
Descanso merecido. Una parte inexplorable del Paraíso aguarda para esta noche. Ducha templada tirando más bien a caliente. Me encanta sentir el agua a temperatura ardiendo sobre mi cuerpo excepto en esas ocasiones en las que te levantas con mucha resaca o que apenas duermes porque vas a empalmar, ocasiones en las que el agua fría viene como anillo al dedo.
Nos engalanamos y adornamos lo mejor que podemos para estar a la altura. Decido como tenía ya planeado antes de subirme al avión que iría de oscuro esa noche. Me veo bien en el espejo. Mi madre hubiera dicho que era un presumido y que estaba muy guapo. "Has salido a mí", pude oír en la distancia y pese a la diferencia horaria. Axe Dark Temptation y CH 212 Sexy for Men combinados como en los últimos tiempos en las dosis habituales. La clave es contrarrestar no solo el eventual humo del tabaco que siempre es un engorro sino tratar de dejar una buena impresión a todo el mundo mediante un olor característico que te identifique, distinguiéndote del resto. Es muy agradable ver cómo al día siguiente tu ropa sigue oliendo al perfume.
Cenamos a la japonesa aunque en mi caso es un decir ya que aún no me atrevo a comer normal del todo. Mucho arroz tengo eso sí, lo cual ya me viene muy bien. Tampoco puedo beber alcohol en teoría así que no es problema si no como mucha cantidad. Es una regla de oro comer bien si la quieres tajar, así de claro y rotundo. Como algo del Yakitori con salsa agridulce, un poco; parece que está muy rico aunque mi estómago aún no da mucho más de sí. Termino de comer y voy rápido a la habitación para cepillarme los dientes, fundamental tratándose de una noche de fiesta.
La gente apura la llegada de los autocares para beber y ya tratar de ir algo puesto, contentillo que se diría. Nos subimos finalmente a uno y el ambiente ya desde el inicio parece gélido para lo que se presume sería la ocasión. Sabemos que hay un trecho hasta Cancún, que está relativamente en Mordor, pero intentamos alegrar la atmósfera con canciones y sobretodo cánticos. Algunos están sobando, literalmente. Lo que hay que ver... Nos distraen con música por las pantallas; las canciones se repiten un par de veces. Al fin llegamos a Cancún. Parece como Las Vegas en miniatura (aunque no he estado allí, lo comento por un estudio que hice de la ciudad y por referencias de amigos que han estado). Muchos hoteles, muchas luces llamativas, ambiente festivo y sensación de vicio y exceso por los cuatro costados. Un entorno irreal en el que todos los fantasmas se disfrazan en trajes de neón y mucha música. Coco Bongo nos recibe.
Tardamos bastante en entrar debido a la cola causada sobre todo por los controles de seguridad de la discoteca. La primera impresión es ambigua; me deja algo frío y contrariado. Es como si hubiera entrado en un circo más que en otro lado que hubiera imaginado como Coco Bongo. Bullicio, incapaces de apenas dar unos pasos por el ruedo, todo parece que va a ser como una estafa, sin exagerar mucho. Nos miramos extrañados y rajamos un poco de la organización. Pero rápidamente las primeras sensaciones se evaporan. Resulta Coco Bongo una combinación de espectáculo y música, un show completo e intenso que te conquista con facilidad desde la primera actuación a la última. Acabaría siendo una de las mejores noches de mi vida y de las que mejor recordaré para siempre, seguro.
El montaje precedido con la música de Gladiator definitivamente me pone a tono y me lleva a un noveno cielo, si a caso se puede subir tan alto. La Máscara, Piratas del Caribe... Recuerdo efusivamente el welcome to the jungle del imitador de Axel Rose, simplemente tremendo. Es indescriptible, por momentos, todo lo que llegué a sentir en esos instantes. Estaba encantado y embobado, sumido en un mundo ajeno a la realidad que se debería ir cociendo en la calle. El Michael Jackson, el Spiderman contra el Green Goblin... es que cada una de las actuaciones era icreíble. Luego la música era muy buena para mi gusto. Estallé ya de alegría con las tres canciones seguidas de Lady GaGa, que es una especie de fetiche en el mundo musical para mí por motivos que se desconocen y es algo que no se puede explicar de forma racional.
La música, los shows, creaban un ambiente apoteósico y único, pero la compañía aún era si cabe mejor que todo aquello y por eso la noche iba a ser fácil de retener en la memoria para la posteridad. Especialmente cuando sonó el New York, New York de Sinatra, el mundo de repente se paró bajo mis pies y simplemente volaba sobre una nube de sensaciones y sentimientos intangibles que solo se alcanzaban con el poder del corazón, con la felicidad máxima de esos instantes irrepetibles, quedados para siempre en el inconsciente para ser evocados y reflejados en momentos como éste. Fue solo un detalle de una noche genial que acabó mejor de lo que empezó. Fueron las vitaminas necesarias para recuperarme del todo e incluso como llegué a tener mucha sed decidí ir a beber un cacique cola (tenían ron).
Y terminó mejor de lo que esperaba porque la vuelta se hizo muy corta. Era como si al regresar el camino hubiera sido otro. Supongo que era de los pocos que volvía sin pegar ojo en el autocar. Observando a mi alrededor se intuían ronquidos y cansancio acumulado, síntomas de borrachera no exagerada en la mayoría de los casos y los efectos de una noche de feliz desgaste. Valía la pena acabar así tras una velada como aquella. Si hubiera pedido un deseo para terminar una de las noches en Riviera habría deseado algo parecido sino idéntico a la vuelta del Coco Bongo. Son de esos momentos que sabes que serán irrepetibles por sí mismos y que la magia precisamente de ser únicos les configura ese conjuro especial que rodea todo lo eterno que guardamos en nuestra memoria como buenos y bellos recuerdos. Podría decirlo todo y nada con palabras, tratar de explicar como me sentía, pero solo expresando que no hubiera cambiado todo aquello por nada del mundo creo que sería lo más justo, o lo menos injusto mejor dicho, para intentar mostrar con palabras cuán feliz me sentía al final de esa noche.
Quizás un 11 de abril como cualquier otro para mucha gente pero en mi caso ya decidí guardarlo en un rincón especial. Días, noches como ésta que todos hemos tenido y tendremos para conservar con cariño pase el tiempo que pase y suceda lo que suceda; puesto que esos momentos de felicidad que todos hemos podido disfrutar en un 11 de abril o cuando sea nadie nos los podrá ya robar ni quitar.
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