Es como volver a tener 15 años. 16 quizás. Sensaciones otrora perdidas, que no olvidadas. Aletargadas. Como si hubieran estado mucho tiempo pidiendo salir para ver la luz del sol. De ese verano que se alarga inevitablemente. Pero que acerca a la estación de las hojas caídas. Y este, a su vez, al frío invierno. Como diría aquél, que ya estamos en Navidades.
Porque hay momentos que por sí solos reflejan la esencia de la vida. Instantes que paralizan todos tus sentidos, impidiéndote pensar más allá del placer del momento. Goce, disfrute. El roce y la atracción que fluyen río abajo, pero sin desembocadura. Deseando que no lleve a puerto alguno ni concreto. Porque lo fundamental no es la meta. No es hacia dónde vamos. Sino el sendero que recorremos. La felicidad es el camino.
No importa lo que te diga el reloj. Es la hora que tú quieres que seas. No hay mejor momento que otro. Siempre lo es. Si algo te sobrevuela por la cabeza es la certeza de estar tan a gusto que nada más importa. Apartadas quedan las preocupaciones, obstinaciones, dudas y heridas nunca cerradas. Si es que las hubiera.
Es como volver a tener 15 años. 16 quizás. El espejo ha cambiado o eres tú el que ha crecido. Madurar ya es algo más complicado. Sientes que algo te hace sonreír más a menudo. Que parece hasta fuera de lo común. Empiezas a imaginar más durante el día y a soñar con mayor frecuencia junto a la suave almohada que siempre te había servido de consuelo. Ella guardaba tus secretos y anhelos. Como tu mejor confidente.
Todo parece más bonito. O puede que sencillamente ya fuera así y no te habías dado cuenta. Los detalles ahora no son triviales. Son una razón de peso. No existe el tiempo ni el espacio. Solo dos almas y dos cuerpos unidos por aquello que nos referimos como azar. O destino. ¿Cuál es la diferencia? Nosotros, jugando las cartas que él baraja.
Entre esa baraja, precisamente, apareció una carta especial. Y estoy seguro ahora mismo de querer tenerla cerca. De que hay trenes que solo pasan una vez en la vida. Como aquél metro de agosto.
Volver a tener eso. 15, 16 años. Qué más da. La vida puede ser maravillosa.

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