23.12.10

De paraguas

Paraguas que se cruzan. Que se encuentran y se conocen pasado el tiempo. Lluvia que los invita a salir, a remojarse para desde vistas privilegiadas otear el horizonte urbano. Sienten tal sensación de placer que llegan a cobrar vida propia. Algunos incluso se olvidan de que tienen propietario. En otros casos, el 'amo' es el que luego no se acuerda de ellos. En otros casos por no decir a un servidor.

Sí. Quizás uno tiene un problema. No muy serio pero al fin y al cabo curioso. Como aquello que me solía suceder cuando estando en casa. Me iba a duchar y nunca me acordaba de coger la toalla. Siempre la mar de feliz bajo el chorro del agua caliente -vale, en invierno muy caliente- y de pronto al cerrar el contacto uno se cercioraba de que la toalla cuando más se necesitaba no estaba en su sitio. Uno maldecía su cabeza y entonces tocaba recorrer el pasillo en su busca. Quizás había un trasfondo de inconsciente exhibicionista o anhelos de actuaciones eróticas o por qué no, pornográficas. Sí, exagero. Volvamos a lo de los paraguas.

A inicios del presente año que agoniza. Un paraguas. Quiero decir, el paraguas. En cada familia cada uno tiene asignado en principio uno distinto. Pero cuando no los sientes realmente tuyos, no llegas nunca a quererlos. Imposible, por tanto, que ellos también te cojan cariño. Era un enero lluvioso semana tras semana y una de aquellas tardes perdí mi paraguas. Ni siquiera sabía cómo se llamaba. Creo que lo extravié en la biblioteca aunque recordaba haberlo llevado a clase por la tarde. En la biblioteca no aparecía y en clase al día siguiente solo estaba haciendo acto de presencia la humedad. Pensé por el lado optimista que lo acabaría recogiendo la futura madre de mis hijos. Cierto, influencia de HIMYM. Era negro, eso lo recuerdo perfectamente...

También era de tal color el otro. El que vino después. Pero ese está protegido. Deliberadamente lleva viviendo en otra casa durante algunos meses ya. Llovía a cántaros ese día en que celebrábamos algunos cumpleaños. Una noche de fiesta en toda regla en la que pese al temporal que arreciaba con vehemencia, los paraguas no deben ser protagonistas esenciales. Sí, son enemigos de las celebraciones. Son sobrios, calmados y cargados de mucho orden y templanza. Apenas pude compartir momentos especiales con él. No demasiadas gotas importantes las que deslizó sobre su entramado de tela, su propia 'piel'. No lo recuerdo apenas. Pero algo me dice que está bien. Vendrá solito en busca de su 'amo' algún día, sin duda.

Entonces había que buscar sustituto. Por si acaso. No vaya a ser que en la Ciudad Condal le diera por llover bastante. Como así exactamente está ocurriendo estos días. Sí, vuelve a ser negro. ¿No lo son todos los de caballero? Ha vivido ya algunos entrenamientos aunque a los partidos opto por no llevarlo. Prefiero eso tradicional de capucha, si es que me acuerdo de ponérmela en plena ebullición del juego. Si no, una ducha con agua de la naturaleza directamente no viene mal a la cabeza. El cabello luego está atractivo y todo. Eso dicen. Pero ayer volví a sufrir un ataque. El problema. Después de la cena de entrenadores, cuando nos disponíamos a brindar algunos chupitos en grata compañía me doy cuenta de que -en efecto- me he dejado el paraguas en el bar. En el Soto. Al día siguiente tocaría ir a recogerlo aunque diera 'palo'. No se puede ir extraviando paraguas así como así por la vida, me recordaba algún ser superior al oído. A no ser que fuera mi padre, que se ofende tradicionalmente más por mis descuidos mentales con los paraguas que mi madre.

Este mediodía he ido y allí estaba. Me lo habían guardado amablemente. No podía ser que en menos de un año hubiera dejado a tres de la especie por allí repartidos, al libre albedrío. Creo que pueden acabar sobreviviendo conmigo. Hoy llovía, pero mientras iba a por él ha parado. Luego las inclemencias meteorológicas han vuelto a cubrir el cielo barcelonés. Y he pensado que podría escribir sobre ellos. Qué emoción, desde luego.

Paraguas que se cruzan y se conocen pasado el tiempo. Paraguas que se extravían, con vida propia.

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