Llevan ya alguna semana. Muchos días sin venir a limpiar la calle. La suciedad se manifiesta en cada poro del espacio peatonal. Manchas por todos lados, imagen de industrialización del XIX. Rastros de los perros, de orina y de lo que no es orina. No sólo parece que haya más mascotas que ciudadanos sino que algunos de éstos -es decir, algunos dueños- muestran menor educación e inteligencia que los propios caninos que cuidan. Quizás hasta ocurre al revés en ciertos casos: el perro les cuida.
Falta hace que las autoridades de limpieza pertinentes vengan y ya que estamos en campaña podrían hacer ver que les importan algo los habitantes del extrarradio de Barcelona. A lo mejor les gustaría que asumiéramos que somos por nuestra propia naturaleza ciudadanos de segunda, o así al menos parecen tratarnos. Algunos vecinos ya han llamado más de una vez pero la parsimonia de los encargados es su arte. Luego vendrán a demandar el voto de los cinturones rojos o cosas por el estilo.
Nuestra calle, el barrio, podría estar más limpio y la verdad que da pena salir de casa y ver lo que se ve. Es como si no valiéramos lo mismo que en otras zonas. Las comparaciones son odiosas y uno siempre se mira con el que tiene más o en este caso con zonas más limpias y cuidadas, así que como últimamente por motivos de entrevistas he acudido a la zona de Diagonal (altura de Maria Cristina aproximadamente) claro que da envidia. Cuestar tener igualdad de oportunidades, derechos y libertades aún estando en democracia pero en algo tan básico como la limpieza y el cuidado de nuestras calles y espacio públicos debería darse por sentado que así fuera.
Pero claro, no todos somos iguales. Existen ciudadanos de primera y de segunda, y claro está, autoridades administrativas incompetentes que contribuyen a ello.

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