Había pasado todas las semanas demasiado liado con los preparativos como para pensar a fondo sobre el paso tan importante que iba a hacer con su vida. Estaba comprometido. Quería a su novia, aunque nunca se preguntaba si lo suficiente como para casarse. Una cosa había llevado a la otra y allí estaba, en la víspera del gran día, sin poder echar ojo.
Al día siguiente, la tarde cayó inevitable. Llegaba el momento de unirse para siempre en aquello de 'hasta que la muerte os separe'. El sacerdote era amable y nada carca. Se agradecía en el ambiente. El prometido, sin embargo, no dejaba de mirar de reojo a su chica al tiempo que disimulaba como reparando la atención en las pinturas murales retocadas del frontal. Siempre le había seducido el arte románico. Tanto que si por ella hubiera sido, se habrían casado en Santa Maria de Taüll.
Él se impacientaba, muy nervioso. Le oprimía agresivamente el nudo de la corbata y se sentía incapaz de salir de su propio laberinto mental. Todo en su cabeza: las dudas, los miedos, las esperanzas frustradas, su pasado, su anhelo. Todo. A su lado estaba de blanco radiante e impoluto aquella con quien se había comprometido. Pero cuando llegó la hora de expresar el 'sí, quiero', el joven decidió dar un giro radical a su vida y se marchó corriendo. Como no lo hacía desde el colegio. Nadie le hubiera podido parar.
Al sentir las primeras bocanadas de aire fresco en su rostro optó por quitarse la corbata oscura y dejarla en medio de la carretera. De la nada. En el olvido. No quiso mirar atrás. Solo tenía en mente un pensamiento. Y estaba convencido de ello. Poseído por un sueño. Una ilusión de juventud que nunca había podido enterrar de verdad. Quería hacerlo. Allí dónde ella estuviera, iría para encontrarla.
Se marcharía para ir en búsqueda de su primer gran amor. Aquél que nunca olvidó. La princesa que más amó. Quizás era tarde pero algo le decía que ella también seguía enamorada de él. Así se lo decía el corazón. Porque si algo sabía en aquellos momentos es que él la quería con locura. La amaba. Como si el tiempo no hubiera transcurrido desde la última vez que se habían visto.
Para aquellos que en la vida han cometido o vayan a cometer actos puramente por amor. Liderados por una pasión irracional que nos dicta el corazón. Cuando amamos a alguien por encima de todas las cosas.

2 comentarios:
Lo que más miedo da en el amor es que se vuelva frío y pierda la pasión. Dicen que acaba cambiándose por respeto mutuo, convicencia, etc.. triste ¿no?
Exacto. Siempre he creído que sin pasión no hay amor. Sin pasión no hay nada, básicamente.
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