23.12.11

Un nuevo camino



Si cada año fuera un camino, el final del mismo se vislumbraría ya muy cerca. Como si empezáramos a ver la luz al final del túnel. La vida, en esencia, año tras año, constituye un único camino. Con sus vueltas de tuerca, sus altibajos y todo tipo de tirabuzones inimaginables. Giros inesperados del destino que juegan con nuestros corazones, nos abrazan momentos irrepetibles y nos condenan bien al disfrute más dulce, bien al sufrimiento más terrenal y terrible. Como una moneda, tenemos ante nosotros dos caras: en una habitan las alegrías y en otra las tragedias.

La dualidad de la vida en su apogeo…

Inevitablemente, el dolor y el sufrimiento forman parte de nosotros. De las personas que respiran a nuestro alrededor y el contexto que nos envuelve. Pero todo en la vida te aporta, por muy mal trago que te haga pasar. Es aquello que llamamos experiencia. Para bien o para mal, todo te debe hacer más fuerte mentalmente. Tanto si tenemos éxito, para no sucumbir ante la comodidad y tratar de aspirar a más. Ascender es un aprendizaje continuo. Tras alcanzar una cota, se aparecerá una nueva algo más arriba. Y así una y otra vez. La ambición, canalizada con humildad y como desafío por no rendirse nunca, dignifica al ser humano. Y, por el contrario, en las dudas, fracasos y desaciertos, también debemos aprender. Para intentar no cometer los mismos errores. Es algo que solo conocemos a posteriori, nunca ex ante. ¿Qué emoción tendría todo este juego vital si supiéramos los resultados de nuestras decisiones de antemano? Por eso, cuando tomamos una decisión debemos comprometernos con ella. Ya habrá momento de buscar alternativas o soluciones más adelante, vistos los resultados. Porque hoy por hoy no tenemos la capacidad de recorrer al unísono dos vías distintas. Solo en universos paralelos, si existen.

Quizás…

Sin embargo, al llegar a ciertas edades, cuando cambias el colchón escolar y universitario por otro lleno de incertidumbre, el paisaje se dibuja más caótico e imprevisiblemente aterrador. Como esa escena en sueños en la que uno se ve llegando al final de un paseo que conduce inevitablemente a un acantilado. Justo estás en el borde. Miras abajo. Con la sensación de que puedes caer tan fácilmente. Pero también miras al horizonte. Donde parece dibujarse la esperanza. Y la felicidad. ¿Cómo saber que acertarás con tus decisiones? ¿Cómo saber que los pasos que darás te permitirán seguir avanzando hacia ese anhelado horizonte? ¿O nos caeremos al suelo?

Suceda lo que suceda, nos volveremos a levantar…

Y vendrá otro año, un nuevo camino dentro del gran sendero de la vida. Aciertos, errores. Imprevistos tremendamente únicos y bellos. Ojala estemos aquí para contarlos. No olvidéis este momento. Recordadlo para la eternidad. Porque ya no volverá a suceder de la misma forma.

Siempre es tiempo de sonreír y tratar de disfrutar, más allá de las circunstancias. Porque cualquier día, aunque parezca amanecer en la vulgaridad más vaga puede cambiarte la vida… Para siempre.

Ya saben lo que decía el maestro: la vida puede ser maravillosa.

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