Nos levantamos muy tarde, ya a la hora de comer. Apenas tengo apetito. Bajamos para comer algo rápidamente antes del clásico entre los clásicos. El teatro del Colonial ya está listo para el evento multitudinario con las sillas dispuestas y las dos pantallas gigantes. Al llegar al teatro me encuentro con N y hablamos agradablemente. Le cuento qué me había sucedido la noche anterior y ella me dice qué por qué no le había avisado ni nada. Que me hubiera cuidado y acompañado de mucho gusto al hospital. Alego que no quería que se preocupara ni impedir que se lo pasara bien una noche en Riviera solo por estar cuidándome mientras yo andaba medio moribundo. Tampoco me hubiera gustado que ella me viese así en el fondo...
También comentamos la llamada de X a su habitación mientras yo empezaba a encontrarme realmente mal y sufrir los efectos del virus. Nos reímos mucho y le digo que seguro que le encantó. Además, cuando su amiga L se puso al teléfono y X le dijo que no le podía decir quién era, L no puso objeción alguna, como si allí fueran habituales este tipo de misterios. Realmente una de las pequeñas anécdotas graciosas de aquél día. Recuerdo ahora mejor esos momentos y cómo ya encontrándome mal sonreía y flipaba un poco con el descaro de X, en el buen sentido. N se indignaba por la falta de privacidad en lo que a número de habitación se refiere, y es que desde recepción hacían una buena labor para facilitarlos amablemente y sin coste alguno.
Voy a comer algo; pido que me hagan un arroz blanco. Tardan unos 20 minutos. Sé que me perderé algo de partido al inicio. Como muy poco arroz porque no tengo hambre; bebo algo de agua y me llevo dos manzanas para cuando rugiera el estómago, si es que eso iba a suceder. D me ha traído un sobre de suero oral, la principal causa de que me tuvieran que ingresar. Y es que si hubiera habido suero oral en el hotel o me lo hubiera prestado el médico no tendría que haber pasado por el hospital. El suero oral es la clave para continuar con la hidratación. La gente me dice que me ve la cara más huesuda y que parezco más delgado. ¡No me extraña!
Así que con dos manzanas voy a mi localidad en el teatro, ya con el partido comenzado. Como tengo a D al lado, compartimos e intercambiamos impresiones mientras avanza el partido. Comentamos la jugada que se diría coloquialmente. El partido en la primera parte se muestra evidentemente táctico y un juego mental en el que el respeto y el miedo a perder forman una unión indivisible. Hasta que el Barça impone algo más de ritmo y estilo e inclina el campo. Así tras un pase magistral de Xavi, Messi define con clase tras superar a Albiol en el 1x1 y por raso a Casillas. Descanso. Aprovecho para hablar más con N. Me dice que estaba matando moscas. Yo le contesto que son indicaciones de por dónde tenía que ir la jugada, el balón y movimientos tácticos. Pienso entonces que debo matar muchas moscas mientras entreno y dirijo a los pequeños en el Bosco. Envidio sanamente a N por estar bebiendo cerveza como la mayoría allí presente. Si hubiera estado bien de salud era de esos días que seguro que yo la liaba parda. Me encanta charlar con N y también su sonrisa. Se queja también, como muchas chicas, de la humedad allí y cómo afecta al cabello: efecto Mufasa. El descanso pasa más rápido que de costumbre y volvemos a la faena. Casualmente, resulta que tenía un amigo merengue de N detrás, C. El típico merengue fanfarrón de toda la vida, pero que parece majo, como realmente acaba siendo. Todos tenemos defectos, claro...
La segunda parte es un reflejo de superioridad del Barça en casi todos los niveles. Cierto es que Valdés para algunas ocasiones de mérito pero el Madrid se muestra inferior, incapaz de superar al Barça empezando por el plano psicológico, y ya no digamos tácticamente. Guardiola pasa por encima de Pellegrini en planteamiento con la variante de Alves y Maxwell como interiores en cada una de las partes, Keita por banda izquierda y dejando a Messi como referencia arriba, con mucha libertad. Así llegaría el segundo gol, obra de Don Pedro, que siempre aparece cuando se le ne necesita y que tiene el don, valga la redundancia, del gol. Siempre está en el lugar y en el momento adecuado. Termina el partido 0 a 2. Supongo que habré matado menos moscas que en la primera parte. El ambiente en el teatro es tremendo con el 95% azulgranas. C, el merengue, dice que la liga aún será blanca, que era para darle más emoción la derrota de hoy. Típico comentario de gente que lee el As o el Marca o de tertulias de Punto Pelota. Ojalá no se salgan con la suya. De momento, +4. Aunque todos tememos la visita a Cornellá porque los pericos son la filial del Madrid por antonomasia...
Me despido de N y el resto, estando ya todo el mundo en un estado febril y enloquecido, con los ojos ya de tajilla por las cervezas, daikiris y cualquier cosa medianamente bebible. Cualquier cosa hubiera servido para celebrar una victoria en Madrid del Barça. Y más estando tan lejos, en Riviera Maya. Me voy a descansar a la habitación aunque antes tengo que ver al doctor para los medicamentos. En total tres medicamentos a tomar en los próximos 3-5 días. Seguro que me pondré bien aunque no me tome esos antibióticos. El día para mí, desgraciadamente, no da mucho más de sí. Estoy muy contento por la victoria, porque ya no vomito, porque he podido ver y hablar con N y porque todo el mundo, incluso gente que no trato tanto con ellos, me ha preguntado qué tal estaba y cómo me encontraba. Que se habían enterado que algo me había pasado y mostraban su interés y preocupación.
Justo cuando pensaba en esto último, al llegar a la habitación, me emocionaba y me alentaba a recuperarme lo antes posible. Era bonito ver cómo la gente te preguntaba y te animaba para estar a tope pronto. Con esas buenas sensaciones y con la mente puesta en ir a Cobá el domingo así como a CocoBongo Cancún por la noche, me fui a dormir. Necesitaba dormir y descansar para que milagrosamente recuperara todo lo que había perdido las últimas horas. Invoqué al Espíritu Santo, es un decir, para ponerme bien. Mañana sería un nuevo día.
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