Se habían conocido en el primer concierto de Linkin Park en España. Al
borde de cumplir los 18. Él iba guardando en una hucha parte del dinero que
ganaba de sus trabajillos en verano. Como monitor en un camping que se abrazaba
a la Costa Brava con entusiasmo y cierta sumisión. Parte de esos ahorros le
sirvieron para viajar desde su ciudad a Madrid, donde su banda favorita se
había dignado por fin a venir tras los problemas de su cantante Chester
Bennington que impidieron que tocaran en Barcelona unos meses antes. Su ciudad.
Recordaría siempre los nervios la mañana misma del concierto. Y lo que luego
sucedería.
La estación de Sants dibujaba un frenesí de pasajeros arriba y abajo, en
todas las direcciones. Regionales, alta velocidad, destinos dentro y fuera del
país… Se mezclaban los colores y las formas. Se respiraba estrés. Acompañado de
uno de sus amigos de toda la vida, no tan fan del grupo californiano, se subió
al tren. Ya sentados, mientras su colega le contaba algo a lo que sinceramente
no estaba prestando atención alguna, su mirada se detuvo unos metros más
adelante. Una chica morena con un discreto piercing
en el lóbulo izquierdo esbozaba una sonrisa delicada y de textura aterciopelada.
Se pasarían gran parte del trayecto devolviéndose miradas y gestos, como el de
levantar las cejas y difuminar los ojos. Alguna que otra vez ambos mostraban
timidez a la par que ligera picardía. La otra parte del viaje la pasarían
durmiendo. Mientras tanto, su amigo que
le trataba de convencer de algo, sin recordar bien el qué. Hasta que llegaron a
Madrid. La capital. Rememoraba perfectamente la vez que había ido con sus
padres y lo grande que le había parecido. ¡No es como Barcelona! Entonces tenía
12 años y aún no había escuchado nada del Hybrid
Theory, el álbum que le trastocaría la existencia. En ese momento en que su
mente había decidido regresar al pasado, algo inesperado ocurrió. Justo cuando
puso el pie derecho en el andén, una voz femenina le sorprendió:
- ¡Hola! ¿Vais a Linkin?
Esa pregunta cambiaría el resto del día. Y sus vidas. Era la chica morena
que dibujaba sonrisas aterciopeladas en el tren.
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