2.8.10

Estocada final


El pasado miércoles el Parlament de Cataluña aprobó la prohibición de las corridas en dicho territorio. Siendo plenamente consciente de que es un tema francamente delicado y que puede alimentar sentimientos de todo tipo voy a tratar de expresar mi opinión respecto a ello.

Nunca he asistido a ninguna corrida, no soy un aficionado taurino y únicamente he visto en directo algún encierro en pueblos tan ilustres de Castilla y León como Íscar o Coca, ya hace unos 5 años. Reconozco que he visto alguna por televisión, por pura curiosidad y vago entretenimiento. Y me han contado algunas personas relativamente cercanas que ver a José Tomás torear es algo impresionante. Que sería algo así como ver a Iniesta con una pelota de fútbol en un estadio para los amantes de tal evento. No me gustan los toros, dicho coloquialmente.

Hecha la introducción más personal, tiene mucho mérito que una ILP (Iniciativa Legislativa Popular) haya superado todas las barreras democráticas, además de lo empíricamente incuestionable de las miles y miles de firmas. Es digno de reconocimiento y constituye una movilización popular casi sin precedentes en cierto modo. Existe una base real de ciudadanos en Cataluña que se opone al mundo de los toros y esto es totalmente respetable. Pero también está la otra cara de la moneda: la parte de la sociedad que acude a disfrutar de las corridas y que vive directa o indirectamente de este mundo tan peculiar y distintivo. Creo que también se debe respetar, lógicamente, a estas personas que aman todo esto. No deja de ser un ejercicio de la libertad el ser ganadero, torero, acudir un domingo a la Monumental, etc.

Entonces llegamos al miércoles pasado y es evidente que la prohibición fue de carácter político, como todo lo que atraviesa el Parlamento mediante votación. Pero tampoco debo parecer tan cínico...no se debe obviar que una parte importante de la sociedad catalana mostró el rechazo ya antes y desde hace muchos años. Con todo, el resultado de la votación estuvo probablemente marcado por el lamentable recorte del Estatut, por la estrategia de CIU pre-electoral de parecer un partido pseudo-independentista para robar electorado a ERC y por los sueños de grandeza de éstos últimos. Para los nacionalistas e independentistas catalanes, sobre todo los más radicales, los toros son vistos como un elemento español, no catalán, y más allá de que ello sea más que discutible y falso, han querido simbólicamente demostrar con su apoyo a la prohibición que están apostando por algo esencialmente catalán y así separarse, a su manera, de España. No es de extrañar en este sentido que aún no se hayan prohibido los famosos correbous de les Terres de l'Ebre.

Sin embargo, dejando de lado la vertiente política, imprescindible para la eventual prohibición, los argumentos de la parte de esa sociedad civil que se opone a las corridas son muy válidos y comprensibles. Por razones éticas defienden la protección del animal, que se ve obligado a una especie de tortura y salvajada en el ruedo para el deleite de muchos. Es verdad que las corridas, este mundo de los toros, no parece digno ni apropiado en la civilización del siglo XXI, pero tampoco creo que la mayoría de aficionados taurinos acudan a las plazas a ver simplemente como un animal se desangra. Comprendo más fácilmente que para muchos sea una actividad despreciable y repugnante que para otros sea concebido como un espectáculo o como ellos mismos califican de "arte".

Dicho lo cual pienso que no se deberían haber prohibido las corridas en Cataluña porque supone una imposición en tanto que restricción de la libertad para una parte de la sociedad. Y que actividades tan poco humanas como el toreo al fin y al cabo deberían caer por su propio peso en las democracias actuales donde deben predominar las libertades y los derechos civiles por encima de todo, así como el respeto por las minorías. Aún siendo algo cruel y realmente desagradable, aún me parece algo más lamentable tener que llegar al extremo de la prohibición, aunque entienda que en ocasiones se necesitan empujones legales para lograr según qué fines.

Me parece admirable la capacidad de movilización de los anti-taurinos y patética la politización del asunto de los nacionalistas. Lo siento por los pro-taurinos que parece que desde 2012 no podrán seguir disfrutando como hasta ahora de su mundo en Cataluña. Quizás ha sido la muerte prematura de algo ya anunciado, la estocada final a uno de esos sectores que aparecía discordante con la evolución más humana. Pero no hemos de olvidar que pocas cosas existen tan inhumanas como la prohibición y la limitación de la libertad, y que a veces el debate plural, la discusión democrática y la reflexión pueden llevar a la misma meta pero por un camino ajeno a la prohibición.

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