22.8.10

Dolor de cabeza


Me duele la cabeza. Quizás es por no dormir lo necesario. De pequeño a la mínima que entraba algo de luz en la habitación me levantaba e iba a mis padres con la excusa de que ya era de día. Aunque apenas fueran las 8, si es que llegaba. Eso en fin de semana, después de trabajar de lunes a viernes, no les hacía mucha gracia a mis padres. Pero era pequeño...por eso siempre me cuentan que entonces pensaban aquello de "ojalá seas mayor para poder dormir y descansar más". Ahora ya no les 'echo' de la cama -sólo faltaría- pero no soy de dormir mucho. Una madre del fútbol me preguntó si dormía poco y al contestarle que normalmente sí, que eso explicaba porque solía estar siempre tan serio y parecer borde o distante en las primeras impresiones. Que su marido tampoco dormía demasiado y eso le condicionaba en ocasiones el carácter, bastante serio.

Pero ahora me duele la cabeza. Es realmente incómodo. Pero es la noche y me apetece escribir. En la cama no estaría menos intranquilo. Se agradece poder recurrir al aire acondicionado en noches así con la calor y la humedad reinando a todos los efectos. Mi habitación es la habitación de los contrastes: en invierno te mueres de frío y en verano te asas. La calefacción en seguida hace acto de presencia por las noches, en las que siempre me ha encantado acostarme enroscadito como una momia, tapado. Imagino que lo de dormir tapado esconde una fobia a la oscuridad que tenía cuando era más pequeño. Aunque siempre es algo que me da respeto, lo reconozco. La oscuridad, la soledad y la muerte. Para aprovechar al máximo la vida hay que saber aceptar la muerte, pero eso no resulta sencillo. Y sentirse sólo o directamente estar sólo es de lo más duro y triste que existe. Una auténtica tragedia, es inhumano.

En estos momentos me sentía necesitado y por eso he venido aquí. Es como mirarse al espejo uno mismo, pero en lugar de ver tu cara lo que ves es el alma, tu interior. No te das cuenta y ya llevas un par de párrafos. Me duele la cabeza, me siento intranquilo y cuando me vaya a dormir no seré el mismo niño que se tapaba por miedo a la oscuridad, a lo desconocido. Pero aún menos me pareceré a ese niño cuando me levante, ya sea con las primeras luces del día ya sea a las diez y media. Sigo oyendo la misma canción de todas las noches de estas últimas semanas pero hoy algo distinta. Donde no lleguen los sentidos, llegará algo más. Ese algo que sin avisar nos arde por dentro y nos lleva a lugares y terrenos antes inexplorables. Ese mismo algo que nos hace saber sin saber por qué y soñar despiertos. Ese algo que alimenta la esperanza de que todo irá bien. Ese algo que sinceramente echo mucho de menos ahora mismo, en este preciso instante.

Fugaz, eterno, como la vida misma.

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