14.3.10

Noches como la de Hoy



En el silencio de la noche te encuentras más acompañado que nunca. Es una energía, una fuerza sobrehumana que se desliza por todo tu cuerpo. Pica aquí y allí sin parar, arrasando con todo signo de flaqueza y debilidad.

Son días de esfuerzo, sacrificio. No vale rendirse.

Sin lo vivido en las últimas semanas seguramente estas palabras no se irían sucediendo. De repente es como si todo cambiara. La melodía, los instrumentos. Te miras al espejo e incluso ves reflejado a otro intérprete distinto al que empezaba el trimestre como uno más, sin ningún motivo en especial. Antes no era aburrido, simplemente era banal. Los días transcurrían sin ningún tipo de magia y el decoro era el mismo de siempre. Apenas me esforzaba por pintar o cambiarlo, ni que fuera en pequeñas dosis. La creatividad y la originalidad para reinventarse a uno mismo brillaban por su ausencia. Inercia vital. Como escribí en su momento ya en verano..."somos animales monótonos y solo unos pocos tratan de reinvertarse su vida y a sí mismos".

Entonces como por casualidad parece que amanece más temprano, que la luz en los días se alarga esplendorosa, y que la luna asoma tras el horizonte siempre que la necesitas. Duermes menos pero te sientes más vivo, descansado, realizado. Accidentes afortunados, no previstos, que aparecen raras veces en la vida y que sería triste y cobarde dejarlos pasar. En cualquier momento, en cualquier lugar, los astros se alinean caprichosamente para dibujar bellamente nuevos páramos. Coincidencias, destinos encontrados, palabras cruzadas, más de un pensamiento simultáneo...

Nunca me había considerado alguien demasiado despistado, aunque empecé el nuevo año con mala fortuna: el robo del iPod o el paraguas olvidado en la universidad. Y es que no pasa el día en que mi mirada involuntariamente cambie de rumbo hacia el exterior, esperando cualquier señal, cualquier acto fugaz que llene de sentido ese día en concreto y que sirva de motivo para seguir buscando la magia y la ilusión en los que están por venir.

Es como la Luna. Sabes que siempre está contigo aunque solo la puedas ver completamente de noche. Si uno lo desea y lo cree de forma convencida, puede observar su sombra alargada junto al Sol, jornada tras jornada. Quizás ella sea más héroe que nadie puesto que se atreve a desafíar a aquella que más temen los humanos: la noche. Allí donde todo parece oscuro y temible, ella extiende sus brazos, sembrando la cosecha de la esperanza y la felicidad.

En momentos como éste recurro a ella. Sé que en algun lugar me está escuchando, sino leyendo. Puedo imaginar hasta cómo se emociona por dentro y le penetra cierto cosquilleo de ilusión y alegría. Al final de todo acaba sonriendo, y esa imagen, ella con su bella sonrisa y algo colorada de cierta timidez, fija la eternidad y la transición del tiempo.

Noches como ésta son resultado de eventos no esperados. Son sucesos que residen aletargados en el fondo de nuestros sueños, donde yace el alma de la inconsciencia, hasta que reciben una señal improvisada y espontánea, sobre todo natural.

Porque son noches como ésta en que ella está ahí, durmiendo en la noche pero despierta, ávida de conocimiento y dispuesta a demostrar, velada tras velada que ella es la princesa con espíritu de reina que siempre se mostrará joven de alma y corazón. Al final de todo, quedará su sonrisa.

Un instante. Fugaz, eterno.

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