18.2.09

Derrotas


Envuelto en los enigmáticos sonidos de Muse. Era algo que tenía su lógica realizar el pasado fin de semana, con el sabor reciente de la experiencia; pero aquí sube el cazador en busca de su presa para retomar el vuelo.

Desde bien pequeño he odiado perder. Nunca supe reconocer la victoria ajena. Recuerdo perfectamente anécdotas jugando a la videoconsola contra alguno de mis primos: al no ganar tal partido, apagaba el aparato antes del final o tiraba el mando contra los cojines del sofá. Como jugador más de un día lloré ante la derrota, sobretodo en las tempranas edades. Luego la experiencia es un grado esencial que te enseña a canalizar de otra forma las emociones. Pero en realidad la ausencia de victoria es destestable, y si bien no se muestra exteriormente como la rabia que uno sentía al perder siendo pequeño, se lleva todo por dentro.

Sin embargo hay derrotas y derrotas. Y me refiero al plano futbolístico que me toca de cerca. El pasado sábado sufrimos la primera derrota en liga federada de toda la temporada. En los 16 encuentros anteriores solo habían conocido la victoria los chavales y estaban en lo alto de la clasificación, todo un premio para una entidad como la nuestra y dado que los objetivos de formación en las edades de iniciación difieren mucho de los títulos y la necesidad por ganar. Somos una escuela de fútbol y entrenamos a niños de la generación de 1999. Al término de la jornada lo de menos es que seguimos líderes pero con dos puntos de ventaja. Toda la estadística y números se reduce a eso simplemente.

Lo que me sorprendió fue la reacción de los jugadores. Lloraron como no lo hacían desde el año pasado, cuando estábamos muy acostumbrados a recibir derrotas y mucho peor, goleadas escandalosas que minan la moral de los que están justo empezando en todo esto por pura diversión y disfrute. Y curiosamente pierden, perdemos un partido y esa es la reacción. Es lógico y muy comprensible. Por otro lado la derrota no es que fuera inesperada y tampoco fue futbolísticamente un baño del rival. Ni mucho menos. Pero a veces la fortuna no acompaña.

De las derrotas se debe aprender. No solo aprenderán ellos que son los que juegan y los verdaderos artífices sino que uno mismo aprende, ya que muy distinta es la actitud y palabras que debo decir siendo entrenador que si fuera jugador. Ante sus lágrimas hay que enseñarles que no todo en la vida es ganar ni que todo se reduce al éxito. Para llegar a la victoria antes tienes que pasar por el sabor agridulce y muy amargo de la derrota. De las derrotas. La tristeza y la pena por no haber ganado son circunstanciales y su efecto es en el corto plazo. Ayer martes vinieron a entrenar y era como que ya se habían olvidado. Ni se habían olvidado ni ahora no les importa. Lo canalizaron poco a poco y vinieron al entreno siguiente a disfrutar y trabajar como nunca. Saben que la base de todo es el trabajo en las sesiones, el interés y las ganas por intentar hacer y aprender cosas nuevas. Tan pequeños y tan valientes, con el mundo por delante. No deben tener miedo de nada. Ayer vi en ellos que disfrutaron entrenando como nunca, y fue algo recíproco. Al llegar a casa sentía que en esa tarde había sido muy feliz y que yo habís disfrutado también como ellos, como un chiquillo.

Precisamente en los partidos que jugamos contra los de arriba les comento que su mayor enemigo son ellos mismos. Porque si falta actitud, ganas y compromiso, son batibles por cualquiera. Son herramientas de motivación, y aunque a veces todos los protagonistas hagan todo lo posible para que se logre alcanzar la victoria pues sencillamente no puede ser. A veces no salen las cosas como uno esperaba o hubiera deseado.

Pero hay derrotas y derrotas. Las derrotas que sirven de lección y como incentivo para mejorar van a reportar mejores beneficios para el equipo en todos los aspectos y líneas. De derrotas como la del sábado pasado se excava muchísimo más que de una victoria por 10 a 0. En la vida no todo es ganar y ni mucho menos lo es para nuestros jugadores. Ellos lo irán aprendiendo paulatinamente. Y si la fortuna, la calidad y el trabajo se reúnen caprichosamente en busca de una solución perfecta pues quizás signifique que ha sido posible. Pero ni debe ser nuestro principal objetivo ni el de ellos.

Ellos aprenderán mucho; acaban de saltar al césped. Pero uno mismo también va aprendiendo y viviendo nuevas experiencias hasta entonces inimaginables. Parece una tontería y que el fútbol es un absurdo, pero cuando estás metido en fútbol base todo tiene una magia especial ajena al mercado y sus pretensiones. Con los más pequeños la vida te ofrece los sabores y sinsabores más preciados. Compartes con ellos emociones y vivencias, alegrías y tristezas, que tienen su momento y su espacio particular y limitado.

Luego pasarán los años y aquellos chicos se acordarán de un sábado en el que perdieron tres puntos y el orgullo de seguir imbatidos. Pero al mismo tiempo comprenderán que ganaron mucho más. Será entonces cuando más de uno esbozará una pícara sonrisa que solo habrán imitado el día de su Primera Comunión.

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