Terminando un nuevo capítulo de la primera temporada de The Mentalist; sino fuera por Internet no me imagino a mí mismo siguiendo tantas series, a saber, la susodicha, True Blood, How I Met Your Mother y Prison Break. Una distracción agradable e interesante con la que consumir tiempo de ocio en casa.
Lo que desde luego no parece una simple distracción son las manifestaciones y distintas acciones de los colectivos contrarios a Boloña y su proceso de implantación. Es curioso pero, comprensible debido a su cercana fecha de introducción definitiva, que pasados diez años desde su firma salga a escena todo el arsenal de oposición a un proceso que pretende modernizar y equiparar a escala europea la enseñanza superior, la sagrada universidad. Ya escribí hace semanas algunas anotaciones e impresiones desde mi punto de vista acerca de mi experiencia en la Pompeu con el EEES: http://repchopista.blogspot.com/2008/11/de-bolonia.html
En la vida y claramente gracias a la comodidad del que aquí escribe sentado, es fácil posicionarse a favor o en contra. Es gratis. Pero lo esencial va mucho más allá de escorarse en un costado u otro. No me parece ni lo adecuado ni lo correcto que estudiantes se dediquen a ocupar facultades universitarias por las bravas ya que están usurpando sencillamente edificios públicos cuya utilización es digna por parte de todos sin impedimento alguno. Y he aquí que cuando los contrarios a Boloña no solo se atrincheran en las sedes de educación superior sino que además impiden el funcionamiento normal y habitual de las clases, no permitiendo a los estudiantes que quieren ir a clase como siempre, entrar a las aulas, entonces la cuestión se agrava. Se viola un derecho individual fundamental. Un derecho el de ir a clase independientemente de que haya declarada una huelga o no. Puesto que en condiciones de huelga asimismo existe el derecho de no huelga. Por tanto lo más importante es que la libertad se debe preservar a toda costa ya que es el alimento y alma fundamental de toda sociedad democrática. Y no es cierto que Boloña se esté aplicando de modo alguno violento y ajeno a los mecanismos democráticos convencionales puesto que fue aprobado por todo el conjunto de países europeos hace diez años como antes he resaltado. Diez años.
Igualmente de legítimo es el movimiento de oposición a Boloña y respetable siempre y cuando no sobrepase los límites ya apreciados anteriormente. La violencia verbal y no verbal así como cualquier provocación debería quedar exenta de toda reivindicación por muy legal y justa que sea o parezca. La violencia y la agresividad no es digna de entrar por la ventana de cualquier idea democrática y constructiva. A mi entender considero que los contrarios a la reforma representan una minoría la cual no tiene por tanto legitimidad para imponerse a la gran mayoría que se muestra al margen de la trama o que la acepta tácitamente. Y destacado me parece el hecho de que junto a los estudiantes que se manifiestan y rezan a diario contra dicho proceso aparecen una serie de personas que para nada son estudiantes y que imagino que deben ser los líderes políticos de los sindicatos u organizaciones similares que patrocinan ellos. Precisamente ciertas banderas no se apartan de las acciones y manifestaciones, las cuales sobran no por su contenido sino porque se trataría en todo caso de una lucha y reivindicaciones acerca de la educación que no necesitan el abrazo de una ideología concreta, ya sea en forma de independentismo o comunismo. Por ello me parece a unos efectos innecesario y a otros efectos anacrónico el hecho de observar estelades por doquier o archiconocidas banderas con la hoz y el martillo. A mi parecer sobran todos esos símbolos. Con ello, los protagonistas no son solo estudiantes sino un conjunto de jóvenes y no tan jóvenes que se hacen propaganda a sí mismos y de las ideologías anti-sistema que patrocinan sus afiliaciones políticas y sindicales. Porque al fin y al cabo son eso, contrarios al sistema establecido por las vías democráticas y que pretenden imponer su voluntad a la gran mayoría. Y además parecen vanagloriarse de su supuesta ética y valores, ya que se sitúan en una presunta escala intelectual superior a la del resto de estudiantes y mortales. Además es como si pretendieran hacer creer a la opinión pública que son la encarnación del mayo del 68 en París. Cuidado. No hay comparación posible ni nada más a añadir al respecto.
Por esos motivos me preocuparon las palabras de uno de los líderes de la asamblea de estudiantes de la UB en el Raval, quien venía a decir que en ocasiones los derechos colectivos estaban por encima de los individuales, a raíz de las votaciones para ejercer la huelga en las facultades allí establecidas y por la paralización total de las clases, impidiendo su normal funcionamiento y por tanto no permitiendo al resto de estudiantes acudir a clase como siempre. La esencia que subyace en la imposición de los derechos colectivos a los individuales esconde cierta oscura reminiscencia al pasado totalitario en tanto en cuanto fueron movimientos de tal corte los que pretendían imponer la voluntad de un colectivo minoritario al resto de ciudadanos, negando sus consabidos y particulares derechos así como defendiendo que el todo era más importante que el individuo ya que absolutamente todos tenían que luchar por lo mismo. Ni debemos llevar el individualismo a un extremo ni mucho menos el colectivismo. También me quería preguntar acerca de la representatividad de tales asambleas y sindicatos que manejan todo el proceso y acciones contrarias a Boloña. Son sin duda minoritarios y no representan el sentimiento general de la juventud estudiantil.
Dicho esto lo sucedido hace casi dos semanas merece la atención. Estoy de acuerdo en los desalojos ya que me parecen acciones innecesarias y patéticas, y a los cuerpos de seguridad hay que apoyarles ya que su trabajo no es fácil ni nada popular precisamente, pero si que es cierto que en algún caso hubo desproporción en las actuaciones de los Mossos. Pero no hay que sacarlo más de contexto. Los que tienen responsabilidades políticas deben pagar por ello, por su presunta mala gestión, pero no debemos caer en el error de generalizar a la baja nuestros cuerpos de seguridad ya que son garantes de nuestras libertades y derechos y su trabajo merece nuestra admiración. Al César lo que es del César.
Me parece lamentable el hecho de que se mediatice un conflicto solo por la actuación puntual desproporcionada (recibiendo órdenes en todo momento de sus superiores), ya que fue primera noticia todo este auténtico show al menos en medios como TV3. Por el contrario, cuando el jueves pasado todo transcurrió bajo una marea pacifista y ningún acto violento por parte de ambos lados, el conflicto universitario pasó a tercera o cuarta noticia. La conclusión es que el titular se lo gana aquello más espectacular y peliculero al estilo Hollywood más allá de los hechos reales y su contexto. Sino hay incidentes, peleas, escaramuzas, entonces Boloña ya no debe ser noticia. La paz no interesa, solo la guerra. Y los mismos opositores a Boloña saben que a mayor escándalo en sus actuaciones y reivindicaciones mayor será el eco que tengan sus voces y acciones, y la onda de su lucha será primera noticia en televisiones y diarios. Porque ya saben aquello de que una imagen vale más que mil palabras.
Y ya saben de que pie cojea el sistema. Como es la mass-media. Se trata de vender y captar la atención del espectador con fines precisos. No importa el qué ni el por qué.
Espero que reine la cordura de aquí en adelante y que se pueda implantar el EEES sin incidentes. Nuestro futuro está en juego y hasta años después de su implementación no podremos evaluar los resultados y efectos de Boloña. Siempre será una labor ex-post, nunca ex-ante. Boloña mira en la visión correcta del futuro y de la situación actual, y aunque no es la panacea en tanto en cuanto esta no existe a nivel educativo, será una condicion necesaria pero no suficiente para modernizar los espacios de enseñanza superior y lograr una deseada homgeneidad al alza de profesores y estudiantes con el fin de incrementar los rendimientos obtenidos de la inversión en educación superior y así poder crecer en la escala productiva y seguir aportando para un crecimiento económico sostenible y sostenido del que ahora lamentablemente no podemos disfrutar.
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