22.9.10

Zapatero como ejemplo del descrédito

Hace tiempo que he dejado de creer en los políticos más no en las personas y en la fuerza de la vida, la pasión, la fe y el amor. Las ideologías hace tiempo que se han convertido en instrumentos de poder más que de consecución de resultados y mejoras. Si es que existen las ideologías...

El descrédito del gobierno de Zapatero y de él mismo es calcitrante. Bochornoso. El prometedor político que llegó al poder sin pretenderlo se ha acabado convirtiendo en el líder autoritario de un partido que ha perdido parte del rumbo y si acaso de su encanto de otrora. No sabemos que hubiera pasado sin la actual crisis económica y cómo esto hubiera repercutido en el gobierno y en el país por encima de todo. Pero no nos corresponde hablar en términos condicionales. La situación es la real, la que palpamos día a día. El PSOE tiene los días contados en Moncloa y habrá que agarrarse a aquello que los cambios son necesarios. La ineficacia del gobierno en todas las áreas excepto en Interior es muy seria. La manía de colocar a mujeres incompetentes como Ministras en pro de la paridad no tiene nada que ver con la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres. Nada que casar con el feminismo. En política y en los departamentos vitales que exigen compromiso, responsabilidad y gestión efizac y eficiente se precisa de los mejores, independientemente del sexo. Los más competentes y preparados para el cargo. Los adecuados.

Luego Zapatero parece obviar intencionadamente el hecho de que sus victorias en gran parte se sostienen por la tradición del PSC en Cataluña y su fiel cortejo de votantes. Y en la gran labor que han hecho desde la transición personalidades como Maragall. En respuesta a los favores otorgados por el PSC a la cúpula central del partido regalan a Corbacho para las listas electorales. ¿Puede existir actualmente un Ministro más desprestigiado -nos preguntamos si tuvo algunez vez tal prestigio también- que el de Trabajo? Las cifras hablan por sí solas: 20% de paro en el país. Y en Cataluña en concreto, medio millón de parados. Parece un chiste malo que venga Corbacho de salvador electoral pero lamentablemente no es una broma. Parece que las listas del PSC las hace el enemigo. Han ido enterrando en vida a ilustres y capaces como Maragall y ahora a Castells. Zapatero y la cúpula están acabando con la tradición federalista y catalanista del PSC imponiendo candidatos y nombres de su agrado. Sin ver más allá de sus intereses de oligarcas y sin tener en cuenta la perspectiva de la realidad y de los votantes (potenciales incluidos). Sólo queda una esperanza que se llama Montserrat Tura pero el PSOE no va a cambiar de estrategia hasta que se lleve una gran hecatombe. Como la que se llevará en Noviembre en Cataluña. Porque Zapatero parece que sabe que inevitablemente va a morir políticamente sólo, pero que no tiene suficiente con hacerlo con su Gobierno sino que también quiere implicar al PSC, para que mueran todos juntos.

Y recientemente es de conocida actualidad que ha aparecido un acicate de Zapatero dentro del partido. Alguien que se ha atrevido a desafiar el adoctrinamiento de la cúpula, la imposición y la falta de libertad patente a gran escala en los partidos grandes. Tomás Gómez, secretario del partido socialista en Madrid. Iba a ser el candidato para tratar de destronar a la omnipotente Esperanza Aguirre. Pero al Presidente del Gobierno se le ocurrió en base a unas encuestas de popularidad exhibir a Trinidad Jiménez -Ministra de Sanidad- como la candidata ideal para terminar con el poder de Aguirre en la Comunidad de Madrid. Tomás Gómez no se echó para atrás y recurrió a los Estatutos del partido. Así que primarias a la vista y que viva la democracia interna. Y primer indicio serio, importante de que Zapatero no controla todo el partido como pretende hacer desde hace tiempo. Quizás Tomás Gómez sea la esperanza de futuro del PSOE.

Zapatero, aquél joven y prometedor político que se erigió en secretario general de los socialistas por una estrecha diferencia de votos frente a Bono; que llegó al poder sin esperarlo tras los trágicos atentados del 11-M; que pensó que podía ser amigo de todos en política sin saber que no podría quedar bien con todos; que navegó con rumbo fijo y directo con buenas intenciones en la primera legislatura en cuanto a derechos y libertades sociales; pero que al llegar la crisis se ha ido hundiendo y quedándose sin aliados para un posible rescate.

A veces los cambios son necesarios. No son fáciles y no siempre deseables pero este país necesita alguno y pronto. No se trata de colores, banderas o ideologías sino de personalidades. De que tomen decisiones aquellos que mejor dispuestos están para ello y que estén avalados por el juego de la democracia.

1 comentario:

¡Basta ya! dijo...

La prosa de este blog también es "calcitrante".