14.9.07

Ojos de lince


Tenía hambre y sed de todo. Quería volver a beber los vasos de la victoria y comer junto a la gloria merecida. Antes de irse a dormir echó un vistazo a su alrededor con su habitual olfato de depredador.

Salió primero de todo al balcón y vio una Cataluña inmersa en debates estériles acerca del catalanismo y la hipotética independencia. Bañada en un nacionalismo excesivo, que durante años sumió a las masas sociales en un dormir muy profundo, los resquicios de pujolismo eran más que evidentes. Defienden la mayoría de nacionalistas que a través de una mayor soberanía se conseguirán todos los logros pertinentes. El protagonista,él, se consideraba partidario de obtener mayor poder de decisión y libertad democrática a través de políticas sociales justas y dignas. Era y se sentía catalán, una tierra donde había nacido que respetaba y clamaba como suya, pero para nada tenía deseos nacionalistas ni ánimos independentistas. Era un error caer en la vaciedad de los debates acerca del catalanismo y el nacionalismo. Cataluña fue durante la etapa de Pujol un oasis con un dios bien definido, donde todo iba de maravilla y donde cualquier problema se ocultaba bajo el inmenso disfraz del catalanismo que trataba de unir hipócritamente a todos los ciudadanos de Cataluña. No había cambiado casi nada y gran parte de la clase política actual seguía viciada. Y parece que cada vez a peor. ¿Cuándo se ocuparán de lo realmente importante? Están en su derecho de creer que la fórmula consiste en independencia o en aproximarse lo máximo para solucionar los problemas y conflictos. Pero no es el camino. No os dejéis engañar. La vía por la que él más se inclinaba era una estrategia federal donde ser y sentirse español y catalán fuera compatible sin reservas.

Se dirigió tras un leve respiro a su habitación; se asomó entonces por la ventana, acariciadas sus facciones jóvenes por una suave brisa. Estaba España ahí fuera, en su actual estado. Hundida en una escalada peligrosa hacia el bipartidismo extremo. O con Zapatero o con Rajoy. Dime por quién te inclinas y te diré lo buen español que eres. ¡Lo que había que ver! Con ETA y su terror aún presentes. Con el bajo nivel de los políticos y políticas de España. Entre un océano de demagogia y mares de mentiras. No era lo que merecíamos los ciudadanos de este país, donde uno creía que era posible la convivencia de todos en un marco plural de ideas, pueblos y naciones si es que así se desea democráticamente. El pueblo es el que debe elegir su destino, así que cualquier resultado es legal y legítimo. Otra cosa es lo que uno quiera o desea, pero lo único intocable era la Democracia, y de eso España carecía muchas veces. Olía por algunos rincones a corrupción, a mafia, a especulación, a negocio en la política. Pero no todo era tan negativo ni estaba perdido aún. Precisamente, había razones dignas para creer que sería posible mejorar las cosas. Progresar. Así de claro. Él, como tantos otros, no deseaba un país que a nivel político se pareciera a un partido de tenis. Para eso ya teníamos a un genio como Federer y a un grandísimo jugador como Nadal.

Quiso destacar también el papel cada vez más esencial y fundamental de los medios de comunicación, o de manipulación y orientación sesgada hacia unos caminos u otros. No podía ser que en este país un sábado todos los informativos estatalistas de tarde abrieran con el caso Madeleine. No era de recibo que TVE oculte todos los problemas en los que está metido el PSOE respecto a Cataluña en aras de las siguientes elecciones, por el miedo a que el PP siga recortando. No podía ser que las cadenas privadas, aún y en su derecho obvio, sean tan contrarias al Gobierno español y sean instrumentos de patrocinio del PP. Y TVE también parecía que no había cambiado mucho de una etapa a otra en según que aspectos. Seguía existiendo una paranoia anti-culé en los espacios deportivos. Igual que TV3 aquí, la nostra, marginaba a todo aquello que no era barcelonista, igual ocurría con el Real Madrid en el resto de informativos de España. ¡Viva la mass media! Lo que hay que oír a veces y hasta ver, porque se ha llegado a un punto en que importan más que nada las imágenes, no el mensaje. Contra más sangre, violencia y terror mejor. Así vemos la vida tal y como es. Merecemos la verdad. ¿Quién tiene la verdad, TVE, A3,Telecinco,TV3 (a la que por cierto le quedan mechas del pujolismo aún),Cuatro, La Sexta? Merecemos algo más, de mayor calidad y rigor. No somos ignorantes, no somos asnos, mal que les pese a algunos.

Otra Cataluña y España son posibles. Había realizado un análisis genérico y escaso de profundidad para dar muestras de cómo pintaba el país. ¿Será posible siempre seguir por estas tierras catalanas sin ser nacionalista? ¿Podré hablar catalán siempre que me apetezca y no ser tachado de separatista y radical? ¿Podré decir todas estas cosas y no ser clasificado como españolista? Eran preguntas que le venían a la cabeza en esos momentos. Ni nacionalista español ni nacionalista catalán se sentía. La nación era algo que lo debía decidir el pueblo democráticamente y el nacionalismo hablaba de sentimientos y de emociones, no de realidad pura y dura. Es muy literario y poético todo ello, pero en política se trataba de ser lo más práctico posible.

Abierto a todos los horizontes empapados de respeto y tolerancia por los que discrepan de su humilde pero honesta opinión, decidió meterse en la cama para dormir, aunque no tuviera mucho sueño. Mañana sería un nuevo día y quien sabe si al amanecer Cataluña y España estarían bañadas de flores primaverales y árboles frutales. Quien sabe si los sueños algún dia se hacen realidad.

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