7.7.07

De los ídolos


Fecha curiosa la del día que está a punto de extinguirse. El calor ha golpeado con fuerza en un día apacible y sonriente en el que las nubes no han encontrado un sofá de confianza.

Una vida la nuestra en la que hemos encontrado e identificado a diferentes ídolos y/o dioses. Hasta hace casi dos años un servidor creía en el Dios cristiano, ahora solo creo en algunos de los valores del cristianismo. Cuando era pequeño Stoichkov y más tarde Jan Ullrich eran mis particulares ídolos deportivos. Igual que el tiempo transcurre, los ídolos de uno también se reemplazan, ocupan el espacio de uno durante un tiempo determinado. Donde ayer estaban nombres como los de antes, hoy podríamos ver a Rafa Nadal y Dwyane Wade, o Leo Messi.

Siempre y cuando la admiración que podemos sentir por algún personaje con capacidades y habilidades especiales y diferenciativas no derive en obsesión, es fructífero tener un icono, una imagen con la que querer identificarse y a la que querer animar en su tarea, actividad. Los ídolos son elementos propios de la juventud, pero no necesariamente se deben limitar a esta franja de edad, puesto que en cuestiones como sobretodo los deportes se puede disfrutar en todas las estaciones de la vida, desde la más tierna infancia a la vejez.

Puede que sean personas, personajes públicos que nos gustaría ser, vivir como viven y hacer lo que hacen de esa forma que tanto nos entusiasma. Seguro que muchos de vosotros conserváis pósters de distinto signo. Yo tengo varios desde luego, desde algo de iconografía deportiva a musical como de Linkin Park. Y no niego que me encantaría disponer de alguna que otra imagen de Angelina Jolie o Scarlett Johansson.

La vida va avanzando y sabes de sobras que la gente a la que realmente admiras o debes admirar es esa gente anónima, empezando por tus padres. Yo admiro, respeto y quiero profundamente a alguien muy especial a la que observo cada noche al levantar la vista en el cielo estrellado. Sé que tengo motivos para ser feliz y sonreír, e igual que me produce una alegría inmensa ver cómo Nadal gana un torneo o disfrutar con las genialidades de Messi, mucha más alegría siento cuando la miro y aún más cuando tengo la suerte de comunicarme con ella. A veces una simple mirada sirve, me delata.

Siempre habrá en mi terreno adobado ídolos y gente a la que realmente valoras por su calidad humana además de por sus atributos que los hacen diferentes al resto. Es bonito y enorgullece el saber que alguno de nosotros pueda ser identificado como tal por alguien, sea conocido o no, pero mucho más bonito es confesar que tú, si tú, eres fundamental para alguien como yo.

Porque en alguien como el que escribe estos ínfimos párrafos no hay dioses ni diosas, solo hay lugar para gente tan especial como tú.

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