Estaba ayer en unos probadores de El Corte Inglés cuando sonaba la siguiente canción de Lady GaGa:
Me pasé todo el día tarareando el estribillo como un chiquillo emocionado, como quien come chucherías con una gula asombrosa. No dejaba de sonar en mi cabeza. Hoy también. Debe ser algo que yace en mi inconsciente, enterrado, lo que me lleva a estar enganchado a la melodía. La música tiene un punto irracional, pasional, tanto como el hecho de ponerse a hablar en plena lozanía de la noche sobre Van Gogh y Dalí. A un amigo y un servidor Dalí nos apasiona. Desde luego que la excursión con el colegio al Museo en su honor en Figueres fue de las que mejores recuerdos me traen ahora que han pasado ya unos añitos.
Cosas de la vida, reales pero curiosas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario