16.1.14

La pianista (I)

Se habían conocido en el primer concierto de Linkin Park en España. Al borde de cumplir los 18. Él iba guardando en una hucha parte del dinero que ganaba de sus trabajillos en verano. Como monitor en un camping que se abrazaba a la Costa Brava con entusiasmo y cierta sumisión. Parte de esos ahorros le sirvieron para viajar desde su ciudad a Madrid, donde su banda favorita se había dignado por fin a venir tras los problemas de su cantante Chester Bennington que impidieron que tocaran en Barcelona unos meses antes. Su ciudad. Recordaría siempre los nervios la mañana misma del concierto. Y lo que luego sucedería.

La estación de Sants dibujaba un frenesí de pasajeros arriba y abajo, en todas las direcciones. Regionales, alta velocidad, destinos dentro y fuera del país… Se mezclaban los colores y las formas. Se respiraba estrés. Acompañado de uno de sus amigos de toda la vida, no tan fan del grupo californiano, se subió al tren. Ya sentados, mientras su colega le contaba algo a lo que sinceramente no estaba prestando atención alguna, su mirada se detuvo unos metros más adelante. Una chica morena con un discreto piercing en el lóbulo izquierdo esbozaba una sonrisa delicada y de textura aterciopelada. Se pasarían gran parte del trayecto devolviéndose miradas y gestos, como el de levantar las cejas y difuminar los ojos. Alguna que otra vez ambos mostraban timidez a la par que ligera picardía. La otra parte del viaje la pasarían durmiendo. Mientras tanto,  su amigo que le trataba de convencer de algo, sin recordar bien el qué. Hasta que llegaron a Madrid. La capital. Rememoraba perfectamente la vez que había ido con sus padres y lo grande que le había parecido. ¡No es como Barcelona! Entonces tenía 12 años y aún no había escuchado nada del Hybrid Theory, el álbum que le trastocaría la existencia. En ese momento en que su mente había decidido regresar al pasado, algo inesperado ocurrió. Justo cuando puso el pie derecho en el andén, una voz femenina le sorprendió:

¡Hola! ¿Vais a Linkin?

Esa pregunta cambiaría el resto del día. Y sus vidas. Era la chica morena que dibujaba sonrisas aterciopeladas en el tren.

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