8.5.11

De escalas y los puertos


La vida es una navegación continua. Desde que nacemos hasta que físicamente dejamos de ser percibidos. En las primeras etapas, cuando somos pequeños, contamos los más afortunados con una brújula con la que guiarnos por los distintos caminos y trayectos. Son nuestros padres. Ellos son capaces de orientarnos y educarnos, como nuestros profesores, para que el día de mañana podamos seguir navegando con el rumbo que decidamos, sin ayuda alguna de forma imprescindible.

Uno de los cambios más importantes cuando ya empezamos a aprender a movernos solos es cuando nos gusta alguien. Mejor dicho, nuestro cuerpo e impulsos nos hacen ir hacia aquí o hacia allá, sin mucho más orden que el dictado hormonal. Lo pasional gana bastante terreno a lo racional y lo esperado. Tu vida y tus gustos se vuelven más caprichosos y refinados. Y decides poner rumbo hacia algún destino en concreto. Son las personas que te van a marcar de verdad. Puertos esenciales en la vida de uno en los que echamos el ancla más o menos tiempo. Si la aventura dura mucho y la pasión es recíproca, incluso puede ser para siempre. Tu corazón habrá elegido asentarse en un puerto que merece la pena. Para toda la eternidad.

Sin embargo, si la felicidad compartida en esos destinos no puede durar para siempre o al menos, solo de forma temporal, vas a seguir navegando, partiendo hacia otro lugar. No tendrás ganas al inicio de volver a permanecer mucho tiempo en el mismo sitio así que seguramente irás haciendo escalas durante el viaje. Esas escalas son personas que marcan una transición, un punto de inflexión entre las distintas etapas de felicidad de tu vida. Sin ellas es imposible volver a elegir un buen destino, consciente o inconscientemente. Sin ellas en algunos casos no te darías cuenta de que aquél puerto que abandonaste era el ideal. Que nunca debiste haber marchado de allí. En el amor, con la pasión de por medio, nunca es tarde. Porque allí donde quedaron cenizas siempre puede renacer el fuego.

Las escalas en nuestro trayecto vital son fundamentales. Quizás pienses en ocasiones que son más bien nuevos destinos fijos en los que establecerse con carácter continuo pero su labor es mucho más importante ya que te ayudan a conocerte más a ti mismo. Son personas que se cruzan en tu camino, algunas de forma inesperada sin que lo adviertas, otras ya estaban pero no reparabas en ellas, y aunque no vayan a ser aquellas con las que pases el resto de tu vida, aprehenderás mucho, lo suficiente como para seguir moviéndote entre los cauces de tu corazón y alma.

Quien más quien menos habrá llegado a algún puerto definitivo en sus vidas, un lugar donde haya sido muy feliz por el tiempo que allí transcurrió. Cuando la vida se viste de color alegre, no cuentan los minutos ni preocupa el espacio. Otros tantos estarán bien asentados en alguno de esos puertos, sus destinos vitales, en este mismo instante. Deseando que sea para siempre. Y, mientras, otros estarán navegando haciendo escala en distintos puntos, aprendiendo a desaprender y conociéndose más a ellos mismos.

Porque no habrá puerto sin escalas, ni escalas si no existiera puerto alguno por los que movernos y guiarnos a cada latido de nuestro corazón.

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