12.9.08

Efemérides


Escribir a horas intempestivas. A media tarde. Sucede cuando uno está de vacaciones, demasiado satisfecho por aprobar en septiembre dos asignaturas pendientes y durmiendo casi doce horas de media al día. Curiosamente tras la noche de fiesta del pasado miércoles no dormí ni la mitad de lo reflejado.

Ayer fue una fecha señalada por varios motivos: trágico aniversario de los atentados en New York (11-09-2001), diada de Catalunya (11-09-1714) y golpe de Estado de Pinochet en Chile (11-09-1973). Cada uno de estos acontecimientos debería dar origen por su llana magnitud a multitud de obras y comentarios, reflexiones varias. Voy a echarles el injusto vistazo, ya que merecerían más, en esta entrada.

Las masas que el 11 de septiembre de 2001 vieron en sus hogares las estremecedoras imágenes de los aviones estrellándose contra las Torres Gemelas amanecieron ante un nuevo mundo. O eso se trató de vender desde Estados Unidos y la mass-media: la era de la lucha contra el terror (terrorismo). Una infructuosa lucha, ahora que han pasado algunos años, contra Bin Laden y su red terrorista Al-Qaeda. Unos terroristas y combatientes, que como el propio Bin Laden formó la CIA para contrarrestar a los soviéticos en la invasión de Afganistán de finales de 1979. Precisamente la primera acción global para poner fin al terrorismo global islámico fue invadir el territorio afgano para acabar con el régimen talibán que presidía el país. En la actualidad Afganistán es un hervidero de destrucción, terror y sin sentido, donde no se anuncia paz ni estabilidad por ningún lado.

Tras la campaña afgana le tocaría el turno a Irak bajo el pretexto de las conocidas armas de destrucción masiva que presuntamente poseía Saddam Hussein y su vinculación con Al-Qaeda y las patrañas terroristas radicales islámicas. La razón principal era asegurarse el control de un espacio geopolítico esencial por su riqueza petrolífera y su posición estratégica en Oriente Próximo.

Pero no podemos olvidarnos de las casi 3.000 víctimas que fallecieron debido a los atentados. Miles de familias destrozadas. Unas víctimas y familias que merecen un homenaje. Y lo que es mejor, merecen un futuro y un porvenir que garantice que no se repitan eventos trágicos de ese alcance tan brutal y devastador. Para ello no merecen ni la sociedad norteamericana ni la sociedad global mundial Patriot Act alguna que obstruya las libertades y los derechos fundamentales y ni mucho menos un mundo menos seguro. Es por tanto fundamental recuperar el sentido común y el diálogo, los convenios bilaterales y multilaterales para frenar el imperialismo unilateral y altivo de los Estados Unidos. Otro mundo es posible.

Catalunya es la tierra de España que me vio nacer. Lo bonito de una diada es lo que se conmemora, su simbolismo, su origen, su historia. Lo morboso es la coyuntura de cada año coincidente con el aniversario. Esta vez en medio de negociaciones en pro de un nuevo modelo de financiación que rezaba el Estatut. Honestamente se esconde tras ello una cuestión estructural y endémica del estado español: su articulación y desarrollo. En el fondo todo radicaría en una nada despreciable reforma de la Constitución, que pueda garantizar mejoras en los gobiernos autónomos, no con tapices secesionistas sino encaminados hacia un federalismo. En cualquier caso, cada comunidad autónoma debería ejercer libremente sus plenos poderes y facultades de acuerdo con la Constitución, su Estatuto particular en consonancia con la susodicha, y como lo decidan sus Parlamentos respectivos. En España cabemos todos y somos necesarios todos. Una nación dotada de tanta riqueza cultural e histórica no puede caer en el error de los nacionalismos, tanto periféricos como centralizadores. El Estatut en tanto que se aprobó en la Cortes Generales debe ser aplicado como convenga. Y como que la cuestión de la financiación es lo más importante, debería hacerse todo lo posible para crear un marco en el que no falte la solidaridad catalana con el resto de sus vecinos españoles, pero donde tampoco se trate desde luego a Catalunya como el hermano mayor que alimenta al resto de hermanos y acaba recibiendo retribuciones que no se merece.

A todo esto, el 11 de septiembre de 1714 la ciudad de Barcelona se rindió, con Rafael Casanova, conseller en cap, como miembro ilustre de la resistencia política, y con el general Antonio de Villarroel como emblema de la resistencia militar tras un largo y eterno asedio de las tropas borbónicas en plena Guerra de Sucesión española. El Principado de Cataluña recordemos que decidió apoyar al bando austracista, por lo que recibió la ofensiva de los Borbones, quienes acabarían victoriosos una vez terminado el conflicto. Con los Borbones rigiendo los destinos de la Monarquía española se instauró un centralismo atroz que supuso para Cataluña a través del Decreto de Nueva Planta el fin de sus fueros y sus insituciones propias, además de prohibir el uso del catalán, lo que mermó durante mucho tiempo la cultura catalana. En esa historia, en ese capítulo de nuestra historia, radica el simbolismo de la Diada. Una conmemoración más en la que echamos vista al pasado y tratamos de mirar al futuro con ilusión y el optimismo de que un modelo integrador en España respetuoso con las tradiciones, culturas, lenguas e instituciones autóctonas es más que posible. O eso desearía yo, puntualizo.

Salvador Allende presidía la República de Chile allá por 1973. Eran años convulsos en los que Latinoamérica tristemente no podía huir de la sombra de la Guerra Fría, y donde la cita de James Monroe de "América para los americanos", era una realidad. A los Estados Unidos no les interesaba para nada que por los países latinos se fueran instaurando gobiernos socialistas. Sobretodo tras la victoria de la Revolución en Cuba, aliado primordial del fantasma soviético. Siempre habían andado los norteamericanos con la idea de dirigir y controlar todo el continente aunque fuera de forma tácita, sutilmente, tomando riendas de sus economías.

El 11 de septiembre de 1973 el Palacio de la Moneda, sede del Presidente de la República de Chile, fue asaltado y bombardeado. El general Augusto Pinochet había iniciado un Golpe de Estado que derrocaría al legítimo presidente chileno Salvador Allende, en el que ha sido uno de los episodios contemporáneos más funestos y horribles como atentado contra la democracia. Pinochet inauguraría un régimen dictatorial basado en el puro terror, donde fueron masacradas miles y miles de personas, y donde persisten aún muchos desaparecidos. Allende, según las fuentes, y más allá de mitos, se suicidó tras deponer las armas frente a los golpistas, pese a que muchos han defendido que fue asesinado. De todas formas la figura de Salvador Allende goza de simbolismo y de vigor, ya que se convirtió en el primer presidente marxista de la historia en llegar al poder democráticamente.

"(...) Ante estos hechos, sólo me cabe decirle a los trabajadores: ¡Yo no voy a renunciar! Colocado en un tránsito histórico, pagaré con mi vida la lealtad del pueblo. Y les digo que tengo la certeza de que la semilla que entregáramos a la conciencia digna de miles y miles de chilenos, no podrá ser segada definitivamente.

Tienen la fuerza, podrán avasallarnos, pero no se detienen los procesos sociales ni con el crimen... ni con la fuerza. La historia es nuestra y la hacen los pueblos(...) "

La última frase es sencillamente apoteósica. Fue su último discurso público antes de morir a través de la radio.

Una fecha y tres sucesos históricos. Miles de historias y relatos se esconden tras ellos y yo tan sólo he querido mostrar un ápice general del que se derivan ciertas fragancias. Encierran esa fecha del 11 de septiembre como la de cualquier otra fecha ingentes aspectos. Familias, personas anónimas que perdieron sus vidas, que dieron su alma por una causa que consideraban justa o que simplemente acudían a su habitual lugar de trabajo, a su oficina. Con todas ellas la Historia debe aliarse para defender su dignidad y su recuerdo. Sus vidas y su lucha, su existencia, nunca será en vano.

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