Pocas frases tan bellamente creadas como 'tengo ganas de ti'. Simétrica, pura armonía, perfección del lenguaje que evoca un deseo tanto primaveral como estival. De lo carnal a lo sentimental. Del cariño a la pasión. De la compañía a la felicidad. Para todas las estaciones.
Ganas de esa sonrisa; de aquella pueril mirada que te conduce a la edad de la inocencia; de aquellos labios que tanto te hicieron soñar de pequeño; aquél anhelo que parecía sugerir la eternidad; aquellos amaneceres en el paraíso entre flores silvestres y mariposas de estilo impresionista; de aquél palacio a la orilla del mar, justo al lado del faro antiguo, que solo aparecía a medianoche, cuando la Luna brillaba en su esplendor junto a sus hijas.
Tengo ganas de ti. De dibujar en tu cuerpo mi alegría. De escuchar cómo se acelera tu corazón cuando estás a mi lado. De besar delicadamente tu cuello y notar como sientes ese cosquilleo tan especial. Hasta mirarte a a esos ojitos acaramelados cuya dulzura se hace irresistible y no tener más remedio que susurrarte con timidez al oído:
Tengo ganas de ti. Tinc ganes de tu.
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