14.5.11

De una mirada


He contemplado bellos atardeceres pero ninguno como tu mirada. Cálida, acogedora. Me abrazaba a ella con suavidad antes de recostarme. Buscando entrar en el mundo de los sueños. Un refugio. Mi segunda casa.

Estaba amaneciendo y he vuelto a encontrarme con esa mirada. A punto de desprender algunas lágrimas, he alzado la vista al cielo, donde hacía poco habían estado reinando las estrellas. Firmamento raso, azulado intenso. No lograba descubrir dónde se escondía la Luna. Ni rastro de su sombra.

Al sentir con mis manos el tacto frágil, sedoso y aterciopelado de las sábanas, he caído rendido. Con el último pensamiento del día que acabaría siendo el primero del siguiente.

Cuando todo empieza y termina con una mirada.

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