
Con sueño empezaste y con sueño terminarás. Parece una frase extraída de un lapidario. No recuerdo un sábado en el que había madrugado tanto: las seis y media. Aunque mis padres me cuentan que cuando era pequeño me despertaba muy temprano; entraba luz a través de las rejillas de la persiana y yo decía la famosa frase ya es tarde, ya es de día. Daba igual que no fueran ni las ocho de la mañana que era un amanecer en toda regla si se filtraba algo de brillo y luz en el cuarto. Mis padres seguro que lo agradecen mucho... Era raro el domingo en que no iba a molestarlos a la cama, y extraño sino me metía con ellos, que entre medio de ambos cuerpos se encontraba uno la mar de calentito y querido. Entonces era muy, muy pequeño, pero es bonito recordarlo.
También recordaremos a Zapatero. Pero no de la manera que uno hubiera imaginado al inicio de su primera legislatura. Pasa el tiempo, la crisis desgasta a toda la clase gobernante y política, pero de aquél talante y buenas intenciones queda más bien poca cosa. Además, para incidir en la herida, constituye un gobierno repleto de personalidades nada preparadas para su cargo y responsabilidades. Que se sientan identificados un tal Sebastián, Magdalena Álvarez (que repitió cartera incomprensiblemente), Corbacho... Lo del ministro de Industria es de traca y no es ironía ni broma. Sus ocurrencias ya formarán parte de la leyenda negra de España como en otro tiempo fueron objeto de burla y de risa algunas manías y rencillas en la corte de los Austria y los Borbones después. Además veo a mis padres, leo y veo que están expoliando a los ciudadanos con los recibos de la luz. En plena depresión y uno se siente más apretado que nunca por todos los lados. Que todo ello esté tutelado por un ejecutivo teóricamente socialista no hace sino sonar a broma de mal gusto. Al fin y al cabo si esto ocurriera con los populares en el poder, poco faltaría para que sindicatos y asociaciones decidieran salir a la calle en señal de protesta. No exagero.
Las percepciones acerca de lo que está haciendo el gobierno, o lo que no está haciendo o éstá dejando de hacer, son pésimas. Las impresiones nefastas. Parece que la situación se agudiza y la realidad evoluciona cada día más cruda. No solo se trata de destacar el elevado y preocupante desempleo y las miles y miles de familias que lo sufren (incluso en este apartado los políticos hacen partidismo, patético). Son las sensaciones de que se va de mal en peor y que se saldrá más tarde de lo previsto.
Hace algunos meses y años seguramente no hubiera defendido el libre mercado como ahora. Me llenaría de vagas ideas acerca de cómo podrían ser las cosas mejores si todo fuese diferente. Estaría en contra de un mercado y un capital que el año pasado estuvo a punto de dejar sin empleo a mi padre y que este año le ha aplicado un ERE temporal en que lunes y viernes no va a trabajar. Mi padre que junto a sus compañeros llevan tres años con subida salarial cero, lo que signifca que habiendo subido los precios, claramente han perdido poder adquisitivo. Estaría en contra de un sistema económico terciarizado donde mi madre es una ocupada cuyo salario no está de acuerdo a la productividad y que es demasiado bajo para el elevado número de horas que realiza.
Sinceramente el problema es que la libertad es un instrumento que muchos dan por descontado y que no valoran lo suficiente. Muchos no saben que se ha luchado y mucho para lograr todo aquello de que disponemos ahora. Y es por culpa de algunos de estos necios que pagarán justos por pecadores. El sistema financiero estos últimos años ha estado completamente viciado y manipulado por unos agentes que se han aprovechado, así de claro. Y han acabado desencadenando una crisis a escala global cuyos gérmenes se cocían hace muchos meses pero que el ritmo frenético de la vida y sobretodo el lujo y la comodidad de vivir por encima de las posibilidades, endeudados hasta el cuello, sobreconsumiendo, sobregastando, impedía abrir los ojos y parar.
Los resultados es que nos estamos trasladando de un estado de bonanza económica sin precedentes a un ciclo de contracción brutal que puede que no tenga parangón en la historia. Y este cambio está demostrando ser brusco y fatal, ya que no hay ningún tipo de transición entre ambos que suavice el camino. Se ha pasado de un extremo a otro.
Como en todo, no es que las ideas y el sistema sean imperfectos. Los alejados de la perfección y aquellos que manipulamos a nuestro antojo el entorno somos nosotros. Nosotros mismo destruímos y creamos a una velocidad de vértigo y sin medir las consecuencias. Sin ningún tipo de prevención ni evaluación de los riesgos. Si como inevitable es ya la actual crisis, alguna de las lecciones que deberíamos sacar sería cierta idea de regeneración mental y cultural de tal forma que no se pueda volver a caer en errores similares. De todo se debe aprender y no sería justo que se acabaran interponiendo límites a la libertad y las libertades como emblema del fracaso del ser humano en democracia. Tampoco merecería la humanidad pese a todo, el dolor y la tragedia de nuevos conflictos armados como precedente a una nueva era. En pleno siglo XXI y con todo el legado de nuestros antepasados, toda la experiencia y el saber hacer, sería de recibo optar por la senda de la razón y la inteligencia, guiados por un corazón que anhela bienestar y felicidad.
Sin duda que conocemos y disponemos de los instrumentos y activos para lograrlo, pero también hemos de ser conscientes de nuestras obligaciones, responsabilidades y a qué nos debemos.
El gobierno socialista se debe a los ciudadanos de España, y sobretodo a los que en ellos confiaron el voto. Defraudar es una palabra amplia pero comprensible, y por desgracia, acertada en estos tiempos y en este contexto de nuestro país. Desilusión, pérdida de expectativas, falta de esperanzas y sueños...
Sin embargo si hay algo que nunca una crisis ni guerra o catástrofe similar podrá provocar, será la muerte para siempre del hombre y la mujer. Si hay algo que permanecerá inalterable hasta que la madre Naturaleza diga basta, será el potencial y las capacidades del ser humano. Somos al mismo tiempo nuestro mayor salvador y enemigo, y lo bello es que aún estamos a tiempo de creer que todo es posible para bien. Y desde el yo creo uno alcanza inmediatamente el yo puedo.
Conservad la fe y la esperanza porque vendrán tiempos mejores; no dejéis de luchar ni perseverar en aquello que consideráis legítimo y justo. La honestidad y la responsabilidad moverán montañas junto a ella y podréis cruzar los valles más temidos para amanecer descansados en la preciosa eternidad.
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