
Reinas en la oscuridad desafiando al silencio,
estremeces nuestras pasiones y corazones
para inundar las cuatro paredes de recuerdos,
despiertas la tragedia humana, el sufrimiento.
Llamas a todas las puertas sin ser huésped
ni invitada de excepción: eres tú misma;
recorres todos los rincones antipática,
ni posas banderas a tu temible paso.
Ni aceptarte ni mucho menos superarte
es tarea fácil, tenlo por seguro doncella,
te sigo temiendo como el joven que soy
y no oso mirarte a los oscuros ojos.
Sin rimas ni pareados te escribo
como un paso más hacia tu figura,
como una confirmación de lo inevitable:
viviré más y mejor cuando mejor te conozca.
Saludarás a mis seres queridos como quieras,
abrazarás a mis amantes y musas,
sacrificarás parte de ti sin buscar fin alguno,
es tu sino y no hay remedio.
Tu aliento es gélido, demasiado frío
y no entiende de estaciones
ni lunas ni flores, ni almas ni soles
es ley, ley de vida.
¿Por qué tu voz me susurra
que yo también te besaré
cuando ni ganas tengo
ni fuerzas me quedarán?
¿Por qué soy tan humano
y miedo de ti tengo?
¿Por qué te conozco
si ni siquiera nos han presentado?
Cuando contemplarte deba,
deja que sea dulce y romántico,
tócame mi melodía favorita:
ese piano que nunca empieza ni acaba.
Así mi vida me gustaría: eterna;
pero llegó el alba y allí apareciste
contándome que la vida era así
y que no te gustaba tu trabajo.
¿Por qué entonces?
Porque en la noche se reflejaba
la dualidad de la vida en el espejo,
se hacía presente su sombra.
Para aceptar como es la vida
hay que conocerla y además
acogerla, invitarla a sentarse contigo
a dialogar con el silencio y relativizar.
Cuando esté preparado y listo
abrázame fuerte y no me dejes escapar.
Seguiré el camino de la vida,
un camino sin retorno, pero sin fin.
No hay comentarios:
Publicar un comentario