21.3.08

Noche de luna llena


Sales al encuentro de un nuevo anochecer sin esperar nada a cambio; sin esperar de las estrellas más que una mirada atenta de precaución. Un valiente joven al acecho, en busca de algo no encontrado. Dicen que de noche todos los gatos son pardos. Debe ser muy cierto. Lo que sí que es más que verdad, real, angelical, sublime, es una noche como esta, de preciosa luna llena.

A mí las noches así me recuerdan a momentos vividos; pasajes en los que me encontraba yo mirando ese cielo y esa luna estando en el camping, siendo mucho más crío e inocente, justo cuando me dirigía a los servicios a cepillarme los dientes antes de irme a dormir; tengo esa imagen de entonces grabada, me traslado a ese pasado vivo y me reflejo en el presente. O aquellas noches de fiesta en las que ella sale a tu encuentro y te advierte que la nocturnidad es joven, fiera y poco dócil, te reserva más de una sorpresa, agradable o no. Y tú te imaginas de todo, intentando subirte a ella, allí en lo alto del firmamento.

Recuerdas, añoras, anhelas y esperas, no olvidas. Ella siempre me ha traído buenos recuerdos, la he mitificado como algo esencial en mi vida, en mis palabras, versos, labios; he identificado a ella con ellas, quizás porque en ellas la belleza de lo mágico, lo desconocido, lo curioso y lo atractivo brilla como ella acompañada de su coro de baile, esas estrellas danzantes a un ritmo celestial, de color azul oceáno bien profundo. Allí yo de marinero navegando hacia lo efímero, el placer sublime, con escala hacia lo eterno, lo inmortal.

Muchos dicen que nada pasa por casualidad. Cierto día dije a alguien que creía en el destino. Yo no creo estrictamente en él pero confío en el contenido azaroso de la vida y que ofrece oportunidades que no se han de dejar escapar y que se han de interpretar como señales del destino, de algún fin que no tenemos marcado pero que si estamos convencidos podemos forjarnos, para aprovechar el momento y subirse al vagón del tren más certero. Porque llega un día como este y ves que puedes sintetizarlo todo en algunas pocas sensaciones, a reunirte con tus palabras en un baile frenético de ideas, esencias y sustancia. La vida ofrece muchas dudas pero somos nosotros los que debemos buscar las respuestas, y equivocados o no, debemos creer en todo momento lo que hacemos y confiar en nosotros mismos; sino no merece la pena lanzarse a la aventura, empezar a remar y repostar en los mejores puertos. No sirve rendirse, no merece la pena desistir sin lograr lo que queremos. Llegará el reposo, llegará el descanso ansiado pero nada vendrá a nosotros sino vamos a buscarlo.

Yo una noche como esta de luna llena salí sin brújula alguna y me dejé llevar por el destino. Después de un tiempo que las cosas no salieron como uno hubiera querido en el más bonito y dichoso de los sueños, apareció otra estrella que en mi ser brillaba fuerte. Pero no fue más allá y de esa luz brotó una espléndida amistad que camina con paso firme, que navega entre su puerto y el mío.

Entonces de casualidad una noche alcé la vista al cielo; una estrella que había estado en mi atmosfera durante muchos años había resurgido de la distancia, de tiempos pasados, pero su carácter y raza eran aquellos que yo había conocido tiempo atrás. Reencuentros así de azarosos siempre son más que agradables, endulzan el alma y el corazón a cada amanecer y anochecer.

Por eso en noches de luna llena como las de hoy miro allí arriba y veo algo muy brillante entre la multitud de estrellas. Solo las mejores y más valientes se atreven a danzar alegremente con esa personalidad y brillantez alrededor de su majestad la luna; es por eso que solo las más importantes y bellas lucen con fuerza cuando mi mirada y el firmamento se convierten en un solo ser, cruzándose el presente con el recuerdo, el pasado y el futuro, los sueños de esta vida que une y separa, pero que no olvida para siempre. Esta vida que nos coloca en partes de un mismo camino dirección a la eternidad.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Dulce melodía...
Flotaba entre las sílabas de tus palabras, como si se trataran de nubes de algodón,
delicadas.



Patri.
De pequeñito, y hablando con la luna... no me lo hubiera imaginado.

Un beso.
¡Ya te queda poquito para descansar!Ánimo!