14.7.07

De la Educación

Vengo justo de un viaje que me ha conducido a tierras hasta ahora inexplorables y desconocidas para mi espíritu. Me han preguntado por el camino mientras me dirigía hacia esas nuevas tierras, que no tienen nombre, son solamente tierras, si me encontraba mal y es que al parecer tenía aspecto de haber ingerido alguna sustancia tóxica o nociva.

Hacía un sol de justicia a mi llegada. Una vez allí todo consistió en observar y escuchar hasta que he vuelto a mi acogedor hogar, hasta que me he trasladado a mi silla azul y he recordado todo.

Todo, asboslutamente todo en la vida, es posible gracias a la educación. Pocas cosas habrá tan claras como ella en la vida. De eso podéis estar completamente seguros. Si hay un río a partir del cual se desvían el resto de afluentes ese es el de la educación. La base de toda pirámide vital, es la clave para garantizar la convivencia los unos con los otros.

Desde la educación, ya cuando somos pequeñitos y traviesos niños y niñas en busca de la alegría y de parques, es posible y fundamental transmitir toda una serie de valores que nos van introduciendo en los cauces democráticos que todos debemos querer alcanzar. Valores como el respeto, la amistad, la tolerancia, el cariño; obligaciones como el deber o la responsabilidad, el sentido común, el saber hacer, dialogar, reflexionar, callar, escuchar al silencio cuando es imprescindible.

Si empezamos a construir la casa desde los cimientos, desde abajo y no desde el tejado, el panorama bien podría ser distinto y mucho más halagüeño. La tarea de educar no se delega únicamente en los colegios y centros educativos, sino que empieza desde bien chicos por los padres, verdaderos responsables de que su hijo o hija siga el camino de la formación democrática y humana. Constituyen ellos el mejor ejemplo a seguir, por lo que podemos observar como si la educación, la base de los padres ya no es buena, falla, es presumible concluir que la de los hijos es probable que siga por esos andares. Y así generación tras generación.

Podemos preguntarnos por qué suceden infinidad de cosas en el mundo que nos resultan odiosas y repugnantes, desechables y despreciables. La respuesta la hemos oído muchas veces o la hemos hasta pronunciado: "Es un problema de educación, de cultura...si falla la base..falla todo". Pensemos en los terroristas islamistas por ejemplo. Existen países con gran cantidad de población musulmana (véase la India, en referencia al libro La Tierra es Plana de Thomas Friedman) que no se han agregado en ningún caso individual a grupos como Al-Qaeda o satélites terroristas de este calado. La diferencia entre un terrorista y un ciudadano normal puede estar en la educación, en la formación en una serie de valores que han engendrado en él la esencia de la convivencia en comunidad y de la democracia. Es solamente un ejemplo, pero no creo que la cuestión vaya mal encaminada. Pensemos en el trasfondo de todo esto.
Puede haber miles y miles de razones que nos lleven a actúar de uno u otro modo, a pensar así o de cualquier otra manera, pero si somos capaces desde que nos empezamos a desarrollar en nuestro camino a la madurez entre un jardín de magnitudes democráticas y repletas de humanidad, todo es posible. Somos muy diferentes los unos de los otros, y hasta bastante, muy complejos e impredecibles, pero si la base es sólida y está cohesionada por todos los poderes y con convicción, el camino debe ser el más llano posible. Las cimas nos las proponemos cada uno individual y/o colectivamente. Esa es la gracia de la democracia, el saber compartir un espacio de habitabilidad común con metas particulares y conjuntas sin que unas impidan a las otras su logro.

Con una buena educación y formación conquistamos el presente y garantizamos el futuro, ganamos todos, gana la Historia de la Humanidad.

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