11.7.08

Densidad estival de noche


Verano, puro y bello. Sobretodo para las holgazanes que no trabajamos nada. Está sonando Hevia en los auriculares más que en mis oídos aunque será algo variado obra y gracia del youtube, un instrumento ciertamente interesante y aprovechable. A modo de anécdota de aquí a unas pocas semanas se cumplirán dos años de esta república. Esa dimensión, esa sombra gigantesca del espectro temporal es la que sensiblemente fascina a muchos de nosotros; su fugacidad, su velocidad y la precisión con la que pone todas las cosas en su lugar. Palabras que quedaron atrás, que marchitaron cuán agua de mayo. Arrinconadas en viejos baúles apenas limpiados una vez al mes, olvidadas durante la mayor parte del tiempo. Pasan a formar parte del recuerdo, de la historia. Pongo Vivaldi, su verano...

Queda menos para la gran cita del Olimpismo. Existe una gran expectación deportiva tal y como se merece lógicamente un acontecimiento como este que se encuentra en ciernes; al mismo tiempo planea la sombra de la sospecha. Más que de la sospecha diría sin ataduras de la evidencia. La República Popular de la China es el paradigma actual del capitalismo suprafinanciero en el que conviven una dictadura política al nivel de las archiconocidas históricamente junto a una libertad de mercado brutal que es el paraíso de multinacionales e inversores. Seguramente parte del espíritu olímpico aún no se ha perdido en estos tiempos; cierto es que bastantes de los países del mundo no son plenamente democráticos y que si fuéramos muy puristas apenas nos quedábamos con unos pocos estados donde poder celebrar eventos de la magnitud de unos JJ.OO (léase vieja Europa o América del Norte). Sin embargo, al mismo tiempo es una oportunidad en este caso para los chinos de demostrar al mundo sus activos. Sea como fuere el caso es que se hace la vista gorda y de qué manera cuando lo que priman son los intereses económicos y al fin y al cabo, todo tipo de intereses.

Es algo honesto y hasta en algunos puede llegar a ser sincero el hecho de querer cambiar las cosas a mejor, una vez observamos que existen desequlibrios grandes a nuestro alrededor. Impotencia, imposibilidad muchas veces de poder entrar en razón, de comprender. Pero en la mayoría de estos casos lo racional, lo óptimo significaría renunciar a perder el tiempo y a emplear tus esfuerzos en intentar cambiar cuestiones estructurales; cuestiones de base que se deberían atacar de raíz con las ganas y sudor de muchos, y hasta lágrimas. Nos preocupamos, observamos situaciones que nos parecen desagradables y enjuiciamos acerca de si nos parece correcto o no a partir de nuestra visión de la justicia. Pero cada uno tendrá la suya...

Seguramente a muchos les importará un pepino, hablando claro, que las Olimpiadas se celebren en Beijing, Lisboa o la Conchina; les dará igual si mueren de hambre millones y millones de personas; serán indiferentes a las injusticias de la mujer en el mundo musulmán; serán escépticos ante los problemas de familias enteras para llegar a fin de mes; les dará lo mismo que el antiinflacionista señor Trichet suba los tipos de interés un cuarto de punto; les parecerá bien que Laporta siga al frente del Barça; no les preocupará la política de Berlusconi de tratar a todos los inmigrantes de ciertos países como delincuentes (los inmigrantes ricos no tienen problemas en ningún lado)...

Quizás será por indiferencia, ya que viven muy bien o por ideología, si es que se me permite aún conservar este gran vocablo. Personalmente creo que está presente y que no tiene fecha de caducidad, en este caso no tienen, las ideologías. Son la fuerza que puede hacer que todo cambie para que no cambie nada o que todo cambie a mejor. Será por compromiso en pro de una sociedad más justa y equilibrada, por una defensa de las libertades integrales y radicalmente humanas, por una economía más racional que no se base en la especulación, el valor financiero y el marketing deshumanizador y alienador de almas, por la laicidad no transformada en una religión más, por los derechos e igualdad de oportunidades de la mujer sin ambajes ni doble juegos en todos lados...

Será por cosas así que me gusta escribir lo que siento, sin polemizar, tratando de infundir tolerancia y respeto por la libertad ante todo. Y si alguno que difiera de mis ideas, escasas cabe decir, se sintiera ofendido, lo cierto es que no sería demócrata.

Hay de todo en la viña del señor, y de todo debemos cultivar para que llegue buena la cosecha. Quizás algunos piensen como yo en plantar con semillas de democracia los campos que van pisando; otros seguramente no. Pero si de la combinación de ambas aún puede surgir un panorama mejor sin derrochar una gota de sangre pero sí miles y miles de ideas, sudor e ingentes esfuerzos, la humanidad podría estar segura y hasta satisfecha de estar haciendo las cosas bien.

Acabo de sentir como si levitara, flotara sobre las ideas que nadaban a mi alrededor; ha sido una experiencia anómala y curiosa; no hay drogas de por medio. Eso es...

Lo que perdura, lo esencial que fluye a su antojo son las ideas. De nosotros depende las que queramos escoger y aquellas por las que dejarnos guiar con nuestro corazón y alma rigiendo los destinos.

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