A veces no te das cuenta. No eres consciente hasta que lo has perdido, hasta que no lo sientes cerca. Y echas la vista atrás, de un relampagazo. Y se suceden miles de instantáneas que son imposible de condensar en unos pocos segundos. Destellos que iluminan tu alma y te sacuden de forma brava los sentidos. Tu corazón da algún que otro brinco sobresaltado, como aquél que con ahínco anhela lo vivido. Recuerdos recientes que ya no volverán a ser nunca igual. Saber que lo que rememoramos no es exactamente idéntico a lo que vivimos. Pero somos capaces de retener y mantener el olor y el sabor de entonces; lo que éramos capaces de palpar con nuestras manos.
Al acariciar tu fina piel y sentirte tan cerca al abrazarnos era consciente de que nada más importaba. Sólo tu y yo, nosotros juntos. Lo que me perdía cuando me iba por otros senderos que conducían a lugares desagradables, a los que nunca apetece volver. Nunca es tarde para darse cuenta de verdad de lo afortunado que uno es teniendo cerca alguien a quien realmente se aprecia. Nunca es tarde para saber que al otro lado hay alguien que también te aprecia. Pero es algo que no se logra por sí solo. Es preciso cocinar día a día para que cada sentimiento, cada encanto, cada momento de felicidad, esté en su punto. Que no se pasen los ingredientes.
Porque a veces uno sólo se da cuenta de lo que quiere cuando siente que ya no lo tiene cerca suyo. Cuando no lo siente como algo de su vida. Cuando al estar en plena soledad recuerda de forma imperfecta todos aquellos instantes en los que parecía que el universo se detenía y todo parecía girar a su alrededor. Y sí, no se trata de que el mundo gire a tu alrededor sino de que todo simplemente gire, de hacer mover las cosas. De hacer que la fuerza de la vida y el amor sean tan poderosas que el mantenimiento de la felicidad sea una realidad muy presente. Y soy consciente -afortunadamente- de que mi vida es más emocionante y bella que antes. Porque me apetece menos recordar el pasado y porque imagino con magia e ilusión el porvenir más alejado. Pero sobre todo porque siento que debo disfrutar el presente y cada segundo como si fuera el último de mi existencia. Porque no siempre se puede decir que la vida te ha cambiado y a mejor.

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