14.3.10

Gran Nevada... de verdad


No fue una premonición ni una especie de Flash Forward mi última entrada (que por cierto está al volver, la serie), sino una casualidad. La gran nevada del lunes, tremenda se mire por donde se mire... sacudió Barcelona de arriba a abajo. Sí, abajo también, orilla la mar. La universidad llegó a convertirse por la tarde en un escenario bélico en el que las bolas de nieve ardían en todas las direcciones. Tras las clases tuve la suerte de caminar sobre la playa nevada, una sensación agradable no solo porque se andaba mejor por ese terreno que por las aceras sino porque quién sabe hasta cuándo habrá que esperar para poder contemplar algo semejante.

Todos, pasados los años, tendremos nuestra propia vivencia de cómo transcurrimos aquél 8 de marzo de 2010. Más allá del romanticismo y la belleza poética que por sí solos recogen los copos, la ciudad llegó a colapsarse a exepción del metro, y conozco más de un caso que no pudo dormir en su hogar como de costumbre. De si se podía haber prevenido mejor, no me cabe duda. Es cierto que los pronósticos no eran tan extremistas en este sentido pero se preveía un temporal importante de frío para la semana entrante, como así ha resultado.

Las manos apenas las sentía parte de mi cuerpo. Además, con escasa fortuna, sucumbí con los dos pies en un falso llano de escarcha y de allí mismo emergieron de nuevo aquello que siempre he creído eran mis pies de atleta. Congelados no, lo siguiente. Petrificados y ajenos a mi organismo.

Fue increíble la sensación que me recorrió la piel al llegar al barrio. Nunca, ni en sueños, podría haber imaginado una estampa similar. De noche; la salida del metro cubierta de blancura; equilibrando la marcha para no sufrir un traspiés; ramas que se amontonaban para dificultar aún más la misión de llegar a casa. Era como si hubiera venido alguna especie de divinidad superior a cambiar por algunas horas el paisaje habitual. Eso fue en realidad lo que sucedió en toda la capital y gran parte de Cataluña. Porque tan rápido vino la nieve como al día siguiente se esfumó en su totalidad prácticamente. Eso sí, en partes de Girona aún hoy muchas familias se encuentran sin luz. Lamentable.

Fue un día que por sí solo pasará a la historia. Nos acordaremos seguramente de él como la gran nevada del 8 de marzo. Pero Barcelona no fue la única ciudad que se congeló durante horas. Dos días después el Madrid sucumbió por sexto año consecutivo en Octavos de Final. La tragedia está muy viva para muchos, pero al fin y al cabo el fútbol una vez más demuestra ciertas lecciones de humildad en las que el dinero por sí solo no convierte a un grupo de grandes jugadores en un gran equipo (también es cuestión de tiempo y paciencia). La historia la escriben los vencedores, y en una Champions League cuya final se disputa en el Bernabeú,el Madrid no será protagonista de ella.

Ahora están preocupados por si el Barça la gana en su santuario. Es complicado pero todo es posible.

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