31.8.11

El círculo


Cuando era pequeño, mi madre me solía leer un cuento antes de ir a dormir. Uno que me encantaba especialmente era un libro llamado algo así como 365 días con animales. Había como un relato para cada día del año, de forma que estaba pensado para leer según la fecha en que nos encontrábamos. Era muy didáctico. Fábulas si no me falla la memoria. No sé por qué, pero me gustaba tanto quedarme dormido escuchando la dulce voz cordobesa de mi madre...

Quizás ayer recordé todo eso porque mi madre había quedado más que satisfecha con la novela que yo había escrito. Solo le falta convencer a padre para que la lea, sin que se emocione. Aunque eso le costaría ya que no puede separar la imagen de su hijo del contenido. Ella entonces le dice que simplemente piense que es otro quien ha escrito todos esos párrafos.

Es como una especie de círculo. De mi madre leyéndome de chiquitito a terminar algo íntegramente elaborado por mí. Uno de mis hobbies, escribir libremente dando rienda suelta a lo que fluye de dentro hacia el exterior. Porque siempre es así, un acto más bien reflejo, como un impulso que te lleva a teclear una letra tras otra. Aunque no siempre es fácil convencer ni mantener la atención de la persona que está al otro lado. Si nadie me leyera, seguiría sintiéndome lleno cuando escribo, pero tendría menos emoción todo junto. Es el aroma narcisista y ligeramente pedante, hasta egocéntrico, que tenemos cuando hacemos lo que nos gusta. 

Como tampoco es fácil no echar de menos a alguien. Es un acto inconsciente, inevitable. La vida da muchas vueltas, no es algo baladí, y en algún momento de tu sendero se presentan giros totalmente inesperados que te acaban llevando a bellos jardines inundados con flores de todos los colores y olores. Todo huele a primavera y sabe a dulce. Es fácil sentirlo. Difícil mediante palabras. Sensaciones únicas que siempre apetece repetir con mayor frecuencia e intensidad. Porque todo pasa rápido cuando estás a gusto. La vida es así, sencilla, cuando todo parece encaprichado en mirar en una sola dirección. Es tremendamente bonito. Único.

El verano está agonizando nunca mejor dicho. Es el primero en que no he tenido vacaciones de verdad. Siempre hay una primera vez para todo. Ya tocaba, lo sé. Tengo contrato hasta el 16 de noviembre. Desde luego que hay incertidumbre en el mercado laboral y las perspectivas aún no son nada halagüeñas. Así que mientras pueda adquirir experiencia en una empresa de tal calibre siempre va a ser algo que sume. Claro que me gustaría cotizar y ganar algo más, pero será cuestión de etapas y de ir progresando. Nunca sabes con qué te va a sorprender la vida.

Como a mí me soprendió en pleno verano. Porque si de algo estoy seguro es que desearía poder de nuevo escucharte con la mirada y verte con el corazón mientras sonríes.  

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