18.1.14

La pianista (II)

10 años después de aquel concierto recuerdan lo sucedido. Apenas llevan casados un año y ella está embarazada de casi 32 semanas. Está estirada en una cama de hospital, con aspecto pálido y dificultad para reír como antes. Aquella sonrisa del primer día ya hace unos cuantos días que no la exhibía. A su lado, él está sentado. Le aprieta la mano con fuerza y le asegura que todo saldrá bien. Ayer supieron las últimas novedades de la criatura que llevaba dentro. Todo estaba aparentemente bajo control. La futura niña parecía crecer dentro de su madre con muchas ganas por vivir. Ella se encuentra cansada y débil. También dicen que el parto puede ser cuestión de días e incluso horas. No llegaría a los 9 meses.

¿Te acuerdas cómo ibas vestida el día del concierto? –había empezado él.
- Cómo quieres que me acuerde, cariño. Qué preguntas siempre… Tan raras.

A ella le costaba terminar las frases. Se esforzaba y dejaba escapar un halo de suspiro y algo de frustración. Recordaron las miradas cruzadas en el vagón, la primera conversación y cuánto vibraron con cada uno de los temas de Linkin Park. Hasta llegar al momento de In The End, la canción favorita de ambos. Ese instante de éxtasis en el que ella le contaba en medio de un ambiente atronador anidado entre riffs de guitarra y sonidos electrónicos que tocaba el piano.

- ¡Algún día tocaré In The End para ti!
- ¿Cómo?
- ¡Qué tocaré In The End en piano para ti! ¡No lo olvides!

Entonces ella dejó escapar esta vez sí una leve mueca alegre, sin esfuerzo. Y centró su mirada en los oscuros e impenetrables ojos de su chico, que la observaba atentamente sobre su regazo. 

- Te quiero –trazaron sus labios.
- Yo también. Todo irá bien. Seguro… 
No lo sé, no lo sé…

La Luna se iba acercando sigilosamente al ventanal de la habitación. Él se asomó un rato, fijando la vista en el horizonte que se perdía más allá del mar. Cuando se giró de nuevo, su mujer se había dormido. Decidió rememorar en voz baja el resto de la historia de cómo se conocieron.

Terminó el concierto y nos sentíamos poseídos. Mi amigo estaba impresionado con la actuación y no se arrepentía de haberme acompañado a pesar de que sin pretenderlo, había terminado hablando más con una desconocida que con él, que siempre me había aguantado mis dudas, temores y hasta compartido mis sueños. Te miré y sonreí. Como la primera vez en el vagón. No sé por qué pero sentí que algo diferente había recorrido mi cuerpo por dentro. Más no me dejé llevar por el impulso primario y no te besé aquella noche. Aunque tuviera que hacerlo o me muriera de ganas. Luego dormiríamos en el tren de vuelta. Ese tren que estuvimos a punto de perder. ¿Te acuerdas? Mi amigo casi acaba conmigo porque si no volvíamos a Barcelona según lo previsto, su novia sería el que lo mataría… Sí, ella siempre ha tenido mucho carácter. Ya te acuerdas de su boda, ¿no?

Es en ese momento baja tanto el timbre de su voz que ya no puede disimularlo. Se seca las lágrimas con un clínex y vuelve a ponerse de pie. 

Luego sigo preciosa. ¿Ok?

Ella dormía profundamente y apenas se podía palpar la respiración. Colocó su mano con dulzura sobre su ya notoria barriga y acto seguido acomodó su oreja derecha sobre ella. Emanaba mucha vida desde allí dentro. Lágrimas bañadas en felicidad y tristeza caminaban sin prisa pero sin pausa en sus marcados rasgos rostro abajo. 

No hay comentarios: