10 años después de aquel concierto recuerdan lo sucedido. Apenas llevan casados
un año y ella está embarazada de casi 32 semanas. Está estirada en una cama de
hospital, con aspecto pálido y dificultad para reír como antes. Aquella sonrisa
del primer día ya hace unos cuantos días que no la exhibía. A su lado, él está
sentado. Le aprieta la mano con fuerza y le asegura que todo saldrá bien. Ayer
supieron las últimas novedades de la criatura que llevaba dentro. Todo estaba aparentemente
bajo control. La futura niña parecía crecer dentro de su madre con muchas ganas
por vivir. Ella se encuentra cansada y débil. También dicen que el parto puede
ser cuestión de días e incluso horas. No llegaría a los 9 meses.
- ¿Te acuerdas
cómo ibas vestida el día del concierto? –había empezado él.
- Cómo quieres
que me acuerde, cariño. Qué preguntas siempre… Tan raras.
A ella le costaba terminar las frases. Se
esforzaba y dejaba escapar un halo de suspiro y algo de frustración. Recordaron
las miradas cruzadas en el vagón, la primera conversación y cuánto vibraron con
cada uno de los temas de Linkin Park. Hasta llegar al momento de In The End, la canción favorita de ambos.
Ese instante de éxtasis en el que ella le contaba en medio de un ambiente atronador
anidado entre riffs de guitarra y
sonidos electrónicos que tocaba el piano.
- ¡Algún día
tocaré In The End para ti!
- ¿Cómo?
- ¡Qué tocaré
In The End en piano para ti! ¡No lo olvides!
Entonces ella dejó escapar esta vez sí una leve mueca alegre, sin esfuerzo.
Y centró su mirada en los oscuros e impenetrables ojos de su chico, que la observaba atentamente sobre su regazo.
- Te quiero –trazaron
sus labios.
- Yo también.
Todo irá bien. Seguro…
- No lo sé, no
lo sé…
La Luna se iba acercando sigilosamente al ventanal de la habitación. Él se
asomó un rato, fijando la vista en el horizonte que se perdía más allá del mar.
Cuando se giró de nuevo, su mujer se había dormido. Decidió rememorar en voz
baja el resto de la historia de cómo se conocieron.
Terminó el concierto y nos sentíamos
poseídos. Mi amigo estaba impresionado con la actuación y no se arrepentía de
haberme acompañado a pesar de que sin pretenderlo, había terminado hablando más
con una desconocida que con él, que siempre me había aguantado mis dudas,
temores y hasta compartido mis sueños. Te miré y sonreí. Como la primera vez en
el vagón. No sé por qué pero sentí que algo diferente había recorrido mi cuerpo
por dentro. Más no me dejé llevar por el impulso primario y no te besé aquella
noche. Aunque tuviera que hacerlo o me muriera de ganas. Luego dormiríamos en
el tren de vuelta. Ese tren que estuvimos a punto de perder. ¿Te acuerdas? Mi
amigo casi acaba conmigo porque si no volvíamos a Barcelona según lo previsto,
su novia sería el que lo mataría… Sí, ella siempre ha tenido mucho carácter. Ya
te acuerdas de su boda, ¿no?
Es en ese momento baja
tanto el timbre de su voz que ya no puede disimularlo. Se seca las lágrimas con
un clínex y vuelve a ponerse de pie.
- Luego sigo
preciosa. ¿Ok?
Ella dormía profundamente
y apenas se podía palpar la respiración. Colocó su mano con dulzura sobre su ya
notoria barriga y acto seguido acomodó su oreja derecha sobre ella. Emanaba
mucha vida desde allí dentro. Lágrimas bañadas en felicidad y tristeza
caminaban sin prisa pero sin pausa en sus marcados rasgos rostro abajo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario