
Los primeros 20 minutos contra el Arsenal fueron sublimes. La primera parte, pura poesía. El Barça de esos momentos es un ejemplo magnífico de belleza artística, de expresar y crear emociones de alta alcurnia a través del balón (y sin él, ejecutando de forma maestra la presión sobre el rival). Algo tan de masas como el fútbol sugiere en ocasiones así las más bonitas reacciones y los más preciosos sentimientos por parte del espectador, neutral o no.
El Arsenal salió vivo pero mañana tendrá que mejorar si quiere derrotar al actual campeón. Tengo sólamente dudas por parte del Barça por la ausencia de los dos teóricos centrales titulares . Nunca existen dos partidos iguales y como reconoció el propio Guardiola, mantener la intensidad de esos 45-60 minutos contra el Arsenal no es posible a lo largo de la temporada. La clave es por tanto llegar a alcanzar esas cotas elevadas de efectividad y preciosismo en los días decisivos.
Días como el de mañana en que presumimos una noche de gala, de Champions, cuando esperamos ver de nuevo al Barça de las grandes ocasiones. Ese Barça que nos ha hecho soñar despiertos todos estos últimos meses de nuestras vidas.
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