28.11.10

Tripartit: fecha de caducidad

El segundo tripartito o como se ha llamado en esta ocasión, Govern d'Entesa, está contando las horas que le quedan para pasar al mero recuerdo. Quizás la historia en un futuro sea justa y se otorgue cierto valor -el justo que merece- a una fórmula gubernamental sin antecedentes en Cataluña y ambiciosa.

Pero si el primer Tripartit logró convencer de alguna forma con aquello de que el nuevo Estatut era la gran obra del gobierno que encabezaba Pasqual Maragall, el segundo experimento entre PSC, ERC e ICV-EUiA ha fallado precisamente en el ámbito de la comunicación. No han sabido vender ninguna de sus propuestas, ideas, políticas y aún más, en plena campaña sólo veíamos a ICV-EUiA defendiendo la trayectoria y méritos del gobierno de coalición, sin activismo alguno en este sentido de PSC i ERC. Cuando Pujol presidía la Generalitat de Cataluña, repartían esa propaganda justo en la época electoral con todas las virtudes y gracias de su gobierno para literalmente 'vender' su obra. Bien, nos hemos encontrado que sólo la lista que encabeza Joan Herrera ha defendido el segundo Tripartit. No deja de ser curioso.

ERC se ha ido radicalizando en su discurso a medida que Puigcercós ejercía más de líder, defendiendo y apostando por unos valores y compromisos que el Tripartit no podía asumir por naturaleza propia. Ello, junto a los vaivenes de Zapatero y su giro hacia el centro o centro-derecha, acababa generando la situación de ausencia de unidad, desgobierno y de falta de valores unitarios en la Generalitat. Porque en el fondo la sensación más presente en la sociedad catalana es la de que había tres gobiernos en lugar de uno. Seguramente la principal causa sea tanto la falta de tradición en estas fórmulas de gobierno como la falta de cultura de la propia sociedad que a priori ve con peores ojos como el poder público se reparte entre partidos que ni siquiera son mayoritarios y que no han ganado unas elecciones. Pero, afortunadamente, un sistema parlamentario permite este tipo de cosas.

No creo que CIU o cualquier otro lo hubiera realizado mucho mejor ya que la situación actual no viene condicionada por el signo de los partidos que han ocupado el gobierno en Cataluña. La realidad que vivimos es compleja y no es fácil desde la política ganar crédito, más bien lo contrario. El PSC seguramente va a caer de forma escandalosa en los comicios que hoy se celebran, cavando la tumba desde la Moncloa el mismo Zapatero y su política errante. ERC quiere navegar hacia la independencia mientras parte de sus votantes van a CIU, SI o Reagrupament. ICV-EUiA más o menos se mantendrá como en las últimas encuestas si bien también ha sufrido la transición y cierto desgaste fruto del cambio de líder -de Joan Saura a Joan Herrera-. Quizás la conclusión sea que los tres partidos que han constituido una obra ambiciosa de gobierno, novedosa y ciertamente heterogéna pese a compartir una serie de valores comunes ha acabado lastrándoles, tanto por los errores de comunicación del gobierno en coalición en sí, como de las propias estrategias de los partidos. Y es que no se puede comprometer la estrategia de un partido con su acción de gobierno hasta el punto que incida decisivamente sobre los resultados y políticas que se apliquen. Porque al fin y al cabo se genera la sensación de desgobierno, descrédito y sobre todo mucho y puro electoralismo.

Cataluña es plural y diversa aunque no ha aprobado la reválida de un gobierno en coalición fruto de partidos que no ganaron las elecciones pero que reunieron la condición de mayoría necesaria en el Parlament para gobernar. Una Cataluña que ha hecho posible que una persona no nacida aquí pudiera llegar a presidir la Generalitat, algo que es muy digno de apreciar y admirar. Quizás no estábamos preparados para ello empezando por los mismos políticos, pero desde luego que la historia acabará valorando con el peso que merece un intento valiente, honrado y diferente de querer dibujar un mapa distinto a la Cataluña convergent desde tres formaciones políticas a priori progresistas. Aunque ésto último, sobre todo en algunos casos cada vez es más discutible.

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