21.10.10

Naturaleza sexual

Llegaba la hora de descansar. A su lado aquél hecho no era nada banal. Todo lo contrario. Poderla abrazar, poder fundirse con ella en un suspiro de eternidad. Si sonaba algo de música, como aquellas baladas suaves que rezan en los bailes de boda, entonces aún la belleza y la simetría invadían en mayor medida los rincones de la casa. Después del abrazo, un beso de buenas noches y tratar de dormirse estirado hacia arriba. Los cuerpos se rozan mientras los sueños individuales se desarrollan paulatinamente y llegan a condensarse en uno sólo. Ambos lo comparten, son los protagonistas absolutos y la respiración se acelera de forma persistente. Llegan a hacer el amor en sueños. No hace tanto que lo habían hecho de verdad, en carne y hueso, justo antes de fundirse en aquél eterno abrazo.

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