3.4.10

Sobre la distancia


Dicen que la distancia es el olvido. El olvido para el alma, tu corazón, tus sentimientos. La distancia en cuanto a lejanía como la que experimentaba en la infancia y lozana juventud: al terminar el colegio en junio, al volver del camping, al regresar del pueblo más adelante, de un viaje o unas vacaciones inolvidables, al terminar el año universitario...

La distancia es relativa. Muchas ocasiones eres incapaz de apreciar lo que tienes a tu lado, lo afortunado que eres. Y solo cuando pierdes aquello que tomabas por garantizado, realmente te das cuenta de cuánto valía todo ello. La distancia como lejanía, va acompañada de echar de menos, ese sentimiento implacable e inevitable en que tus pensamientos se funden en el alma de otra persona. Incluso a veces dos personas tienen el poder humano para echarse de menos en un mismo instante pese a estar separados por las barreras de la física. La mente tiene una capacidad asombrosa para empatizar y socializar. En el fondo echar de menos es buena señal. Es algo ineluctable producido porque las experiencias con la otra u otras personas han sido realmente satisfactorias. Al final el tiempo acaba poniendo las cosas en su lugar y te dará la oportunidad de reunir en un círculo muy cercano a aquellas personas más importantes para ti.

Sí que en algunas circunstancias existen distancias irrecuperables en la práctica del día a día: pensemos en un cambio de residencia hacia el otro lado del globo por motivos laborales, por ejemplo. Sería muy complicado ver cómo tu amigo, tu pareja, familiar muy directo... se embarca en algo así. Aún con todo y bajo un supuesto algo extremo como el anterior, la vida ofrecería nuevas vías y caminos para sobrellevarlo lo mejor posible. Si hay aprecio, estima y sobretodo, amor, todo en la vida es posible. Si fuera el final de una película romántica tendríamos en mente a ese hombre y a esa mujer que tras muchos años sin verse cualesquiera que fueran los motivos tras terminar sus estudios en la misma universidad, se reencuentran de nuevo para que de las cenizas donde hubo otrora fuego, resurja cuán ave fénix el amor. Y el happy ending al final de todo, valga la redundancia...

La vida, empujada por la inercia del tiempo, sigue y sigue para siempre. O hasta que decida parar. Si a caso no existe la inmortalidad del universo. Yo mismo como cualquiera de los que estéis al otro lado, a veces he dejado pasar el tiempo de tal forma que cuando decidí recuperarlo... ya era demasiado tarde. La dejadez es implacable en cuanto a su sino. Es algo irremediable que cuánto más se alarga más complicado es intentar volver atrás.

En mi caso afortunadamente mantengo alguna que otra relación de tiempos pasados, personas que fueron parte esencial de veranos o de años enteros, y que el paso de la vida nos ha ido colocando en lugares y caminos distintos, que aún de vez en cuando, menos de las que deberíamos (la mayoría de veces por eso, por dejadez individual), se cruzan para compartir como antaño. En cambio, otras personas con quienes las vivencias fueron más efímeras pero igual de intensas no hace tantos años, el destino volvió a separarnos. Como si de alguna forma todo aquello hubiera sido un espejismo, algo que tenía que ocurrir en casi un abrir y cerrar de ojos. Pero que no podía durar. Que llegaba la hora de volver y el mundo parecía que se acababa. Entonces, de nuevo aquí, en la distancia, al inicio intentas seguir más o menos igual, disimulando que existen como 800 km de separación. Y pasa el tiempo y anhelas menos pero aún sigues recordando. La susodicha dejadez se convierte en indolencia, y la vida sigue girando.

Quizás si las personas, por todas las partes involucradas, merecen realmente la pena (para lo que también se debe luchar, no llega por sí solo), no hay distancia ni impedimento que valga. Si la amistad y el amor, el cariño y la honestidad, son sinceros y bondadosos, alejados de la codicia del egoísmo y tu crudo solipsismo.

La distancia es inevitable, ineludible. Pero no debe ser un reflejo del olvido del alma, el corazón y los sentimientos. Debería ser una oportunidad, una ventana abierta a la esperanza de seguir cruzando destinos mútuos a cualquier precio, compartiendo experiencias y vivencias únicas y fantásticas, las cuales precisamente serían el mayor acicate para que cuando la distancia vuelva por sus fueros, se contrarrestre de la mejor forma posible. Dicho de otra forma, cuánto más intenso, vital y real es todo, más ganas se tienen de hacer frente a las dificultades que la vida nos plantea. Porque el ser humano es, al fin y al cabo, un auténtico maestro a la hora de superar como nadie las altas y sólidas barreras de la divina Naturaleza.

Esta entrada va dedicada en especial a todos aquellos que seguís, sea con la frecuencia que sea, este blog. Porque aunque precisamente estemos separados por una distancia física inevitable, cada vez que al otro lado alguno de vosotros decide emplear parte de vuestro tiempo en este espacio, la distancia es inexistente. Mis palabras llegan a vosotros y todas las partes compartimos sensaciones, sentimientos, puntos de vista... Porque es de agradecer saber que al otro lado gente como vosotros mismos dedica parte de sus preciados minutos a leer todo esto. Gracias de verdad.

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