
Haciendo una excepción a la norma; porque en este caso las palabras valen mucho más que una imagen cualquiera. Lo que viene a continuación no lo ha escrito un servidor sino un camarada en esto de la vida y sus encantos, también desencantos. Merece ser publicado por todo lo alto y ser leído y comprendido, puesto que ahí radican parte esencial de los sentimientos humanos más sinceros y bellos. Porque esta humilde república de buenas intenciones como tú bien dices es el rincón ideal para expresarse cuando lo que se aúna con más fuerza es amar la vida y disfrutarla en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad, en el día y en la noche, en el frío y el calor.
He aquí:
Aunque dudo que este pequeño escrito esté a la altura de los que en esta república se encuentran, he decidido acudir a este rincón tan lleno de grandes ideas y mejores intenciones, porque necesitaba un lugar donde escribir y creo que aquí gozaré de comprensión y seré entendido. Así pues empezaré a expresarme:
Veo como zarpa un barco en el que quiero estar, en el que necesito navegar. Un barco hermoso, con una tripulación numerosa y magnífica que goza, a la vez que demuestra, del respeto y la admiración de su excelente capitana. No me importa a dónde vaya, solo sé que deseo formar parte de él, pero hacerlo de una forma distinta a la que creo ya formar parte: quiero compartirlo; ayudarte a comandarlo, a dirigirlo, a explorar nuevos horizontes y surcar nuevos mares, en cierto modo hacerlo mío. Ahora, me quedo mirando con lástima y tristeza cómo pones en marcha tu barco sin saber lo que pienso, lo que siento; creyendo que tan solo quiero ser un tripulante más de la embarcación. Siendo tan solo capaz de decir adiós deseándote suerte en el viaje, pidiendo a un dios en el que no creo que al menos en algún momento me recuerdes.
Lleno de un gran vació interior, me dispongo a iniciar una larga y dura travesía a la deriva en el más peligroso de los mares: un mar de dudas. Un mar asediado por las tormentas de los “quizás...”, los “y si...” y los “qué hubiera pasado si...”; un mar sin estrellas que lo arropen, pues en él ni tu mirada ni tu sonrisa puedo hallar. Perdido en este terrible océano, nada parece seguro ni adecuado, no hay más que dudas: ignoro si debo enviar este mensaje embotellado explicándote, capitana, lo que ahora estoy contando; dudo de quién soy, de qué soy, de si realmente soy algo después de haber dejado marchar tu barco sin intentar abordarlo. Tal vez sea ese “ser como soy” del que tanto dudo lo que me haga un buen tripulante, al que muchos capitanes, aunque ninguno como tú, deseen contar conmigo en su barco. Ese mismo “ser como soy” que ha permitido que te deje marchar sin hacerte saber cómo me siento. Quizás no debiera "ser como soy"
Del más fiel de tus tripulantes, que algún día espera ser algo más.
He aquí:
Aunque dudo que este pequeño escrito esté a la altura de los que en esta república se encuentran, he decidido acudir a este rincón tan lleno de grandes ideas y mejores intenciones, porque necesitaba un lugar donde escribir y creo que aquí gozaré de comprensión y seré entendido. Así pues empezaré a expresarme:
Veo como zarpa un barco en el que quiero estar, en el que necesito navegar. Un barco hermoso, con una tripulación numerosa y magnífica que goza, a la vez que demuestra, del respeto y la admiración de su excelente capitana. No me importa a dónde vaya, solo sé que deseo formar parte de él, pero hacerlo de una forma distinta a la que creo ya formar parte: quiero compartirlo; ayudarte a comandarlo, a dirigirlo, a explorar nuevos horizontes y surcar nuevos mares, en cierto modo hacerlo mío. Ahora, me quedo mirando con lástima y tristeza cómo pones en marcha tu barco sin saber lo que pienso, lo que siento; creyendo que tan solo quiero ser un tripulante más de la embarcación. Siendo tan solo capaz de decir adiós deseándote suerte en el viaje, pidiendo a un dios en el que no creo que al menos en algún momento me recuerdes.
Lleno de un gran vació interior, me dispongo a iniciar una larga y dura travesía a la deriva en el más peligroso de los mares: un mar de dudas. Un mar asediado por las tormentas de los “quizás...”, los “y si...” y los “qué hubiera pasado si...”; un mar sin estrellas que lo arropen, pues en él ni tu mirada ni tu sonrisa puedo hallar. Perdido en este terrible océano, nada parece seguro ni adecuado, no hay más que dudas: ignoro si debo enviar este mensaje embotellado explicándote, capitana, lo que ahora estoy contando; dudo de quién soy, de qué soy, de si realmente soy algo después de haber dejado marchar tu barco sin intentar abordarlo. Tal vez sea ese “ser como soy” del que tanto dudo lo que me haga un buen tripulante, al que muchos capitanes, aunque ninguno como tú, deseen contar conmigo en su barco. Ese mismo “ser como soy” que ha permitido que te deje marchar sin hacerte saber cómo me siento. Quizás no debiera "ser como soy"
Del más fiel de tus tripulantes, que algún día espera ser algo más.
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