Era un poco antes de las 8 de la mañana cuando me pasaron a buscar. Salir a la calle era como entrar en un congelador. Ninguna escena asociada a un domingo idílico. La plantilla estaba convocada a las ocho y cuarto en el campo contrario. En el Clot de la Mel. Intuía que iba a costar. No sería como los últimos partidos. Ya contaba con una baja por decisión técnica pero no esperaba no poder contar con una de las piezas fundamentales, de esas que no nos gusta tocar a los entrenadores. Niños que pese a lo que son, jóvenes criaturas, te dan una gran confianza. No solo a mí sino a sus compañeros, lo más importante. Así que solo tendría un cambio. Las dudas y los temores se acrecentaban por momentos.
Saltamos al césped para el calentamiento previo al partido. Estaba literalmente helado. Si alguno a esa hora tenía ganas de juerga bien podría haber iniciado una guerra de hielitos. No exagero. Antes de empezar, un padre trajo churros -porras en realidad- a todos los miembros del equipo, incluido un servidor. Estábamos a mitad de la preparación y la imagen era poco más que surrealista. Giré 180º la cabeza para comprobar como aficionados del equipo contrario parecían mirar con estupor, entre contrariados y atónitos. No creo que esperaran un líder comiendo churros antes de un partido así. Al fin y al cabo ellos eran los terceros y contaban con credenciales muy notables como locales. Entonces, un fotógrafo que desafiaba la meteorología en esas circunstancias nos retrató momentos antes del comienzo. La foto colgada, sí. De hecho, fijándose uno bien puede contrastar que algún que otro niño no se había zampado aún el desayuno que nos había ofrecido amablemente el padre.
Comienza el partido. En el primer minuto erramos una ocasión propicia para ponernos por delante y dar un golpe sobre la mesa. Parecía un nuevo presagio sobre lo que se avecinaba. Logramos adelantarnos pero a la jugada siguiente nos empatan de córner tras un rebote en el palo, algo confuso todo ello. Empujaban de lo lindo, producto de su palpable superioridad física y la costumbre de jugar a las 9 de la mañana en esas condiciones. Nosotros estábamos con las sábanas pegadas. Quizás era un reflejo de quien escribe: apenas me salía un hilo roto de voz. Una afonía tremenda. No podía sino dejarme la poca voz que me quedaba animando a los jugadores.
Al final del primer cuarto llegamos con empate a un gol. Y al descanso. Tras la reanudación volvemos a adelantarnos pero inmediatamente ellos nos empatan tras un nuevo barullo en el área a raíz de un saque de esquina. Final del tercer cuarto. Piensas que puedes perder, que quizás era el día señalado para truncar la racha. Hasta un jugador me había comentado que íbamos a perder dado lo que estaba aconteciendo: no dominábamos como otros días, no tocábamos más de tres pases seguidos y la madera había escupido un par o tres veces la pelota. No teníamos nuestro día, desde luego. Yo le dije que sacaríamos esto adelante. Les dije que jugáramos tranquilos y confiáramos en hacer nuestro juego. Intentar hacer las cosas bien y que ya llegaría. Bueno, algo se me escucharía, creo. Estaba más tocado yo que el propio equipo, por mi estado.
Quedaban quince minutos más. Para seguir sumando de cuatro en cuatro o para ver las orejas al lobo. Casi no recordaba la sensación de llegar al final de un encuentro con las cosas ajustadas, con esa mezcla de tensión, tragedia y emoción que solo desprende el fútbol. Porque tratándose de críos, las sensaciones parece que resuenan el doble. Que se llegan a vivir con mucha más intensidad. Por eso en partidos así, uno acaba valorando más la victoria. Lo que se consigue. Dos goles nuestros pusieron el broche final a un partido duro en el que la actitud fue intachable en los minutos decisivos. Lucharon y demostraron un espíritu competitivo muy digno, a la altura de unos pequeños insaciables jugadores que estaban sufriendo más de lo que estaban acostumbrados en lo que llevábamos de temporada. Entonces pensaba en esa persona tan especial que siempre me preguntaba aquello que suena a ¿'de cuántos habéis ganado'? Me sentía orgulloso en parte de poder decir que había sido complicado. Muy igualado. Que como yo siempre le destacaba, aunque se ganara por mucha diferencia, no había sido fácil. Nunca me cree en eso. Que siempre digo lo mismo.
Pero es cierto. Todo en la vida cuesta. Aún cuando todo parece de cara, si no seguimos trabajando y esforzándonos duramente para ir mejorando semana tras semana, entreno tras entreno, lo jugado y lo vivido es puro recuerdo. El partido más importante es el inmediato. Nos queda completar este sábado la primera vuelta. Si creemos que está todo hecho con tanto que aún resta iríamos muy mal encaminados. Mi labor es tratar de mantener una dinámica competitiva pase lo que pase, combinando el aprendizaje con los buenos resultados. Pero ellos ya saben, porque es algo que les repito antes de cada partido, que 'ganar no me vale si no es con nuestro estilo'. Que 'este año lo más importante es crear una marca, un estilo propio para los años venideros'. Y que en este caso para nada 'el fin justifica los medios'.
La sensación de ganar es única. Todo el mundo lo desea. Y consciente soy de mi fortuna. Pero quedan muchos deberes por hacer y muchos exámenes en el horizonte. Si uno no estudia y se conforma, al final no sirve de nada. Lo ideal es ir a más a medida que pasan los días. Las jornadas. La perfección no existe y no debe ser la cima nunca. El objetivo es superarse. A sí mismo y como colectivo. Y si se puede ganar hay que aprovechar la ocasión. No se puede renunciar a saborear el dulce de la gloria. Ojalá sigamos así por mucho tiempo. Pero no será fácil. No importa que llevemos una diferencia de 8 puntos al segundo o que acumulemos 135 goles a favor y 12 en contra en 14 jornadas (una de las cuales descansamos). Estamos a mitad de camino y la cumbre puede que se divise más cerca que en octubre pero ya se sabe lo que dicen. Lo difícil no es llegar arriba sino mantenerse allí. En lo alto. Ojalá en mayo pueda decir que estoy satisfecho con los jugadores y el trabajo realizado. Pase lo que pase, esa sensación será el mayor premio y reconocimiento que uno pueda llegar a sentir. La satisfacción.
¿Qué vamos a hacer? -Luchar. ¿Qué vamos a hacer? - Ganar. ¿Quién somos? - El Bosco.

No hay comentarios:
Publicar un comentario