
Nunca es tarde para mirar atrás y observar como pasa el tren de tus orígenes a toda velocidad. Desde bien pequeños crecemos en un entorno al que podemos llamar para el resto de nuestras vidas hogar. No todos ni todas tienen esa suerte, existen niños y niñas que durante la infancia han sido unos desgraciados, no han sido nada afortunados.
Cuando vamos creciendo dejamos de unir cada vez más lo que es la casa, el hogar, y lo que son y representan tus padres. Antes todo formaba una unidad, ahora paulatinamente uno busca desesperadamente su espacio y la supervivencia. Siempre conservaremos con cariño y aprecio nuestras primeras cuatro paredes, ese suelo por el que gateábamos de chicos, ese sofá que se convirtió en la segunda cama; pero inevitablemente, más pronto a unos que a otros, nos llega el momento de salir del nido.
Uno se debe adaptar a las circunstancias una vez toma unas decisiones que cambian su rumbo, que modifican su destino, aquello que parecía escrito desde los comienzos. No debe ser fácil tratar de identificar un nuevo espacio como tu nuevo hogar, como aquello que siempre habías deseado. Ni es el palacio medieval que uno sueña en época estival ni es el cuchitril al que nadie esperaría ir. Simplemente es diferente, raro. Quizás nunca encontremos el calor del pasado, ese ardiente sentimiento de amor familiar que se respiraba entre las habitaciones de la casa, hasta el tercer, cuarto o quien sabe hasta qué hogar buscado.
Entonces llegará un día en que estarás lo suficientemente preparado como para asentarte y desarrollar tu vida en unas condiciones similares a las que tus padres de jóvenes decidieron. Podrá ser solo, acompañado, con pareja, estable, no seria...pero habrás mirado al cielo y allí mismo te habrían respondido con una afirmación. Es lo que buscabas. Lo has encontrado.
Porque hoy me apetecía llenar vacío con algo que no me atiende directamente ni me afecta porque soy un afortunado que lo tengo todo a mano en la capital; escribo porque me satisface el saber que por fin esa persona que tanto te importa parece que finalmente ha logrado lo que buscaba. Será un hogar temporal, pero uno más al fin y al cabo. Allí encontrará su espacio, sus rincones para ser feliz, reír y hasta llorar si hace falta. Pero podrá cada mañana al amanecer dibujar una sonrisa que haga sombra al mismo Sol. Y cada noche al acostarse podrá ver a la Luna con sus amantes las estrellas, que decorarán de un intenso fulgor el paraíso celestial.
Unos orígenes, un destino, unos hogares, un fin: la amistad eterna.
1 comentario:
Que bonito! gracias... espero que el nuevo hogar me aporte la calma que tanto ansio.. me de tranquilidad y paz y sobre todo buen humor y calidez humana.
brindo por hoy por haber finalizado una busqueda eterna!
gracias por estar ahi sin ti nada seria igual.
Publicar un comentario