Parece que se avecina una noche de insomnio. Entre la tremenda calor en la ciudad condal que alcanza un nivel desesperante a estas alturas del mes de agosto y los cambios de ciclo nocturno fruto del fin de semana...
El primer chico que conocí en la universidad fue Javi. Justo antes de un seminario de Matemáticas I, cuando el reloj se acercaba irremediablemente a las 9 de la mañana. Sería un jueves. El primero como aspirante a licenciado en un futuro horizonte de unos cuatro años, si todo iba bien. Pregunté en voz alta '¿Javier Ibáñez?' ante la sospecha de que aquél chico de ojos claros con un portátil entre manos podría ser quien buscaba. Y, efectivamente, era él. Así nos conocimos. Íbamos a tener que trabajar juntos con tres chicas más para realizar un proyecto de Anàlisi de Dades. Por ello, la primera chica con la que traté fue Helena. Inevitable recordar que desarrollamos una alternativa al Red Bull llamada Mini bull: la conquesta de la nit. Sí, el eslógan fue obra de un servidor. Por eso es improbable que me gane algún día la vida en el marketing, lo sé.
Además de ellos dos, Mireia y Georgina, a partir de ahora, Gina, estaban en el colectivo. Precisamente en clase casi siempre me sentaba junto a Javi y Gina, además de estar siempre por ahí cerca Omar y Dani. Acabamos haciendo muy buenas migas con Dani, y el tiempo nos reuniría en un trabajo sobre la Derbi junto a Javi, Helena y Laura García, una de las chicas más simpáticas que he conocido en mi vida y que siempre ha tenido palabras de bondad hacia mí. Aunque no siempre las he merecido, debo destacar.
Dani, Javi y Gina eran geniales. Lo son. Con ellos las clases del primer ciclo, que en la UPF son comunes en cuanto a Economía y ADE, pasaban muy rápidas. Entre lección y lección no eran pocos los comentarios jocosos, bromas y historietas que compartíamos. Era un placer ir al aula solo por estar junto a ellos. Luego el tiempo pasa a la velocidad de la luz y comprendes insatisfecho que nunca vas a volver a aquellas circunstancias. Así que entre unas cosas y otras, primero de carrera transcurrió y empezó segundo. Seguíamos llevándonos muy bien, pero Dani y Gina aún no tenían la misma relación y confianza que Javi y yo con ella. Con todo, el destino, de forma inadvertida e inesperada por nosotros que los conocíamos, acabó uniéndolos.
Al año siguiente, Dani se fue de Erasmus a Amsterdam. Junto a Helena, Pol o Carlos entre otros ilustres. Tuvimos una buena excusa para ir de visita. Además, con Ainara y Laura Qli en Maastricht, estaba todo dicho. A partir de ahí comprendí desde la perspectiva ajena, como tercera persona, cuán difícil podría llegar a ser la distancia. Lo que entonces no sabía es que -la vida da muchas vueltas- algún día viviría algo similar en primera persona.
Algo más de dos años después, estamos a la salida de Apolo. Una madrugada de domingo. Con Gina y Dani. Y te vienen multitud de recuerdos a la cabeza. Sabes que por dejadez e inconsciencia, sobre todo en los últimos tiempos, no has tenido con ellos el contacto de antaño. Que podrías haber hecho las cosas algo mejor. Pero no vale arrepentirse ya. Y, sin controlarlo, se te saltan algunas lágrimas. Porque son dos personas que aprecio muchísimo y que siempre les desearé lo mejor, como pareja y como individuos. Él va a vivir ahora una gran oportunidad y espero que la suerte le sonría. Gina sé que estará como una reina en Richmond y que podrán seguir viéndose pese a la distancia.
No sé qué nos deparará el destino ni las vueltas que seguirá dando esto de la vida. Lo que sí sé es que con personas así, el mañana tiene mejor pinta. Con Gina seguro que nos veremos antes de que se marche y le seguiré recordando que guardo sus dibujos y caricaturas. A Dani, bueno...en un futuro no muy lejano nos veremos, desde luego.

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