8.9.11

Entre la incertidumbre


Tras casi tres meses he vuelto allí donde pasé tantas y tantas tardes a la semana. Allí donde acudía quincenalmente tras madrugar un sábado. Un lugar que ha sido durante toda mi vida como mi segunda casa. Bien, sin contar el metro, claro.

Multitud de recuerdos te invaden de repente cuando observas desde tu perspectiva privilegiada las dos porterías de fútbol 11. Inmediatamente piensas en el caucho y en cuánto se enfadaban tus padres por traerlo contigo a casa, como quien vuelve de sacar a pasear al perro. Ves en segundos chispazos continuos, sucesiones de imágenes sobre años anteriores. Todo sencillamente efímero. Como el propio tiempo. Porque no te das cuenta y pasan las semanas. Lo suficiente como para parecer que algo ha cambiado. Nostalgia cuando piensas en los buenos momentos sí. Eso siempre. Ha sido una etapa maravillosa. Pero es como si uno se hubiera mentalizado tanto de que no iba a seguir con las funciones de temporadas anteriores que sientes que no perteneces del todo a ello. Una sensación que no deja de ser ambigua y curiosa. Hasta cierto punto, extraña. Como si no hubiera brocha alguna para ti en esas circunstancias.

La cabeza me pedía no continuar entrenando. A veces en la vida tomas decisiones que pueden ir parcialmente en contra de tus aficiones, gustos o preferencias. Que se disfrazan quizás de algo de racionalidad, por qué no describirlo así. El año pasado estuve tan centrado buscando trabajo que sin darme cuenta terminé por focalizar mucho la atención en el resto de cosas que hacía, fuera poco o mucho. Según se mire. Dediqué tanto tiempo al alevín que dirigía que al final la planificación, la ilusión y las ganas por trabajar semana a semana dieron sus frutos. Aún hoy, cuando alguien de ellos me dice que me echa de menos, no hago sino emocionarme. Significa mucho para mí. Palabras así de niños de 12 años que dan sentido a todo. Al sacrificio. A todo aquello en lo que tú crees. Pasarán los años y recuerdos así permanecerán grabados incandescentemente en tu interior. El resto, éxitos o triunfos incluidos son mera circunstancia. Me hicieron grande mientras yo intentaba que crecieran lo máximo sin que perdieran nunca el hambre por aprender y disfrutar. Nunca hubiera imaginado nada de lo que sucedió cuando empecé. Me siento realmente muy agradecido y satisfecho.

Pero mi momento ha pasado. No sé hasta cuando. Soy consciente que la vida da muchas vueltas y que algunas puertas afortunadamente nunca se acaban de cerrar del todo. Sencillamente no lo sé. Lo más lejos que ahora mismo estoy de la incertidumbre acerca de mi vida gira entorno a dos paisajes. En el primero, tengo contrato hasta mediados de noviembre. Ello implica buscar trabajo dada la conyuntura actual aunque quiero pensar que cuento con posibilidades de ampliar algo el contrato si así es mi voluntad y mi deseo. En el otro paisaje, aprecio verdes llanuras y cascadas interminables. Una bahía que dibuja el paraíso y unos cielos que no son de este mundo. Ahí está a quien de verdad echo de menos y tengo ganas de ver.

En un mundo de idas y venidas, de cambios y giros de tuerca inesperados, apenas sabemos si mañana vamos a amanecer. Por eso, ojalá los sueños se hagan realidad. Que al siguiente despertar lo primero que pueda ver sea tu preciosa sonrisa en la ventana junto a los tempraneros claros mientras la almohada desprende tu suave fragancia. Y que, dentro de tanta inseguridad laboral y económica, pueda uno labrarse un futuro de lo más digno y prometedor.

1 comentario:

Luis S. (@kikolo777) dijo...

La esperanza es lo único que hay que mantener siempre. A veces, la vida da muchas vueltas y en ocasiones te permite volver a disfrutar de ilusiones pasadas. Un saludo, amigo.