23.4.10

Diario de Riviera: 9 de abril (1/2)


Me levanto 'pronto'. Desayuno de buffet. Hay de todo y con muy buena pinta. La boca se hace agua por momentos. Croïssants, zumito de naranja. Algunas pastas con chocolate. Pasables, de esas que tienen mejor pinta que sabor. Ya suele ocurrir con muchos dulces. Me hago un sandwich de nutella. Qué buena está... aunque confieso que yo de pequeño siempre tomaba Nocilla. Al llegar a la uni y recordar cosas de pequeño me acusaron de infiel, es un decir, por no ser de Nutella. Hasta que un día varios de nosotros nos embarcamos en una aventura de crepes con nutella. ¡Qué escándalo! (de lo rico que estaba) También había crepes por cierto en el buffet. Tras el desayuno rico en bollería, a lo cual mis compañeros de habitación me miraban extrañado por desestimar manjares calientes tipo huevos o salsichas, cualquier cosa, nos fuimos a la charla de la agencia, de la cual no hace falta que haga publicidad, de momento.

Muy simpático y cachondo el animador, bastante abierto de mente, muy calenturiento. Habla abiertamente de algunos presuntos gays de la agencia, o llamados por él, "de culo alegre". Al final contratamos una nueva excursión, la de Isla Mujeres. Te lo pintan muy bien, como una isla virgen estilo Lost donde podrás disfrutar mucho además de gozar de una Boat Party (muy bien pronunciado este último vocablo anglosajón por los nativos, hace sonreír). De todas formas creo que los Jeeps es la excursión adicional estrella sin ninguna duda. Veremos si acertamos o no apostando por una y renunciando a la otra. La vida al fin y al cabo se basa en tomar decisiones y equivocarse es una posibilidad tan presente...

Vamos a la playa. Mucho sol. Pega que da gusto. Me he protegido la cara de buena mañana con superprotección, la cual me impedirá parecer moreno de cara. El cuerpo me lo protego menos en comparación. Pero todo tiene una explicación. Debido a los problemas de piel, desafortunadamente, pura genética, no puedo exponer la piel de la cara al libre albedrío al solano. Una lástima porque yo de pequeño era un poco gitanillo, y de siempre en verano a poco que me daba el gran astro ya me ponía hiper moreno. Cuestión de tener sangre materna andaluza en las venas. Mi madre también era muy morena de joven. Pero eso no significa que estemos sufriendo un proceso similar regresivo a lo Michael Jackson, que en paz descanse. Así que es normal si estoy siempre relativamente más moreno de cuerpo, brazos y piernas sobre todo, que en la cara.

Jugamos a voley. Primero con D y A, una chica desconocida y enigmática de la cual intuimos su nombre porque cuando nos lo dice realmente no lo entendemos. Luego el grupo se amplia y somos muchos. Al lado están N y su amplio grupo de amigos de los cuales solo conozco a O y P. No damos muchos toques seguidos y al sopapo en realidad nos aburrimos. Ha venido F con alguna amiga suya. Comentamos con X y J que es como si a F y sus amigas las viéramos a cada momento en cada rincón del complejo hotelero. Llega la hora de comer después de demostrar que había poca calidad jugando a voley, y no hablo por mí, que me defiendo bastante bien con cualquier deporte porque soy un emocionado de la vida y el deporte para mí es sinónimo de competición y de hambre por ganar. Como tallarines y lomo a la mostaza con patatas fritas. De postre una manzana. Me noto excesivamente lleno, digestión pesada.

Aprovecho un ratito para hablar con mis padres. Confundido, pienso que es jueves y les comento si estaban viendo Águila Roja. Quizás se piensan que ya iba ebrio. Me voy hacia la piscina y me encuentro a una de las dos mujeres de la agencia, la de las mechas, que me comenta los planes de la noche de ir al Blue Parrot en Playa del Carmen. Me propongo e intento movilizar al personal. Hablo con varios y voy de aquí para allá, picoteando cuán abeja en busca de néctar. Al final parece que da sus frutos y la gente está muy animada. Me baño; se está de lujo. Me pido un cóctel, sumado a alguno por la mañana que ya no me había gustado. Es como si no me entraran los cócteles. Echo demasiado de menos los cubatas. Los cacique cola. Tras el baño me voy a cambiar para jugar a fútbol un partido. Me empiezo a notar algo desorientado e ido. Como mareado y con náuseas. Aún así voy a jugar. Solo aguanto media hora, sin que se note que parecía un poco raro. Juego bien, me siento cómodo jugando y sorprendo positivamente a G. G y yo lo hemos petado el rato que hemos estado jugando juntos. Entonces decido volver para la habitación porque ya sí que no me encuentro nada bien. Me siento raro y apenas puedo mirar fijamente a nada sin sentirme mareado. Me encuentro con M, que me nota extraño. Nuestros camino se separan al llegar a mi zona, ella sigue rumbo hacia su habitación. Por cierto, había muchos mosquitos en el campo pero ya no me preocupaba demasiado dado mi estado.

Llego a la habitación; estaban J y X, que me miran y algo no les parece del todo correcto. Ven algo en mí que les asusta. No parezco yo... Me ducho para ver si se me pasa. Solo era el principio. La sensación de mareo y náuseas rápidamente se traduce en múltiples vómitos y deposiciones que me dejan en el dique seco, sí, totalmente deshidratado. Llega el momento que hasta el agua lo vomito acto seguido de beberla. No puedo recordar como me sentía porque soy incapaz. Es como si en aquellos momentos el tiempo se hubiera parado y no podía sentir dolor. No me dolía el estómago, solo las extremidades inferiores y me notaba muy cansado. Estaba más allí que aquí. Moribundo, se trataba de un blancazo en toda regla. H, J y X me cuidan de lujo desde el principio. Cuando van a cenar, G e I vienen porque se habían enterado que algo me pasaba y dado que G me había visto cómo me iba raro tras jugar a fútbol con él. G se porta muy bien conmigo pese a conocernos de apenas unos meses. Es una gran persona y agradezco todo lo que hizo por mí esa noche. Luego H y X vuelven con J, que al final se va para que no hubiera tanta gente en la habitación y poder estar yo más tranquilo. Así que H y X están conmigo todo el tiempo; se une un momento K, que la pobre va muy borracha y aunque lo hace con muy buena intención, me perjudica más que ayudar, pese a que agradezco sus ánimos y energías, que no su olor a alcohol que realmente me mareaba más aún.

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