4.12.11


El lunes de la semana pasada contemplé Barcelona desde las alturas. En las Arenas. Algo que no hacía desde abril. Y como la primera vez me quedé algo pensativo oteando el horizonte. Con la vista hacia Montjuic. Siendo consciente de cómo habían cambiado las cosas desde entonces. Era como regresar al pasado con un nuevo disfraz, algo más abrigado, y lleno de confianza en algunos aspectos. Pero con otras dudas e interrogantes. Había llovido mucho desde aquél caluroso día del cuarto mes del año y realmente algunas de las gotas que había conocido durante el camino eran especiales.

Pero la vida fluye. Nada permanece.

Así también me encontré a mi mismo ayer en Sala B, lugar al que no acudía desde mayo, mes en que empecé a trabajar. Las circunstancias han cambiado notablemente así como las expectativas dentro de la organización. Sin opciones reales de promocionar una vez se acabe el contrato, piensas hasta qué punto es racional darlo todo por algo en lo que no puedes subir. Promocionar. Uno en la vida siempre busca ese punto necesario de ambición. Incentivos a los que responder con sacrificio y compromiso. Pero son tiempos complicados en lo laboral y cuanto menos, hemos de valorar la experiencia adquirida, que no es poca, y la oportunidad de contribuir con nuestras acciones, por muy invisibles que parezcan, dentro de una compañía de prestigio y calidad reconocida. Una puerta abre otras en distintos lugares y ante todo, el trabajo bien hecho y el esfuerzo, siempre tienen su recompensa. Siempre.

Quizás aún más se acrecenta la sensación de incertidumbre e inseguridad porque tras más de 6 meses no solo has aprendido los detalles de tu posición y vas defendiéndote mejor o peor en tus funciones, sino que además has podido ver la realidad. Cosa seria. La vida tal y como es, de la A a la Z. Como se plantean unos objetivos de ventas y luego lo crudo que es salir a la calle con el camión y vender. Hay una distancia inevitable entre la oficina y el aire libre. Imperceptible cuando te pasas más de 8 horas allí metido. Sentado delante de la computadora.

Esa vida en la que puedes comer el miércoles y jueves con un compañero de trabajo, como las últimas casi treinta semanas, y de repente, saber desde el viernes, que ya no volverás a verlo en el mismo sitio. Era ir al cooler a por agua y saber que iba a estar ahí. Que irías y le preguntarías: 'què tal tot, molta feina...heu guanyat aquest finde?' Es la cara de la crisis, tan cercana y vivida en primer plano prácticamente. Es joven y tiene toda la vida por delante pero son sucesos francamente desagradables. Al fin y al cabo, era el más barato del departamento en términos de indemnización por despido (menos tiempo en plantilla que el resto). Así que, desde luego, por si alguien lo dudaba, somos una cifra. Me imagino el trabajo de aquellos que suman y restan para calcular a quién es más rentable despedir. Muy duro asumir la realidad. Le deseo lo mejor de cara al futuro. Un gran tipo al que echaré de menos durante el tiempo que siga en la empresa. Se hará extraño estar un miércoles o jueves y ver como llegan casi las 2 y él que no aparece con un 'baixeu a dinar? Tinc tupper avui'.

Hacemos camino al andar. Y buscamos una identidad. Respuestas en busca de una anhelada certeza. Algo de sentido para nuestros latidos, como el miércoles por la noche abstraído completamente mientras viajaba con la música de Simon & Garfunkel. Inconscientemente consciente de que el reloj marcaba ya algo más de la 1 de la madrugada. Curiosamente, una hora similar a la de hoy. Cuando justo el portátil indica la 1:16.

Todo gira y nosotros nos movemos hasta acudir a un mismo lugar que en el pasado. Idéntico paisaje, esencia incluso inquebrantable respecto a la última vez. Pero nosotros no somos los mismos. Por eso cuanto más creo que sé, más me siento como Sócrates. Sonarán nuevas canciones. Sin embargo algunas no dejarán de hacerlo toda la vida. Como aquella que empieza de la siguiente forma y que en la ya entrada madrugada, con el silencio como único compañero de viaje, cobra una magnitud trascendental:

'Hello darkness, my old friend
I've come to talk with you again...'

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