
Se levantó algo convulso de aquel fallido intento de siesta; no era habitual que hiciera ni en los días de mayor cansancio. Dirigió sus pasos hacia el cuarto de baño y vio reflejadas sus avellanas en el espejo. La noche anterior era ya pasada. Sus ojos evidenciaban la brillantez propia y particular de quien muestra algo inequívoco con una simple mirada. Se veía ahí delante él mismo, preguntándose por qué.
Si hubiera sido cristiano y creyente, habría creído solemnemente que aquella era una prueba más que el Señor le colocaba, un obstáculo que superar de nuevo. La vida desde que uno era pequeño iba dando muchas vuelts y siempre había una de cal y otra de arena. Era así. Pero a veces parecía que el infortunio se cebaba con los más desgraciados. Reflexionando algo más tranquilo, se percataba de que él dentro de lo que cabía, era muy afortunado, dado que uno siempre se podía comparar con los que estaban peor que él y su familia. El problema como siempre venía cuando uno hacía el razonamiento hacia arriba: era un paria, mira cuántos afortunados hay en el mundo. Ni todo era claro ni tampoco oscuro. Ni todo aquél que era pobre y desgraciado se lo había buscado. ¡Ni mucho menos! Ya se acabaron los cuentos maniqueos. Ni todos los ricos y agraciados se lo habían buscado y currado. Había cosas en la vida-desgraciadamente-, que no se podían explicar, que eran dadas así, sin ninguna razón de ser. Las causas eran más bien estructurales y dificilmente parecía haber soluciones a corto plazo.
"Hay de todo en la viña del Señor", reza el sabio. Lo hubo, hay y lo habrá casi con total seguridad. Y cuando uno como él se preguntaba por qué esto o por qué lo otro, no era fácil obtener respuestas. La vida era así, y había que hacer todo lo posible para seguir adelante intentando no poner al máximo riesgo la vida de uno. No en nombre de ideales, no en nombre de la Justicia y la Libertad, sino por uno mismo y sus más allegados. Si las cosas cambiaban, si el lujo o los caprichos de antaño ya no podían ser disfrutados, pues había que cambiar el chip y adaptarse a la nueva realidad. Una realidad que más tarde o temprano podía volver a cambiar a su favor. Con fe por la vida y sus gentes, creyendo que algún día uno obtendrá recompensas de aquello por lo que tanto ha luchado. Debía ser así. Y aún en el caso de que uno mismo con su mujer, por ejemplo, no llegue nunca a disfrutar personalmente de aquello que ha conquistado, dejará un inmenso legado en sus hijos e hijas, para que ellos puedan continuar la buena obra de sus progenitores y aprovechar los frutos que les dieron.
Podrán venir tiempos difíciles para muchos, para una vasta mayoría, podrán venir tiempos de abrocharse el cinturón a tope, tiempos amargos llenos de decepciones y tristezas, de nostalgia por otros amaneceres, pero el esfuerzo por seguir adelante nunca será en vano. Uno se puede mover por una fuerza indescriptible en la peor de las situaciones y llegar a buen puerto. Porque nadie puede impedirnos que nuestros sueños y metas puedan realizarse algún día. Y aunque os mováis entre el pesimismo y la penuria y pensáis que no es justo que vosotros tengáis que vivir lo que estáis viviendo, confiad en que todo es posible con esfuerzo y fuerza de voluntad. Sea lo que sea nunca habrá que rendirse, y todo lo que uno haga no será en vano. Siempre habrá alguien que os lo agradezca, y aunque esto no ocurriera, vosotros estariáis en paz con vosotros mismos y orgullosos de haberlo dado todo, absolutamente todo.
Ya despierto y despejado con una ducha templada, sus avellanas desprendían un aroma otoñal. Se adivinaba en ellos muchos sueños, y a la vez dudas también, claro que sí, pero tenía por suerte algunas pocas cosas claras, y quería seguir adelante costara lo que costara, con su esfuerzo y la ayuda de sus padres. Y si hiciera falta cualquier compromiso dada la nueva situación que se dibujaba en un horizonte nada lejano, pues se tomarían las decisiones pertinentes. Aún faltaban días hasta confirmarse definitivamente el final de la cuestión, y sería entonces el tiempo para dialogar y establecer novedades, seguramente.
Habrá pobres, ricos, negros, blancos, días lluviosos, soleados, embriaguez, sobriedad, tristeza, felicidad; los tiempos cambiarán y seguramente haya cosas que jamás dejarán de existir, sin saber cómo ponerse de acuerdo para evitarlo y solucionarlo. Cuando las cosas se tuerzan, no anclaros en el porqué, sino seguid adelante y dejaros guiar por la luz de la Esperanza y la Ilusión. Lo creamos o no, podemos llegar a salir de las circunstancias más desfavorables porque somos seres humanos capaces de crear magia cuando no tenemos más hambre que por la vida misma.
1 comentario:
Totalmente de acuerdo. A mi una vez se me torcieron las cosas,sólo pensaba en el porqué. Eso impedía que viera el camino para salir de ahí. Tras un año de lucha lo conseguí gracias a toda la gente que me rodea que aunque no se lo diga a menudo, la llevo en un rinconcito de mi corazón. Pasados ya cuatro años, puede que no lo haya superado del todo según lo que me comentó una amiga el otro dia. Puede ser. Aún así, cada día que pasa miro a mi alrededor y agradezco tener personas cómo las que me rodean para poder acabar olvidando aquello.
Un beso, principito.
Tu reina.
Publicar un comentario