No era exactamente el mismo estadio que en 1966 encumbró a la Inglaterra de Bobby Charlton. Ni el mismo escenario que elevó al Barça a la gloria en 1992 con la primera Copa de Europa de la historia. Habían tenido que pasar 92 años para alzar ese trofeo. Pero seguía siendo Wembley. La Catedral del deporte del balón a ras de suelo. Y qué mejor alegoría: no había mejor equipo sobre la faz de la Tierra para ejemplificar, pase a pase, metro a metro sobre el prado verde, esta epopeya futbolística. Porque el Barça ayer lo bordó, de nuevo, en terreno sagrado.
La tercera Champions en 6 ediciones es ya una realidad. 2 de 3 para Guardiola, un amante y un romántico del fútbol que creyó desde bien pequeño en la poesía del esférico. De jugador aportó muchísimo a este deporte como figura privilegiada del 'Dream Team' dirigido por Cruyff. Aquella generación edificó las bases del presente tan esplendoroso que está viviendo el club azulgrana. El gol de Koeman en ese mágico e inolvidable 20 de mayo de 1992 supuso el fin de un estigma. Desembarazarse definitivamente del mito de que no se podía conquistar la llamada 'orejuda'.
Hoy, Guardiola y los jugadores que dirige han llevado aquél ideario de Cruyff al siguiente nivel. El preciosismo y la estética convertidos en fútbol. Pura literatura poética. 90 minutos en que cada jugada trenzada, cada combinación, es un conjunto de estrofas repletas de pura armonía. Verso a verso, pase a pase. El Barça hechiza a su rival con la posesión. Quizás como dice Lillo, si se jugara con dos balones el Barça tendría ambos en su poder. Y no solo es lo que hacen con el balón sino fundamental, cómo trabajan sin él. Una auténtica manada de lobos hambrienta y sedienta que presiona muy arriba. Un trabajo y desgaste físico unido a una convicción y un compromiso brutal. Una preparación esencial.
Y ayer la historia comenzó como en Roma hace dos años. El ManU presionando de lo lindo, agobiando e imprimiendo un ritmo e intensidad brutal. 10 minutos para dar la bienvenida a una final que sería ya para siempre apoteósica. Xavi e Iniesta empezaron a oxigenar la salida desde atrás apoyando la primera línia de creación y Messi comenzó a danzar entre línias y en todas las direcciones con total libertad. Ahí se demostró la valentía de Ferguson al prescindir de un centrocampista más en pro de un segundo delantero junto a Rooney. Se sometía a la superioridad en el centro del campo por parte de los azulgrana. Ya no habría vuelta atrás. Así las cosas, el show lo estrenó Pedro, convirtiéndose en el primer jugador español en la historia del Barça en marcar en una final de Copa de Europa. Pero Rooney, en la única jugada real de peligro de los 'red devils' en la primera parte, marcó un golazo de categoría. Y sí, venía precedido de fuera de juego.
Tras el descanso, al que se llegó con el empate a uno, el Barça puso rumbo a la perfección. Con una continuidad asombrosa y casi excepcional, difícil de ver en finales de ese nivel, llegaban las finalizaciones una tras otra en la portería del veterano y tremendo portero Van der Sar, que dijo adiós con una derrota a su carrera pero con un currículum envidiable e impecable. Un caballero del fútbol mundial. Messi aprovechó la ocasión para una vez más, situado entre línias, ver algo descolocado al holandés y perforar la red con un disparo potente pero ciertamente centrado que justo botó antes de entrar en la portería. Un chute de pura pasión y de rabia, como su celebración con el micrófono de la esquina. Messi estaba desbocado, poseído. Un reflejo de cómo jugó toda la final. Hizo lo que quiso y cómo quiso. Una exhibición a nivel individual en un estadio y evento únicos. Fue legido mejor jugador de la Final y termina la temporada con 53 goles, su mejor registro. En junio cumple los 24 años...
Pero un auténtico jugadorazo como el argentino necesita de compañeros como dos de sus mejores socios en el juego del Barça: Xavi e Iniesta. El de Terrassa estuvo soberbio e impecable, oxigenando en la construcción y ofreciendo siempre la mejor opción. Como el manchego, puro talento e inteligencia sobre el campo cuya intuición le hace adelantarse a la jugada con maestría y belleza plástica. No solo ellos, todos los que participaron ayer estuvieron fantásticos. Busquets se volvió a coronar como uno de los mejores pivotes sino el mejor. Mascherano como central dió la razón a un Guardiola que obligado por las circunstancias a lo largo de la temporada confió en él como guardián defensivo junto al majestuoso Piqué. Ambos imprescindibles en la salida de balón. Y Valdés, con quien el Barça nunca ha perdido una final en la era Guardiola. Alves, más centrado y ordenado que en otros partidos, fue un puñal constante sobre Evra, que no podía sino verlas venir. Ahogado. El 'guaje', autor del tercer y definitivo gol, una auténtica obra de arte directa a la escuadra para poner el broche dorado a la final, desmenuzó la espalda de la defensa rival con su continua movilidad sin balón en diagonales que sirven para generar espacios libres a Pedro, Messi y la segunda línia. El propio Busquets, asistente de su gol...¡estaba entonces dentro del área del ManU! Sin embargo, y por eso lo he dejado para el final, uno de los grandes protagonistas de la noche fue Abidal. De superar un tumor a ser titular en Wembley y tener el honor de levantar la cuarta Champions al cielo londinense. Un gesto que simboliza la calidad humana del Barcelona. De aquél mensaje de 'més que un club'. Puyol le cedió el brazalete y le permitió de esa forma ser el encargado de izar la copa. Increíble. Era el triunfo no ya del fútbol sino de la vida misma. De la superación. Todo un ejemplo de lucha. El propio Puyol no quiso olvidarse de Miki Roqué, futbolista del Betis que ha sufrido algo similar a Abidal y lleva apartado de los terrenos de juego muchas semanas.
Faltaba un cuarto gol, que Iniesta tuvo en sus botas al final, para rubricar algo histórico y que se hubiera asemejado mucho a la final de México 1970 entre Brasil e Italia. En cualquier caso, como aquella Brasil de Pelé, Jairzinho y compañía, el actual Barça ya es un equipo de leyenda. Muchos de sus jugadores como Valdés, Xavi, Iniesta o Messi ya han conquistado tres Champions League. Son palabras mayores.
Solo el tiempo nos dará el alcance y la dimensión adecuada sobre todo lo que está consiguiendo el Barça en los últimos años y en especial desde que Guardiola tomó las riendas del primer equipo. La gloria es eterna ya para equipos como el de ayer que logran entre otras cosas poner de acuerdo a toda la prensa nacional y mundial. La eternidad aguarda a una generación de leyenda y a un equipo como el Barça en el panteón del fútbol europeo con cuatro Copas de Europa, igualando a dos mitos como el Bayern de Munich o el Ajax del idolatrado Cruyff. El entrenador que sentó las bases en can Barça y que Guardiola ha llevado al siguiente nivel. Al arte y la poesía convertidos en fútbol.
Porque como en 1992, todos los caminos culés llevan a Wembley.

No hay comentarios:
Publicar un comentario