Sigo algo inmerso en la espiral deportiva estos días puesto que bien merece la ocasión. Ya ha aparecido alguna vez el protagonista de hoy y no es para menos. Rafa Nadal se convirtió a los 24 años en el tenista más joven en completar el 'Grand Slam'. Es decir, ya ha ganado como mínimo en una ocasión cada uno de los cuatro torneos más prestigiosos del circuito profesional: Australia, Roland Garros, Wimbledon y el Us Open. Con la reciente y magnífica victoria en Flushing Meadows conquistaba el que le faltaba de forma que reúne ya 5 Roland Garros, 2 Wimbledon y una victoria en los dos grandes restantes. Envidiable y más que admirable. Podríamos además seguir completando su historial de títulos con el Oro olímpico, las Davis, los Masters 1000 o sus semanas al frente del ranking como número uno del tenis mundial; pero como todo hace indicar que su techo no tiene límites no tendríamos más remedio que ir actualizando cada poco este currículum tan impresionante.
Un tenista de leyenda que comparte una era con el gran Roger Federer. Los récords del suizo y su magistral clase, ese talento tan puro están ahí. Pero desde que apareciera aquél zurdo manacorí con aspecto pirata -y no sólo por los pantalones de sus inicios-, la historia del tenis se ha ido reescribiendo año tras año. Inevitablemente compartirán gloria por haber coincidido en el tiempo si bien Nadal es más joven. Más no cabe duda de que si cualquiera de ellos hubiera nacido en otra época su reinado hubiera sido un monopolio terrible y temible para cualquier rival.
Recuerdo los primeros partidos que vi de Rafa Nadal por televisión. Aquél aspecto desenfadado y juvenil; aquellos latigazos con su derecha; los tirantes, los pantalones por las rodillas, las cintas para el pelo; los gritos de ánimos que él se iba dando; ese puño en alto de celebración y rabia. El Nadal de ahora es mucho más maduro en todos los aspectos -incluso el look de turno- pero sigue conservando aquella constancia de sus inicios. Un tenista con mucho tesón y sacrificio, que se esfuerza por no rendirse nunca, por no dar ninguna bola por perdidad, ningún punto por acabado. Siempre devuelve un golpe más que el rival. Esa tremenda combinación de físico y talento con esa gran e imprescindible fortaleza mental -una de sus principales virtudes- lo han convertido ya en activo en uno de los mejores tenistas de todos los tiempos.
Rafa Nadal aún tiene mucho recorrido porque tiene años por delante y como no nos atrevemos a predecir el futuro sólo podemos resignarnos a seguir deleitando y disfrutando con su juego y hazañas. Uno de los mejores tenistas de la Historia, uno de los mejores deportistas españoles de todos los tiempos. Es un grande, una leyenda viva del universo.

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