abren la mecha, nunca mejor dicho, y aunque no sea de la mejor forma, y sean en el caso de Cataluña más independentistas que republicanos (a mi humilde entender), pues empieza a arder el bosque. Demasiado revuelo para tan poco trasfondo. El PP ya aprovecha la mínima para hacer apología de la bandera y los símbolos del Estado, o lo que ellos llaman la nación española. Baten el récord semana tras semana de repetir la palabra E-S-P-A-Ñ-A por cada míting electoralista.
Siempre nos quedará la huella de esas cosas que arden y cuya esencia no es tan devastadora ni maliciosa. Ardo en deseos, en ganas, de poder contar bellos acontecimientos, de contemplar flores silvestres, de que cada amanecer me despierte el mismo ángel con cara de doncella, de que al otro lado de mis pensamientos estés tú y sepas apreciar el cariño que te tienen, que te tengo.
2 comentarios:
Qué bonito final.
... se me olvidó firmar.
Patri.
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