29.8.08

Yes We Can

"It's time for us to change America and that's why I'm running for President of the United States."

Son las palabras de un personaje político dotado de una magnificiencia inusual para el discurso en el mundo de la farándula, para expresarse con vasta elocuencia en público. Un político que seduce con su verborrea limpia dotada de una esencia mágica. Una áurea de esperanza y quizás esplendor le aguarda en un futuro cercano. Y ojalá que este esplendor aguarde no solo al pueblo norteamericano sino al mundo en su globalidad. Barack Obama es el personaje del momento, mucho más tras la Convención Démocrata en Denver, donde se ha hecho oficial su aceptación como candidato a presidir Estados Unidos tras la nominación de sus compañeros demócratas. "I accept your nomination for the Presidency of the United States."

Lo más simbólico es que se convierte en el primer candidato afroamericano a la Casa Blanca de toda la historia del país y más aún, que justo ayer, cuando se hacía todo oficial, se cumplían 45 años del famoso discurso de Martin Luther King, el histórico y carismático líder que luchó toda su vida para defender los derechos y libertades de los negros en una sociedad profundamente desigual entonces e injusta donde no era oro todo lo que relucía. Luther King fue un activista en pro de los derechos civiles y de la igualdad, y es décadas después uno de los personajes que seguramente mejor inspira y alumbra al propio Obama. Un Barack Obama que sabe cada noche al acostarse que tiene a su lado la principal razón y motivos por los cuales ha llegado a dónde está: su mujer Michelle Obama. La futurible Primera Dama del país está resultando un apoyo impagable; lo rubricó con rotundidad ella misma en la Convención, y además es la mujer con la que ha podido tener dos preciosas hijas, Sasha y Malia. Ellas, una mujer y dos niñas son la base sobre la que se sustenta el espíritu luchado y soñador del incansable Obama. El futuro Vicepresidente sería Joe Biden, hombre de su total confianza.

Nunca antes desde que creo que razono en mi sano o insano juicio había visto a un ser dotado de tal fuerza política como la que demuestra el senador de Illinois. De hecho pese a que es muy simbólico y hasta transcendente el hecho de que sea negro, lo más importante es que, más allá de su innegable capacidad y grandilocuencia para hablar en público, tiene las cosas claras y puede convertirse, poco a poco, en uno de los personajes más importantes de toda la Historia. Su nombre y su persona, su alma y su cuerpo, han aparecido en un momento decisivo a nivel mundial y global. Tras dos mandatos de George W. Bush, Estados Unidos, en su papel de primera potencia mundial, ha degenerado la confianza en la democracia y la libertad, no solo en su propio país sino en muchos territorios como principalmente el Próximo Oriente, con una política exterior y militar de lo más agresiva y, lo que aún resulta mucho más grave, unilateral. Bush será recordado por muchas cosas, no cabe duda, pero lo más bonito al fin y al cabo sería que fuera recordado como el predecesor en la Casa Blanca del hombre que cambió Estados Unidos a mejor. En momentos de trayectoria económica incierta como los que estamos viviendo, con la recesión asomada a las puertas de todos los principales estados occidentales, de políticas análogas al sovietismo de antaño por parte de la Federación Rusa, el papel de la República Popular de China, la India, la nuclearización de Corea del Norte, el terrorismo islamista, la pobreza inacabable y reproductiva de todo el continente de África, la escasez y dependencia energética, el cambio climático... Lo cierto es que estamos en un momento clave, en un año estratégicamente esencial desde el punto de vista geopolítico. 2008 pasará a la historia, ya lo está haciendo.

Obama es la reencarnación de John Fitzgerald Kennedy en lo que se refiere al espíritu de cambio y a la trascendencia que de su persona y carácter se deriva. Esperemos que no corran el mismo destino. Sería un golpe duro para todos, muy duro. Kennedy supuso en su tiempo un antes y un después en la historia de los norteamericanos. Barack Obama está listo para asumir ese papel; para liderar un cambio urgente y necesario en una sociedad que adolece pese a ser la primera potencia mundial. Un pueblo que no escapa de la pobreza, la marginación, la falta de recursos en educación, la falta de asistencia universal gratuita en sanidad, desigualdades raciales aún y pese a todo, la presión (los famosos lobbys) de algunas corporaciones empresariales que monopolizan Washington y así a todo el país, una Patriot Act que restringió como nunca se había visto la libertad de todos los civiles y ciudadanos estadounidenses, esa paranoia de la conspiración, un sistema fiscal que ocasiona ventajas a los más ricos, lo millonarios, la cuestión ambigua y ciertamente complicada de las armas, la interminable Guerra de Irak, país donde tropas y tropas norteamericanas siguen ocupando el territorio... Se precisa de un cambio ya.

Ese cambio Obama lo pretende liderar desde la base sobre la que se construyó Estados Unidos: el sueño americano. El sueño, la esperanza de una vida mejor para miles y miles de personas que edificaron los mimbres de lo que es actualmente la nación. Unas personas que con la libertad como mira buscaron vivir mejor y encontrar además la felicidad. Es esa meta de una vida mejor, la esperanza por un mundo mejor donde la libertad y la igualdad sean los ápices esenciales de la democracia, de la República, la que hace fluir el sueño de Obama. Y con el suyo el de millones de norteamericanos. "We are the party of Roosevelt, we are the party of Kennedy so don't tell me that democrats won't protect this country, don't tell me that democrats won't keep us save."

En su discurso en Denver ya ha hablado de algunas medidas como ampliar la cobertura sanitaria en el país; ha prometido apuntalar el problema de la eduación desde la base, formando profesores (un ejército de profesores ha dicho exactamente) y construyendo escuelas; también ha citado la reforma fiscal encaminada a reducir impuestos a las clases medias estadounidenses, que son no solo el motor del país sino la gran mayoría (las clases medias está demostrado que tienen una propensión marginal a gastar mayor que los ricos así que su elasticidad-renta es más vulnerable a los cambios; a mayor deducciones fiscales, más podrán gastar de sus ingresos disponibles en consumo e inversión, dos aspectos esenciales para generar valor añadido en un país y para dinamizar la economía en su conjunto). Las clases medias deben ser el motor de un país. Y en gran parte de esas personas será donde tendrá Obama que convencer más. Sobretodo a muchos blancos. Tarea mucho más difícil parece la de conquistar los terratenientes y gente de tradición más conservadora, que recela por naturaleza de los cambios.

Barack Obama no es dios. Barack Obama tampoco es un revolucionario. Ni un mesías. Obama es un político que resulta honesto y clarividente en sus palabras. Un personaje que se ha ganado la aspiración al trono de la Casa Blanca a base de mucho esfuerzo, sacrificio y trabajo que lo han convertido por obra y gracia de sus enormes discursos en alguien muy carismático no solo en el pueblo norteamericano sino en todo Occidente. Una buena prueba de ello su aparición y discurso en Berlín semanas atrás. Muchos confían en él; muchos confiamos. Por eso sería una derrota terrible la decepción por parte del que parece que está poniendo patas arriba y desafiando todos los dogmas establecidos, el establishment político, económico y social de Washington.

Es obvio que para llegar a presidir la primera potencia mundial no debes ser un don nadie. Pero Obama es la historia real de un hijo cuyo padre era originario de Kenya y su madre de Kansas y que nació en Honolulu (Hawaii). Un inevitable flujo intercultural corre por sus venas. Vivió en Indonesia además cuando era pequeño, y acabó estudiando en universidades como Columbia y la prestigiosa Harvard, donde se graduó con magna cum laude en Derecho. Para acabar tu carrera universitaria en Harvard y de esa forma tienes que tener algo especial. Su historia, más allá de rasgos biográficos y personales es, reitero, la de un luchador a quien nadie regaló nunca nada. Una historia como la de tantos otros ciudadanos anónimos. Pero Barack Obama tiene ante sí un reto y una meta muy importante y única. Puede convertirse en presidente de los Estados Unidos. Un gran aficionado y practicante del baloncesto en su tiempo libre está jugando los cuartos más decisivos del partido de su vida.

Puede que aún nos resulte algo desconocido este hombre, pero lo cierto es que son muchas las personas que va cautivando, y no solo de su país. Yo vi en él algo especial y espero no equivocarme.
Barack Hussein Obama Jr. a sus 47 años está haciendo historia, pero todo puede ser mucho más bonito para él y su familia, y esperanzador para todo el pueblo estadounidense si el 4 de noviembre se impone a su rival por antonomasia John McCain, candidato republicano. Y si es esperanzador para su pueblo también debe serlo para todos aquellos que confiamos en la honestidad y en su figura, no como un mesías caído del cielo que vaya a terminar con todos los problemas sino como alguien dispuesto a actuar con coherencia y cordura y a asumir con criterio y responsabilidad todo aquello que de él se exija. Creo que puede ser el líder dotado de una gran templanza y con un inusual poder de convicción que el mundo necesita.
"Tonight, tonight, I say to the people of America, to Democrats and Republicans and Independents across this great land — enough!"

We believe in change. Yes We Can.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

vaaaaaa chopi actu k esa cara intensa me da miedo!! akí stoy subiendo el contador jajajaj;)

adri

Anónimo dijo...

Qué crack primo, tío eres increíble, de verdad te lo digo, que textos! pos mira, hoy 4 d noviembre se ha producido lo q tu y lo q muchos (incluida yo) deseabamos así q chachi no? jejeje

un besazo