2.9.07

De la Muerte



Reinas en la oscuridad desafiando al silencio,

estremeces nuestras pasiones y corazones

para inundar las cuatro paredes de recuerdos,

despiertas la tragedia humana, el sufrimiento.


Llamas a todas las puertas sin ser huésped

ni invitada de excepción: eres tú misma;

recorres todos los rincones antipática,

ni posas banderas a tu temible paso.


Ni aceptarte ni mucho menos superarte

es tarea fácil, tenlo por seguro doncella,

te sigo temiendo como el joven que soy

y no oso mirarte a los oscuros ojos.


Sin rimas ni pareados te escribo

como un paso más hacia tu figura,

como una confirmación de lo inevitable:

viviré más y mejor cuando mejor te conozca.


Saludarás a mis seres queridos como quieras,

abrazarás a mis amantes y musas,

sacrificarás parte de ti sin buscar fin alguno,

es tu sino y no hay remedio.


Tu aliento es gélido, demasiado frío

y no entiende de estaciones

ni lunas ni flores, ni almas ni soles

es ley, ley de vida.


¿Por qué tu voz me susurra

que yo también te besaré

cuando ni ganas tengo

ni fuerzas me quedarán?


¿Por qué soy tan humano

y miedo de ti tengo?

¿Por qué te conozco

si ni siquiera nos han presentado?


Cuando contemplarte deba,

deja que sea dulce y romántico,

tócame mi melodía favorita:

ese piano que nunca empieza ni acaba.


Así mi vida me gustaría: eterna;

pero llegó el alba y allí apareciste

contándome que la vida era así

y que no te gustaba tu trabajo.


¿Por qué entonces?

Porque en la noche se reflejaba

la dualidad de la vida en el espejo,

se hacía presente su sombra.


Para aceptar como es la vida

hay que conocerla y además

acogerla, invitarla a sentarse contigo

a dialogar con el silencio y relativizar.


Cuando esté preparado y listo

abrázame fuerte y no me dejes escapar.

Seguiré el camino de la vida,

un camino sin retorno, pero sin fin.

No hay comentarios: