5.8.13

Microrrelatos de verano (V)

Hacía muchos días, demasiados, que no podía conciliar el sueño con normalidad. Cuando conseguía dormir algo, pasada la media hora, volvía a abrir los ojos. Como si una alarma invisible se activara por arte de magia en su interior. Lo mismo que le había pasado, de joven, las primeras noches que dormía en un hotel. Sueño discontinuo y sudores. Calor. Las noches se hacían largas. Pesaban muchos los recuerdos vividos recientemente. La cabeza le daba vueltas mientras ya había contado más ovejas que habitantes juntos entre China y la India. Las 6 de la mañana. Suena el despertador.

Se levantó de un sopetón, con las pupilas ardiendo y se clavó debajo de la ducha. Agua fría que anulaba cualquier atisbo de duda. Apoyando la cabeza sobre la pared, mientras la reposaba sobre su puño derecho, sentía ganas de volver hacia atrás. Hasta que decidió parar el chorro. Se calzó rápidamente ropa deportiva, cogió una manzana para el camino e inició la marcha. Abrir las calles de su barrio no era nada nuevo para él. Era algo a lo que estaba acostumbrado en los últimos 5 meses. Las farolas aún no se habían apagado. Tan solo algunos perros sacaban a pasear a sus dueños, como aquel dálmata con su agria ama que parecía salida de un cuento de Harry Potter. Por lo de bruja. Verruga en la nariz incluida. Recorridos 2 km paró para hidratarse en la fuente del parque. El Turó de la Peira en mañanas como aquella amanecía con niebla. Mucha espesura. Decidió subir hasta la cruz y desde ahí divisar un poco el horizonte. Hacía ya más de 20 semanas que había perdido su empleo y contemplar la ciudad desde allí era lo más parecido a vislumbrar un futuro más o menos esperanzador. Con 45 años, mujer ama de casa y dos hijos, tras una vida completa en la fábrica de componentes para el sector de la automoción, su vida había sufrido un "shock" para el que nunca se había formado ni preparado. 

Al volver a casa, despertó a los niños, les preparó el desayuno y los acompañó al colegio. Su mujer mostraba una mirada melancólica y de resignación al tiempo que fumaba cada vez más. A pesar de sus problemas respiratorios crónicos que acarreaban un coste extra en salud para la familia. Era, tal vez, su refugio neuronal particular. El pez que se muerde la cola. Al dejar a los críos en la escuela, el reto de encontrar trabajo comenzaba de nuevo. No había hecho otra cosa que reparar y calibrar piezas. Poseía conocimientos de mecánica y electrónica. Sin formación universitaria, había logrado formar parte de ese grueso de la sociedad ocupado en un sector industrial que, apoyado en empresas extranjeras, había logrado ingresar muy por encima de sus credenciales formativos. Con unos sindicatos muy fuertes en el sector metalúrgico. Empresas rentables que encontraban suficiente demanda en un mercado en el que se consumía al nivel de los países más desarrollados. Otros tiempos, el mismo mercado que ahora le excluía. 

Estaba realmente desesperado. Impotente por no poder poner fin a aquello. Había recibido una indemnización notable después de haber estado trabajando desde los 18 años en la compañía, pero no iba a ser suficiente hasta alcanzar la jubilación. Y más en una familia en la que nadie aportaba nada más. Con toda la vida académica de sus dos hijos por delante. 6 y 8 años, respectivamente. Era una lucha psicológica. Un desgaste que le consumía por dentro. Día a día. Noche a noche. Cambiar de vida sin haberlo planificado... No estaba preparado para ello. 

Lucharía cada día por volver a recuperar la senda de algo que se torció sin que él fuera responsable. Y así, cada mañana, al divisar el horizonte desde arriba del Turó, imaginaba que sería ese el día. Que después de dejar a sus dos niños en el colegio, encontraría trabajo. Y que su mujer, tan extasiada por las buenas noticias, decidiría dejar de fumar. Por su bien, el de su marido y sobre todo, los hijos que había dado al mundo. 

"Hoy será el día. Hoy voy a volver a la vida" -clavó la vista más allá de unos sueños teñidos de crudo realismo en plena vorágine y crisis de un siglo XXI que daba la espalda a muchas personas.   

No hay comentarios: